Análisisdomingo, 20 de abril de 2025
Me resulta difícil preconfigurar la enorme variedad de la conducta humana, como al mismo tiempo lo podría ser el hecho de que un solo ser humano, pudiese en la práctica hablar todos los idiomas aún vivos en nuestra fase terrenal; por supuesto que todos tenemos aproximaciones a una realidad ambigua, a veces poco clara, y lo que nos enaltece es el querer culturizar nuestra propia vida.
Ya sabemos que educación, entrenamiento, capacitación, adoctrinamiento, u otros conceptos, no tienen la capacidad para formar un criterio mucho más apto en el desenvolvimiento de la humana humanidad, y el conocernos desde dentro de nuestra mente, alma y espíritu es lo que eleva nuestra circunstancialidad breve, pero la cual deberá dejar una huella constructiva ante la grafía humana por la animalización de las masas.
No hay que ir lejos para observar la barbarie que aqueja los valores humanos, la solidaridad intrínseca, la cual al menos en teoría propulsa a tener una liga humana en el trato básico para con la gente mucho más necesitada, no soy adinerado, soy asalariado, y trabajo muy a gusto en lo que hago y también en aquello en que parezco ser un vago y pérfido intelectual. Reconozco mi lucha más difícil, y es la que se encuentra en mí ego, pero también en los otros egos que se confunden en una taza de café frío y sin azúcar.
La amargura humana procede en gran medida de compararse con el vecino, en creerse infalible, en que tengo la razón porque soy “Yo el supremo”, por cierto, es el título de un libro de Augusto Roa Bastos, les recomiendo tal lectura, dicho sea de paso.
Regresando al tema de ser una “unidad humana”, también hablaremos de los elementos biológicos, psicológicos y sociales que han construido o bien deformado en parte nuestra calidad humana, aquí no cabe lugar para los resentidos, pero sí para los justos en la ley suprema no sólo de los más aptos, también de los emancipadores de las aberraciones del fundamentalismo y la demencia del “soy yo el que manda”.
Donald Trump sí manda, pero está haciendo pedazos con su voluntad bravucona a su propio país y a muchos otros, él no puede controlar la fuga de capitales de su nación; se retiran muchas empresas de tradición americana rumbo al extranjero, el gobierno de Japón saca su inversión multimillonaria de la seguridad que le ofrecía los EE. UU. Y así por el estilo los políticos de oposición a Trump, están muy movidos para mover el tapete a un ser humano con demasiado poder que los está destruyendo de antemano.
Richard Wolff, eminente economista ha afirmado que el máximo potencial de la Unión Americana se alcanzó hace unos 12 o 20 años atrás, y actualmente se encuentran en declive, ya que tuvieron poco más de un siglo de ascenso y dominación casi absoluta, afirmando que son la última mirada del imperio británico que ha venido cayendo a lo lejos. En términos sustanciales se confiaron, delegaron el trabajo y descuidaron su propio desarrollo humano en primerísimo lugar, después los factores que quieran mencionar también son válidos.
Un país que es potencia mundial, no puede ser gobernado desde un sentimiento emocional y meramente político, ya que la economía se mueve por sí sola y se va volando para otros lugares donde no les obstruyan con tantas barreras arancelarias, y así Trump seguirá hablando desde las redes sociales, creyendo que compone su país al pedir una lealtad incondicional del propio capitalismo que lo ha hecho crecer a él mismo.
Un ser humano en el nivel de desarrollo y desempeño en el cual se le encuentre, deberá tener la humildad del yo sí pregunto, yo sí consulto, y no correr a su equipo de asesores jurídicos, por no estar de acuerdo con sus ocurrencias. Por ello reconocerse humano es saberse falible, y por muchas causas la evolución de todos nosotros ha creado filosofía, las bellas artes, la literatura, la música, danza, pintura, tecnología, ciencias médicas, políticas y sociales como comandos de una buena gobernanza de los pueblos.
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