Año terrible
El país enfrentará un año terrible. Veremos si existe la sagacidad, el patriotismo, la inteligencia y la sensibilidad para sortear las aguas bravas. El gobierno debe ajustar sus instrumentos de navegación.
La dinámica de confrontación cotidiana funciona un tiempo, pero no puede eternizarse. La distracción, tarde o temprano, es rebasada por la terca realidad. Lo supo, demasiado tarde, Roma, inventora genial de la fórmula de gobernabilidad de pan y circo.
El régimen se verá ayudado —involuntariamente— por una ausencia de oposición. Los pocos contrapesos que quedaban han sido, unos, demolidos. Los que restan son de escasa altura, imaginación y audacia.
Pero el país sufrirá un shock externo brutal: la llegada del nuevo proteccionismo xenófobo y expansionista a los Estados Unidos.
La vuelta del proteccionismo, la xenofobia y el expansionismo a la presidencia, aunado a una mezcla con los grandes intereses económicos, implican una incomodísima situación para el actual gobierno. Jugarle al vivo es muy riesgoso.
Repetir la receta de escalar diario los conflictos con declaraciones mañaneras no es realpolitik, sino funambulismo.
La violencia cotidiana, tarde o temprano, creará inestabilidad e incuba deseo de venganza. La corrupción cotidiana aflora como pus. La presión externa traerá penuria económica y eso va a socavar las bases clientelares del régimen.
Ahí veremos si de verdad hay un aprecio social permanente o estamos frente a un coloso con pies de barro.
Lección: los negocios no pueden seguirse llevando como siempre. No puede seguir habiendo tolerancia al crimen. No puede imponerse el capricho en las decisiones económicas. No pueden continuar tolerándose gobiernos locales inservibles.
Navegar como se navegó hace seis años es imposible. Hay un océano totalmente diferente. Y embravecido.
@fvazquezrig













