¿El fin de un mito o falta de memoria? por qué la Generación Z ya no sabe qué es la canícula
Entre el aire acondicionado y el bombardeo digital, el fenómeno climático más intenso del año parece haber quedado en el olvido de los más jóvenes y poco se acuerdan de lo que decían los abuelos
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Para las nuevas generaciones la palabra canícula a dejado de tener relevancia, pero las historias de los abuelos continúan presentes en temas de prevención ante la oleada de calor más fuerte del año / Foto: Iraís Sánchez / Diario de Querétaro
Para las generaciones que crecieron bajo el cobijo de los remedios caseros y el reporte del clima en la radio, la palabra “canícula” activaba una alerta inmediata.
Era el tiempo de no exponerse al sol, de cuidar el agua y de seguir los consejos de las abuelas, quienes con una precisión casi mística vaticinaban los días más calurosos del año. Sin embargo, en 2026, parece haber una brecha generacional térmica: mientras los baby boomers y la generación X preparan sus hogares para el sofoco, los más jóvenes transitan el verano ignorando que estamos ante los 40 días más críticos de la estación.
Pero, ¿qué es exactamente este fenómeno que parece haberse diluido en el léxico moderno? La canícula no es otra cosa que un evento climático caracterizado por unadisminución de las lluvias y un aumento excesivo de las temperaturas. De acuerdo con el Instituto Mexicano de Tecnología del Agua (IMTA), este fenómeno se produce por la presencia de un sistema de alta presión en el Océano Atlántico que, tras llegar al Golfo de México, funciona como un “muro” que impide la formación de nubes, dejando paso libre a una radiación solar sin filtros.
El nombre tiene un origen tan fascinante como estético. Proviene de canis (perro), en referencia a la constelación de Canis Maior y su estrella Sirio, “La Abrasadora”. Los antiguos observadores notaron que la aparición de esta estrella en el horizonte coincidía con los días de calor más extremos. Según datos históricos de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), civilizaciones antiguas creían que el brillo de Sirio se sumaba al del Sol, provocando este horno natural que hoy, entre edificios y asfalto, se siente más intenso que nunca debido al efecto de isla de calor urbana.
Las abuelas, guardianas del sentido común, tenían reglas de oro para estos días que hoy la ciencia respalda. “No te bañes si vienes acalorado” o “Cuidado con lo que comes en la calle”, decían con ese dedo inquisidor que hacía esa “boca de profeta”. No era superstición: durante la canícula, la proliferación de bacterias en alimentos es exponencial debido al calor. La sabiduría popular dicta que en este periodo las heridas tardaban más en sanar y las plantas se “tristesaban”. Hoy, la Secretaría de Salud confirma que el golpe de calor y las enfermedades gastrointestinales son los riesgos reales detrás de esos viejos consejos.
Para este 2026, los modelos meteorológicos del Servicio Meteorológico Nacional (SMN) indican que la canícula comenzará oficialmente en México durante la última quincena de julio, extendiéndose hasta mediados de agosto. Aunque su duración suele ser de40 días, el cambio climático ha vuelto este periodo errático, provocando que en estados como Querétaro o Nuevo León, las temperaturas alcancen picos históricos que desafían cualquier estadística previa. Es un recordatorio de que, aunque tengamos tecnología a la mano, el ritmo del planeta sigue mandando.
Resulta curioso que, en la era de la hiperconexión, hayamos perdido la conexión con estos ciclos naturales. Para los centennials, el calor es simplemente un ajuste en el termostato o una queja en redes sociales, perdiendo de vista la importancia de la prevención comunitaria. La canícula era, antes de la era digital, un ritual de resiliencia: se pintaban los techos de blanco, se ajustaban los horarios de riego y se entendía que la naturaleza necesitaba una pausa. Recuperar este concepto es también una forma de entender nuestro impacto ambiental.
Hoy, la invitación no es solo a protegernos del sol con bloqueador y buena hidratación, sino a rescatar esa conversación entre generaciones. La canícula es el pretexto perfecto para que los más jóvenes escuchen las historias de cómo se sobrevivía al verano sin mini-splits, y para que los más grandes entiendan que los datos científicos actuales validan lo que ellos siempre supieron por instinto. Al final del día, el “corazón encendido” del verano nos afecta a todos por igual, sepamos o no cómo se llama el fenómeno que nos hace buscar la sombra.