Análisismiércoles, 26 de febrero de 2025
El virus de La Tierra
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Cada vez son más escasas y limitadas las regiones verdes y fértiles, con ecosistemas que permiten el libre desarrollo de la vida silvestre. Los centros poblacionales se expanden destruyendo los ecosistemas para dar cabida a un crecimiento demográfico sin comparación en la historia. Las zonas industriales vierten sus desechos contaminando terrenos, lagunas, ríos y arroyos, además de la atmósfera. Las grandes cantidades de basura se aglomeran provocando contaminación, y los plásticos se amontonan en los océanos, en grandes cantidades y diversas formas que ponen en peligro la vida marina.
Las estaciones del año se alteran al grado de que las cosechas se pierden si no existen cuidados esmerados del agricultor auxiliado por la misma tecnología que la destruye. Llueve mucho en un lugar mientas el vital líquido se niega en otras partes del mundo. Las sequías son más prolongadas y cálidas mientras los fríos son más crudos y, en ambos casos, extremosos. Los gases de efecto invernadero se esparcen por la atmósfera provocando alteraciones y calentando el clima global del planeta. La desertificación se expande y se pierde la biodiversidad. Los ecosistemas dejan de proveer aire limpio, agua potable y alimentos, además de desregular el clima y prevenir inundaciones o sequías.
Los cambios medioambientales inducidos por las actividades humanas, hoy ofrecen un reto enorme que obliga a replantear cambios de fondo en la organización social, la estructura de la civilización y su expansión, y el uso de los recursos naturales para preservar el futuro de la especie humana. El ritmo acelerado de crecimiento poblacional, económico e industrial en las últimas décadas, ha transformado profundamente la relación de los seres humanos con la naturaleza y el medio ambiente, pasando de una coexistencia en equilibrio a una explotación desmedida de los recursos naturales y una contaminación del aire y el agua, por los gases contaminantes, los plásticos y todo tipo de basura civil e industrial.
La crisis climática ha llevado a una gran reflexión ética sobre el papel del ser humano en la degradación del planeta. Celebraciones como el Día Internacional de la Madre Tierra buscan generar conciencia sobre la necesidad de proteger el medio ambiente y asumir un compromiso colectivo para mitigar los daños causados por sus acciones enfatizando la necesidad de encontrar un equilibrio entre el desarrollo de la humanidad, sus manifestaciones de civilización y progreso con la conservación del medio ambiente.
Como dice Teresa Berzosa en “Cómo afecta el ser humano al medio ambiente”, son la expansión urbana, el uso intensivo de combustibles fósiles, la industrialización y el vertedero de basura no reciclable, los que han provocado cambios destructivos en los ecosistemas y en el clima de la Tierra. Lo que alguna vez se llamó recursos inagotables como los bosques, los océanos, la biodiversidad, hoy se encuentran en peligro latente de extinción.
Berzosa continúa exponiendo que todo esto no sólo afecta a la fauna y la flora, a la naturaleza que nos rodea, sino que también repercute en la vida humana, poniendo en peligro la salud, la seguridad alimentaria y la disponibilidad de recursos vitales como el agua limpia y el aire respirable. Casi todo mundo está consciente de estos efectos negativos, donde hace falta cambiar nuestros hábitos y exigir a las empresas y a los gobiernos la implementación de acciones concretas sobre el medio ambiente.
La ONU, por su parte, ha propuesto y consensuado diversas estrategias que nos pueden guiar hacia un estilo de vida más respetuoso con el planeta y el medio ambiente. Algunas de estas acciones clave son: separar los residuos correctamente; uso eficiente de la energía; consumir alimentos ecológicos; ahorrar agua; transporte sostenible; no utilizar bolsas desechables de plástico; cultivar plantas en casa que ayuden a producir oxígeno. Todo lo cual requiere de esfuerzo y voluntad.