A lo largo de estos 25 años, que es lo que lleva Coivihs trabajando, ¿qué tanto ha cambiado el panorama de los derechos en el estado?
En materia de derechos humanos para las personas que vivimos con VIH sí ha habido avances, pero debo decir que no han sido impulsados por las autoridades, sino por la incidencia política que realizamos los activistas en cada estado.
Por ejemplo, en Querétaro logramos recientemente —aún no lo publicamos en redes sociales— que el municipio dejara de solicitar requisitos especiales para casarse. El Código Civil establece los requisitos para contraer matrimonio y, entre ellos, se exigía un resultado negativo en VIH y sífilis. Si la persona no cumplía con este requisito, se le negaba el derecho a casarse.
En los últimos años hemos acompañado a personas a quienes se les negó el matrimonio por vivir con VIH, o a quienes les hicieron firmar documentos para “aceptar” que la pareja tenía VIH, algo totalmente ilegal y violatorio de derechos humanos.
Presentamos documentos al municipio y nos respondieron que ya no se pedirían requisitos extraordinarios, por lo que cualquier persona puede casarse cumpliendo los mismos requisitos que el resto de los ciudadanos. Esto es un avance local importante, pero aún así, nos falta mucho.
¿Qué más falta por hacer?
En nuestra agenda está hacer incidencia política para reformar el Código Penal. Resulta que, bajo la legislación actual, si una persona afirma que tuvo relaciones sexuales con alguien que vive con VIH y acude a la fiscalía a presentar una denuncia —especialmente si se enteró del diagnóstico por terceros y no por la propia persona involucrada—, existe un artículo que habla sobre el “peligro de contagio”. Esto permite que se abra un proceso penal en contra de quien vive con VIH.
Esta es una situación que debe estudiarse más a fondo, porque en realidad constituye una violación a los derechos humanos. Solo en casos en los que exista violencia sexual, violación o cuando se involucre a menores de edad, puede hablarse legalmente de un delito, y en esos escenarios existe dolo. Pero cuando no hay dolo y no hay menores de edad involucrados, la responsabilidad es compartida entre las personas adultas que deciden relacionarse sexualmente.
Además, es un derecho de quien vive con VIH compartir o no su estado de salud, del mismo modo que tienen derecho a recibir atención transitar en las instituciones y acceder al medicamento que suprime la posibilidad de transmitir el virus del VIH, lo que se denomina como indetectable igual a intransmisible. Es decir, que no se transmite el VIH aún si tuviéramos relaciones sexuales con una persona sin condón.
Entonces vemos que existen avances científicos que ahora han rebasado estas leyes, y es justo ahí donde lo científico se contrapuntea con lo jurídico o lo penal.
También logramos, mediante amparos y trabajo conjunto con otros activistas, que se reformara la Ley General de Salud para integrar a las personas con VIH al esquema nacional de vacunación contra el VPH.
En cuestión social, ¿qué avance has observado?
Sí ha habido un avance en aceptación social hacia quienes viven con VIH. Cada vez es más común que las personas recién diagnosticadas se acerquen para recibir apoyo y acompañamiento, y que puedan compartir su diagnóstico con sus parejas con menos temor.
Atendemos mayoritariamente a hombres que tienen sexo con hombres, pero también acompañamos a mujeres y hombres heterosexuales, y también a quienes desean procrear una familia. Les orientamos en el proceso administrativo de todo lo que representa quizás tener un bebé para que no haya alguna traba de discriminación o estigma por vivir con VIH.
¿Este incremento en la aceptación social se refleja en menos estigmas y discriminación?
Desde la reforma constitucional de 2011 al artículo 1º —que establece la prohibición de la discriminación y reconoce todos los tratados internacionales en derechos humanos— ha habido un cambio paulatino. No se trata de “moda”, sino del resultado del trabajo constante de activistas de muchos temas, incluido el VIH.
En Querétaro, además de ustedes, ¿qué otras organizaciones trabajan este tema?
Conocemos a activistas que comparten información general o dan entrevistas sobre datos epidemiológicos, pero no existe otra organización civil en Querétaro que trabaje la reeducación, acompañamiento integral y reinserción social de personas con VIH para que puedan vivir sin estigma ni discriminación.
Las autoridades dicen que el repunte nacional del VIH no ocurre en Querétaro. ¿Qué han observado ustedes?
Lo que vemos ahora es consecuencia directa de que se retiraron los apoyos a las organizaciones civiles que trabajábamos la prevención del VIH. Estas apoyos provenían del Censida (Centro Nacional para la Parevención y el Control del VIH/Sida) y se utilizaban para trabajar con poblaciones clave.
Cuando el gobierno federal eliminó estos fondos, a partir del período del presidente López Obrador, muchas organizaciones desaparecieron y lo advertimos: habría un repunte. Hoy es una realidad.
Fue muy fuerte que retiraran esos recursos, porque las organizaciones civiles éramos quienes nos metíamos a los picaderos —por ejemplo, con usuarios de drogas inyectables—, a los lugares de encuentro sexual, a las zonas donde trabajan personas trans, para ayudarles en este y en otros temas.
Si no lo hacemos nosotras, no lo hace nadie; por supuesto, la autoridad no lo hace.
En ese sentido, el CAPASITS —que depende de la Secretaría de Salud aquí en Querétaro— solo tiene la puerta abierta en ciertos horarios, y si llega alguien, qué bueno, y si no, pues qué pena. Y el único trabajo que hacen en todo el año son dos o tres días en la Alameda, en el centro, aplicando pruebas… y eso es todo. Entonces, si no se hace nada preventivo, lógicamente va a haber un repunte.
Es mentira cuando dicen que no lo hay. Yo estoy viendo las estadísticas y Querétaro aparece entre esas ocho o diez ciudades que están en repunte, aunque sea una cifra aparentemente baja. Pero para un estado con casi dos millones de habitantes, hablar de más de cinco mil personas que viven con VIH es una cantidad considerable como para que sí existiera trabajo preventivo —tanto previo al VIH como posterior al diagnóstico—.
Sobre todo ahora que se ha perdido mucho el uso del condón. Si de por sí ya era difícil, ahora es casi imposible: casi nadie lo usa.
¿Por qué ha ocurrido esto?
Porque llegó el medicamento para prevenir el VIH, y muchas personas lo están tomando como si fuera una “píldora del día siguiente”.
Y sí, científicamente está comprobado, a nivel internacional, y ya es de uso nacional en el IMSS, en el ISSSTE y en la Secretaría de Salud, incluyendo Querétaro y el resto de los estados. Me refiero al PrEP —Profilaxis Pre Exposición, prevención antes de exponerse al VIH— y al PEP —Profilaxis Post Exposición, prevención después de exponerse—, a los que todas las personas tienen derecho.
Pero esto también fue algo que organizaciones civiles y activistas analizamos hace varios años, antes de la llegada del medicamento: sabíamos que podía pasar esto, porque vivimos en una cultura nacional donde no hay prevención de nada. Antes, la gente le tenía miedo al VIH y, por lo menos, la mayoría usaba condón. Ahora, con este medicamento, se hizo un mal uso, sin conciencia, sin limitarlo a verdaderas exposiciones o urgencias, y no como una decisión tomada con responsabilidad.
Aun así, claro, es una decisión personal de cada quien usar o no estos medicamentos. Si se usan bien o mal, es responsabilidad de la ciudadanía; no debe ser una decisión de las autoridades.
Las autoridades deben cumplir con lo que les corresponde: dotar de medicamentos antirretrovirales para prevenir el VIH —antes o después de la exposición— y garantizar que las personas que ya viven con VIH tengan su tratamiento de manera regular, sin desabasto.
¿Existe riesgo de desabasto, tanto en prevención como en tratamiento?
Desde Querétaro se promovió un amparo a nivel nacional debido al desabasto tan frecuente en el IMSS. Ese amparo llegó hasta la Suprema Corte y ahora es jurisprudencia. Ese es el instrumento que hoy podemos usar cuando hay casos extemporáneos de desabasto, que siguen ocurriendo.
¿A qué me refiero con desabasto “no prolongado”? A que si yo voy a farmacia y no me dan el medicamento, pueden tardar de uno a ocho días en entregármelo. Pero si pasa de eso, yo tengo el derecho de usar ese amparo: puedo acudir a la autoridad federal judicial, presentar la demanda, y obligan a la institución correspondiente a que compre y me entregue el medicamento en menos de 24 horas.
Esto se reconoce así porque hablamos del derecho a la salud integral. La Suprema Corte determinó que el desabasto de medicamentos antirretrovirales es una violación a los derechos humanos, tanto para quienes viven con VIH como para quienes desean ejercer su derecho a la prevención del VIH.
En Querétaro, también presentamos una queja ante la Secretaría de Salud e hicimos incidencia política porque había desabasto del medicamento para prevenir el VIH. Es un medicamento costoso: más de 2 mil pesos un frasco para prevención. Y en el caso de quienes viven con VIH, cuando hay desabasto, comprar el medicamento por su cuenta puede costar alrededor de 15 mil pesos por un mes de tratamiento.
Sin embargo, gracias al trabajo de las organizaciones civiles y a la confianza de la población que vive con VIH, hemos podido realizar estas acciones de incidencia política que hoy tienen repercusiones nacionales.
¿Existe riesgo de que se acentue la pandemia de VIH?
Seguirá habiendo repuntes y nuevos casos de VIH, pero ahora también estamos viendo un aumento en otras infecciones de transmisión sexual como la gonorrea, sífilis, chancro, clamidia, etcétera, y aun así nos arriesgamos a tener sexo sin condón.
Claro, es una cuestión de decisiones personales–usar o no condón–. Sin embargo, si no le damos a la población información preventiva, la gente toma decisiones sin tener conocimientos. No hay iniciativa, pero tampoco la hay por parte del gobierno.
Así se genera la mezcla perfecta para que los casos aumenten. Estaba leyendo —con datos del Censida— que para septiembre de 2025 ya se había alcanzado una cifra mayor a la del mismo mes del año pasado. El repunte está siendo alto a nivel nacional.
Hay estados de la República que históricamente se mantienen a la alza. He visto algunos movimientos en estos años, y justo ahora el Estado de México aparece en primer lugar, después la Ciudad de México, luego las costas del sur, después el centro del país, y finalmente los estados del norte con menos casos. Así está hoy la epidemiología en México.
Estamos en riesgo de estar frente a una nueva pandemia, no solo del VIH, sino también de otros virus. La realidad es que entre más sexo sin condón haya, más infecciones va a haber, y además ya mutadas.
Los medicamentos que hoy sirven para tratar estas infecciones de transmisión sexual pueden dejar de funcionar, porque las bacterias, virus o parásitos se van volviendo más resistentes. Así está la situación, y por eso invitaría a la ciudadanía a reflexionar sobre los placeres del sexo —que nadie dice que haya que quitar—, pero también sobre las responsabilidades que esos mismos placeres traen implícitas.
Necesitamos tener la iniciativa de buscar lugares, personas, terapeutas u organizaciones civiles para tener un panorama más claro. Si el Estado no da la información y ya soy adulto, sé que puedo buscar… y voy a encontrar.
¿Qué servicios ofrece Coivihs?
La organización civil que yo lidero tiene ya 25 años trabajando en el estado. También ha pasado por una evolución marcada por la pérdida de apoyos económicos. Sin embargo, seguimos de pie, sin retribución económica, gracias a las personas que viven con VIH y que continúan buscando espacios donde sentirse cómodas, donde aprender, socializar y reinsertarse a la vida cotidiana. Buscan lugares donde saber cómo enfrentar casos de discriminación, estigma o criminalización por su condición de salud. Y siempre nos encuentran. Incluso las mismas autoridades, como saben que no hay más opciones, les dicen: “ve con Zamudio” o “ve con Coivihs”, ¿no?
Y ahí es donde les ayudamos. Efectivamente, durante muchos años hemos recibido a muchísimas personas de estas tres instituciones: IMSS, ISSSTE y la Secretaría de Salud del Estado. Nosotros, fíjate, no tenemos un lugar fijo; no hay un local que yo te pueda decir “aquí es”. Pero donde yo estoy, donde yo me mudo, ahí va a haber espacio para las personas. Por eso este lugar en el que estamos ahora es adaptable.
Aquí hacemos nuestros talleres, grupos de autoapoyo, clases, convivencias… hacemos de todo.
Hemos sabido movernos aun con la falta de recursos económicos, solo con la cooperación de todas las personas para que todo fluya. Y hasta ahora todo ha salido bien, aunque no debería ser así, porque sí existen presupuestos para el trabajo que nosotros estamos haciendo.
¿A cuántas personas han atendido este año?
Solo en este año hemos atendido personas del IMSS, ISSSTE, de la Secretaría de Salud y también mucha gente foránea que viene a vivir al estado, personas de otras ciudades de la República —sobre todo del sur y de las costas—. En total, cerca de 450 personas. No, no es tantísimo, pero para las carencias con las que siempre hemos trabajado, llegar a 450 personas es mucho mejor que no llegar a nadie.
Entonces, son estas personas las que nos mueven, son nuestros motores de trabajo. Y no trabajo yo solo; obviamente tengo un pequeño equipo con el que hemos hecho muy buen equipo y amistad durante todos estos años. Sobre todo salimos en diciembre, cuando hay que mover todo el tema del VIH.
Aquí tenemos el grupo de autoayuda. Aquí te damos orientación cuando tienes un diagnóstico reciente; si te falta medicamento por desabasto, te ayudamos. Si no vives con VIH pero estás en PrEP o en PEP y en el IMSS o en la Secretaría de Salud hay desabasto, también te podemos ayudar. Tenemos incluso préstamo de medicamentos, tanto para prevenir el VIH como para las personas que ya viven con VIH.
También ofrecemos los campamentos, que ya son una cuestión de salud social, para que empiecen a desarrollar nuevamente formas más positivas y sanas de relacionarse, desde la libertad y sin discriminación ni autodiscriminación.
Además, nos hemos especializado mucho más en la parte de incidencia política a nivel individual.
¿Coivihs es la organización que tú necesitabas cuando recibiste tu diagnóstico?
Fíjate que, en el mismo tiempo en que apareció esta organización —bueno, las actividades de la organización civil, porque fue hasta 2009 cuando se constituyó legalmente—, es el mismo tiempo que tengo yo de diagnóstico.
Efectivamente, vivo con VIH desde hace 25 años, y hace 25 años el panorama todavía era… no puedo decir desolador, pero sí me tocó estar justo en medio de la historia del VIH. Primero fueron las muertes, el estigma y la discriminación hacia los homosexuales.
En la etapa intermedia —que es cuando yo me diagnosticaron— estaban los ojos cerrados de las autoridades hacia quienes viven con VIH, y todo el tema del VIH seguía ligado a la orientación sexual. Aunque ya había un poquito más de respeto a los derechos humanos, todavía no eran obligatorios. Así que teníamos que rogar, migajear por meses para recibir nuestro medicamento antirretroviral.
Además, había malos tratos de servidores públicos de todas las instituciones. También nos tocaron muertes. No puedo decirte que no: muchos que no creyeron en el VIH, influenciados por estos negacionistas que se pusieron de moda, terminaron creyendo que “no existe, es algo mental”… y hoy esas personas ya no están aquí.
En esta tercera etapa de la evolución de la historia del VIH —hablando por lo menos en lo local y en el país— ahora estamos frente al empoderamiento de las personas que viven con VIH. Son personas que ya tienen iniciativa porque están cansadas de no saber muchas cosas. A pesar de que son adultos y ya tienen facilidad de meterse a internet, nos buscan y nos encuentran.
A mí me encantaría que hubiera más organizaciones civiles verdaderamente comprometidas, lejos de querer un puesto político. Porque ve la cantidad de personas diagnosticadas que hay en el estado: más de 5 mil personas. No nos damos abasto, pero lo hacemos de una forma bonita, tranquila, con mucho cariño.
Y yo, que vivo con VIH, nunca olvidé lo que me hicieron en las instituciones: la discriminación, el desabasto, las burlas y todo lo demás. Y me prometí a mí mismo —como un tema muy personal y muy trabajado— que me iba a encargar de difundir el empoderamiento a quienes viven con VIH. Eso es lo que he compartido durante todos estos años.
Me ha funcionado bien. Ha habido piedras en el camino, claro, pero aquí hablamos de fortaleza, perseverancia, disciplina y empatía. Humanismo totalmente. Tenía que ser trabajador social, y por eso sigo aquí.