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El inicio del 2025 es una nueva oportunidad, por ello creo conveniente hablar y reflexionar sobre la consciencia; esta no se trata del conocimiento íntimo que uno tiene de sí mismo, y aunque conocerse a uno mismo es esencial, me ocuparé en otro momento de delinear el tema; la consciencia no es el sentimiento que se experimenta acerca de ciertos valores, es la facultad intuitiva por la que uno juzga un acto. Quiero exponer que la vida de cada uno obedece a cómo se toman las decisiones, ya que ello repercute en la forma de vivir. Tú decides si este año amas o juzgas, si actúas en consciencia o de forma inconsciente, si sirves o exiges ser servido y dejar de pedir. No temas al sufrimiento y proponte mejorar cada día, siempre consciente de tus acciones.
La consciencia tampoco se debate en la ciencia teórica del bien y del mal, de esto se ocupa la moral, perteneciente a lo relativo a las acciones de las personas. En efecto, la consciencia se debe de considerar como “el sagrario del hombre” o “el vicario de Dios”. Estar en paz y vivir en armonía surge cuando mi corazón no me reprocha nada, ya que pongo de manifiesto que a la consciencia se le puede atribuir al corazón. Pongamos un ejemplo, cuando sientes latir tu corazón con fuerza y piensas “la he regado” al hacer esto o aquello, o cuando después de hacer algo te encuentras inquieto; la consciencia son los ojos y los oídos de Dios que aprecia todos los actos del hombre, Él escudriña los corazones.
El propósito de este año debe consistir en poseer la conciencia de amar con toda la extensión, anchura y largueza de la palabra. Ello implica el amor que procede de una mente limpia, de una conciencia recta y de un proceder sincero, así ocurre con un corazón bien intencionado y sin dobleces, porque el corazón, la mente y la fe son la fuente de todas las acciones, es decir, la voluntad de los actos pensados y ejecutados.
Por todo ello, un propósito firme para este año sería formar en mí una conciencia recta, pero ¿cómo formar mi conciencia? Primero, es importante estar dispuesto a cambiar el chip que se tiene integrado desde hace mucho tiempo, para tener la apertura de ver las cosas y acontecimientos con otra óptica; segundo, es necesario purificar la conciencia, quitar criterios viejos y reemplazarlos por unos criterios nuevos, para que “la consciencia sea cada vez más pura”, sin prejuicios; y tercero, dejar a la consciencia ser iluminada por la luz.
Cuando se acerca uno a la luz, se desvanece la oscuridad, se busca lo justo, lo bueno, y se piensa en cuál es la voluntad de Dios. Para lograr alcanzar en hechos esta iluminación te recomiendo usar la regla de oro: nunca hacer el mal para obtener un bien. Esta regla tiene que distinguirse en nuestro actuar en este año y siempre. Así, me atrevo a darte otra recomendación: “todo cuanto quieras que hagan los demás, hazlo también tú” y si quieres trascender ponte al servicio de los demás, porque la consciencia pura es iluminada por la fe verdadera, no obstante, no digas quién eres, tus hechos lo dirán.