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En las cruderías del Mercado Escobedo hubo poca afluencia de gente, sin embargo, los que acudieron le entraron con ganas a los caldos de camarón y a la cerveza / Foto: Miguel Cruz / Diario de Querétaro
“¡Pásele, pásele!, aquí tenemos el mejor caldo para curar la cruda, ¡pásele, pásele!”, “tenemos arrachera, tortas, tacos, mariscos, ¡pásele!, ¡pásele!” son algunas de las consignas que gritan los encargados de las diferentes fondas que existen en el Mercado Escobedo, lugar al que los capitalinos acudieron para recuperarse de la desvelada y algo más de la Nochebuena.
No es un día común en el que desde temprano hay gente paseando entre los pasillos buscando su mandado, viendo la gran cantidad de ropa y, sobre todo, acudiendo a las fondas para calmar el apetito, es un día donde hay muy poca gente, muchos locales se encuentran cerrados y no están abiertas todas las cruderías o lugares de comida.
Sin embargo, los pocos sitios que abrieron desde temprano, vieron recompensado su esfuerzo, ya que varios clientes se acercaron a degustar los platos de mariscos, los cocteles de callo de hacha, de camarón, de pescado, así como las tortas y tacos de carnitas, lo mismo con los de barbacoa, pero, en definitiva, los campeones de los pedidos fueron los caldos de camarón.
Gente de todas las edades sentados al frente de los lugares de preparación degustaron los alimentos con ansiedad, muchos de ellos acompañados de su respectiva cerveza, porque hay que curar la cruda con más alcohol, pero de menor graduación, algunos otros con refrescos y unos pocos más con aguas de sabor, licuados de sabores diferentes o jugos de frutas.
“Papá, ¿puedo pedir un jugo de naranja y una torta de carnitas?, es que no quiero pescado, no me gusta papá”, dice un pequeño de alrededor de los siete años de edad mientras su papá se detiene para ver el menú de uno de los puestos más grandes de cocteles de pescado y caldos de camaron.
Pasan de las 11:30 horas y apenas empieza a llegar más gente para darle la vida cotidiana al célebre mercado. Pasa del mediodía y los locales empiezan a abrir para tener la oportunidad de llevar algo de dinero a casa, mientras los puestos de alimentos reciben aún a los que acaban de llegar al mercado dispuestos a alimentarse, aunque todavía traigan los ojos rojos de la desvelada o de tomar de esa “agüita que ataranta”, como dicen en algunos barrios citadinos.
Papas con sus hijos vestidos con pants, algunos otros con chamarras dado el frío que se siente en el lugar cercano a los mariscos y a las carnicerías, algunos otros que prefieren ir a las fondas para comer un buen trozo de arrachera acompañada de ensalada siguen desfilando por los pasillos del mercado.
No es día común, la noche anterior estuvo llena de fiesta, mucha fiesta y probablemente de bebidas etílicas que pudieron hacer que más de uno perdiera el conocimiento, por lo que el Mercado Escobedo es un buen refugio para curarse la desvelada. En fin, no es un día común y así se vive.