Tendenciassábado, 31 de enero de 2026
Niños Dios: el arte de vestir la fe que se niega a desaparecer
Lugares como los pasillos Mercado Escobedo, el Mercado de la Cruz y el Tepetate, se resisten a dejar la tradición de los ropones
Lugares como los pasillos Mercado Escobedo, el Mercado de la Cruz y el Tepetate, se resisten a dejar la tradición de los ropones

El aroma a tamales y el bullicio de los mercados anuncian que el 2 de febrero está cerca. En Querétaro, esta fecha no solo marca el fin de las fiestas decembrinas, sino el momento en que miles de Niños Dios salen de sus nichos para estrenar gala. En el epicentro de esta tradición, entre telas de raso, encajes y diminutos huaraches, se encuentran varios comerciantes, entre ellos la familia Guzmán quienes hacen de la fe su mejor diseño.
Hace 40 años, los diseños de la familia Guzmán eran una parada obligada en el Mercado Escobedo. Sus manos dieron forma a los primeros atuendos que vistieron a las imágenes de las abuelas queretanas. Sin embargo, el tiempo y la creciente competencia los obligaron a evolucionar. Hoy, su taller no solo surte a los hogares locales; se ha convertido en el motor que viste a comerciantes que llevan sus creaciones a los tianguis de la región y cruzan fronteras estatales hasta llegar a Guanajuato. Para ellos, el negocio cambió, pero la esencia de la puntada sigue siendo la misma.
La tradición ha mutado. Donde antes reinaban el “Niño de las Palomas” o el “Santo Niño de Atocha”, hoy aparecen peticiones que levantan cejas y generan sonrisas por igual. En los estantes, conviven los trajes clásicos con versiones contemporáneas: diminutas camisetas de la Selección Mexicana, máscaras de luchadores y personajes que marcan la tendencia del año.
“Mucha gente ya no celebra como antes”, comentan los artesanos, “pero los que nos quedamos, nos negamos a que esto desaparezca”. Esa resistencia se nota en cada detalle; si los creyentes piden un Niño futbolista para pedir por el equipo, ellos lo confeccionan con la misma devoción que un traje de gala.
Esta “creatividad” popular no siempre camina de la mano con la liturgia. La postura de la Iglesia en Querétaro ha sido clara a lo largo de los años: el Niño Dios no es un juguete ni un amuleto. Los sacerdotes suelen recomendar que se le vista con ropa blanca de bebé o advocaciones tradicionales (como el Niño Doctor o el Buen Pastor), instando a los fieles a no caer en lo que consideran una falta de respeto al tratar la imagen como un personaje de moda.
A pesar de las críticas y de una generación que parece olvidar las raíces, la familia Guzmán, así como muchos otros que se dedican a la confección del ropón de gala de los Niños que son llevados a las iglesias católicas en el marco del Día de la Candelaria, continúan cortando tela. Para ellos, vestir al Niño Dios es vestir la esperanza de un año mejor. En cada traje que sale de su taller hacia un tianguis lejano, un local o una casa, va un pedazo de la historia del Querétaro tradicional, una historia que se niega a ser archivada y que, cada 2 de febrero, vuelve a estrenar vida.