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En su investigación “Experiencias, vivencias y sentidos en torno a la escuela y a los estudios: Abordajes desde las perspectivas de alumnos y estudiantes” Carlota Guzmán Gómez y Claudia Lucy Saucedo Ramos* nos muestran cómo los estudiantes, al participar en distintos contextos, construyen saberes y que los aprendizajes que obtienen no provienen únicamente del espacio escolar. Los estudiantes refieren que los saberes que desarrollan en la escuela son básicamente cognitivos y procedimentales, los cuales se configuran en la base para construir nuevos saberes en el espacio laboral, para complementarlos y enriquecerlos.
Reconocen también que tanto en la escuela como en el espacio laboral han podido desarrollar ciertos saberes de tipo actitudinal y metacognitivos. Especialmente mencionan que el trabajo les ha dado la posibilidad de crecimiento personal, mayor seguridad y dicen haber aprendido a tratar a las personas y a comportarse de una manera adecuada. Interactuar en ambas esferas los ha hecho sentirse más autónomos y responsables. Algunos académicos destacan los efectos negativos en el desempeño educativo que tiene estudiar y trabajar a la vez - el trabajo también puede afectar la calidad del trabajo académico. Cuando los estudiantes están cansados o estresados por su trabajo, pueden tener dificultades para enfocarse y completar las tareas de manera efectiva.
Cuando los estudiantes tienen que tomar turnos de noche o trabajar largas horas, esto puede afectar su capacidad para concentrarse en el aula y retener información-. Guzmán Gómez y Saucedo Ramos en su pesquisa nos señalan que la práctica laboral no se contrapone con los estudios, al contrario, puede constituirse en una rica base de aprendizaje.
Su estudio nos ofrece una mirada distinta hacia el trabajo estudiantil, como productor de aprendizajes, que bien puede aplicarse a otros espacios laborales y a estudiantes provenientes de distintas carreras. En este mismo sentido, nos muestra que los aprendizajes no se circunscriben necesariamente al ámbito profesional. Los autores no niegan que haya trabajos que puedan obstaculizar el curso de los estudios o que no aportan al estudiante, sino que tratan de centrar la mirada en las potencialidades de aprendizaje que tiene el trabajar.
Colocan al estudiante que trabaja, a decir de los propios autores, “en el centro de la construcción de saberes como sujeto interactuante en sus diferentes realidades y como detonador de transformaciones tanto internas como externas en dichos ámbitos”. En esta visión se destaca claramente la agencia del sujeto en la manera de resolver las tensiones al participar en dos contextos distintos. Finalmente, desde la perspectiva de la heterogeneidad estudiantil, nos muestran que el estudiante trabajador tiene sus particularidades. Estudiar y trabajar al mismo tiempo no afecta negativamente el rendimiento escolar. De hecho, puede contribuir al desarrollo de competencias profesionales y abrirse camino en el mercado laboral. Sin embargo, es importante buscar un equilibrio entre ambas actividades. Pasada la adolescencia, explica Herlinda Suarez Zozaya en “Jóvenes universitarios que estudian y trabajan”, la juventud mexicana más que dedicarse al estudio se dedica a trabajar.
Frente al hecho anterior, la consideración que los estudiantes que trabajan son privilegiados se torna relativa, porque al revisar los datos de 2011 de ingreso a la UNAM, se encontró que para cuando las y los estudiantes ingresan a la licenciatura, la gran mayoría ya cuenta con experiencia en el mercado de trabajo. Lo que permite afirmar ciertamente que los jóvenes que combinan el estudio con el trabajo son privilegiados, pero no porque trabajen, sino porque pueden seguir estudiando. Es decir, son privilegiados porque tuvieron la oportunidad de suspender, pausar, combinar sus actividades laborales para poder asistir a la universidad. Al parecer la mayoría de los jóvenes que combinan ambas actividades lo hacen no por opción, si no por necesidad. Continua Suarez Zozaya: Sin embargo, aunque la mayoría de los estudiantes de licenciatura de la UNAM que trabajan lo hagan por necesidad económica lo cierto es que entre ellos es opinión prácticamente generalizada que trabajar les ha traído ventajas académicas. Y, en cambio, quienes no cuentan con experiencia laboral se sienten en desventaja.
Estas opiniones no dejan de sorprender porque lo que aquí se encontró es que, cuando menos en términos de duración de los tiempos de estudio, trabajar interfiere negativamente con el desempeño académico: entre los estudiantes que trabajan hay una mayor proporción de jóvenes con edades por encima del promedio de la de sus compañeros, por lo que puede inferirse que sus ritmos y tránsitos de estudio son un poco más lentos. Pero, de las ventajas o desventajas objetivas de combinar el trabajo con el estudio, lo cierto es que en la subjetividad de los estudiantes universitarios contemporáneos ya está instalada la idea de que trabajar mientras se estudia resulta conveniente. Estudiar y trabajar a la vez es una situación que puede ser beneficiosa o difícil de manejar según las circunstancias. Por un lado, es una oportunidad de adquirir habilidades y experiencia en el mundo laboral al mismo tiempo que se obtiene una formación académica. En general, es importante encontrar un equilibrio adecuado entre el trabajo y los estudios, para que los estudiantes puedan tener éxito en ambos aspectos de sus vidas.
La comunicación clara con los empleadores, la planificación y la administración del tiempo pueden ayudar a los estudiantes a minimizar el impacto del trabajo en sus estudios y mantener un equilibrio saludable. Para muchos estudiantes, el trabajo es una realidad necesaria durante su etapa académica. Un dato revelador de los estudiantes de la UNAM que trabajan- y posiblemente para otros universitarios de diversas latitudes-, y lo que representa estudiar, es que afirman que el motivo por el que lo hacen es “para poder estudiar”. Podría decirse entonces que, para muchos jóvenes mexicanos contemporáneos, el trabajo se ha convertido en una doble necesidad, en cuanto a que constituye un requisito para conseguir recursos económicos para su manutención, pero también para poder adquirir el capital social y cultural que demanda la presente época concluye Suarez Zozaya.