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El Instituto Nacional de Investigaciones sobre Recursos Bióticos (INIREB) se fundó en 1975 como asociación civil. En 1979, por decreto presidencial, se convirtió en organismo federal descentralizado y también por decreto fue suprimido después. Alfonso Larqué Saavedra biólogo e investigador mexicano al respecto comenta: Comparto una de las más importantes iniciativas que como investigador he vivido en los últimos 50 años; el Dr. Arturo Gómez Pompa, fue impulsor de la fundación del Instituto Nacional de Investigaciones sobre Recursos Bióticos (INIREB), en la ciudad de Xalapa, Veracruz. Esta visionaria idea tuvo el apoyo del CONACYT quien en 1975 oficialmente aprueba la creación del citado instituto, que fue cerrado en 1988 durante el gobierno del presidente Miguel de La Madrid.
Gómez Pompa fue un biólogo visionario que se adelantó a muchas iniciativas que se empezaron a concretar a finales del siglo. “Se recuerda cuando platicaba en los años 70’ del proyecto la Flora de Veracruz y su interés de utilizar la biología para impulsar el desarrollo rural y también para impulsar la creación de una red de reservas ecológicas en todo el país. Escuchar y ver cómo traducir una idea en un Instituto, fue una lección que a muchos de los estudiantes nos dejaba una nueva visión de ser biólogo. En el citado Instituto, había proyectos de Planeación Ecológica del uso del suelo, Desarrollo Tecnológico de Recursos Bióticos, Ciencia y Tecnología de la Madera, Proyectos de Ecodesarrollo de Uso de recursos Acuáticos, Estudios Ecológicos Básicos, Investigación Básica, Investigación sobre la Agricultura tradicional”.
Se recuerda su importante contribución que publicara en la revista Science en donde planteaba la fragilidad de la selva, la importancia de mantener el suelo como un componente fundamental para el desarrollo de lo que ahora conocemos como sustentabilidad. Para lograr su propósito, que era muy revolucionario, se necesitaba vincular a muchos actores. De ahí sus ideas de invitar investigadores nacionales y extranjeros para investigar sobre la biodiversidad, la conservación, la creación de base de datos de los organismos que tenemos en el país, etc. Sus propósitos llegaron a otras unidades del país como Villa Hermosa, Mérida, Yucatán, Chiapas, Guanajuato y una en el Valle de México.
Ese instituto tuvo entre sus distintas acciones una estrecha vinculación con la educación. Promovió actividades que involucraban directamente a maestros y alumnos de distintos niveles educativos en diferentes tareas relacionadas con la cuestión ambiental. Investigadores y maestros convivieron en cursos, talleres, ediciones gráficas; aquéllos para mostrar el proceso de sus investigaciones, tanto en la botánica, ecología, etnobiología, uso sustentable de los recursos bióticos y en la defensa de la naturaleza como lo pretendía Gómez Pompa, y los segundos para poder llevar a sus aulas estos nuevos conocimientos sobre los recursos renovables y que a su vez eran recreados por sus alumnos.
Años después estas experiencias coincidieron con varios de los propósitos expuestos en la Carta de la Tierra. La Carta de la Tierra es una declaración de principios éticos fundamentales para la construcción de una sociedad global justa, sostenible y pacífica en el Siglo XXI. La Carta busca inspirar en todos los pueblos un nuevo sentido de interdependencia global y de responsabilidad compartida para el bienestar de toda la familia humana, de la gran comunidad de vida y de las futuras generaciones. La Carta es una visión de esperanza y una llamada a la acción. La Carta de la Tierra se preocupa especialmente por la transición hacia formas sostenibles de vida y el desarrollo humano sostenible. Por lo tanto, la integridad ecológica es uno de sus enfoques principales. Sin embargo, la Carta reconoce que la protección ecológica, la erradicación de la pobreza, el desarrollo económico equitativo, el respeto a los derechos humanos, la democracia y la paz son metas interdependientes e indivisibles.
La Carta de la Tierra, aprobada en junio del 2000, es una declaración de principios fundamentales que tiene el propósito de formar una sociedad justa, sostenible y pacífica a escala mundial. Busca inspirar en los pueblos un sentido de interdependencia y responsabilidad compartida para el bien de la humanidad y las demás especies que habitan la Tierra. Es una iniciativa que pretende establecer una base ética sólida para la sociedad global emergente que ayude a crear un mundo sostenible basado en el respeto a la naturaleza, los derechos humanos universales, la justicia económica y una cultura de paz.
La Carta de la Tierra es adoptada y utilizada como recurso educativo en escuelas del nivel básico, instituciones de educación superior, así como en el desarrollo comunitario para hacer frente a los retos globales. Los educadores pueden utilizar la Carta de la Tierra como un recurso útil para tratar temas como la ética, el medio ambiente, la justicia social, el desarrollo sostenible, la globalización y las relaciones internacionales. En el año 2012, la Universidad Pedagógica Veracruzana inicia un programa sobre Cambio Climático dirigido a maestros y alumnos de dicha universidad y en el 2016, a iniciativa de la Ingeniera Clorinda Cruz Aguilar, egresada de la Universidad Veracruzana, se firma el compromiso institucional que avala las acciones, actividades y tareas del Programa de Cambio Climático. El documento lo suscriben el Dr. Alberto Peralta Peláez, Punto Focal de la Red Mexicana de la Carta de la Tierra, el Rector de la UPV de ese periodo, el Ing., José Antonio González Azuara, Delegado de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT) y el Dr. José Velasco Toro, Director del Consejo Veracruzano de Investigación Científica y Desarrollo Tecnológico en Veracruz.
A partir de ahí, y bajo el compromiso contraído, durante 13 años, la institución ha cumplido lo establecido en dicha Carta: “Nos comprometemos a utilizarla como guía y marco ético para la toma de decisiones, en el desarrollo de planes y políticas y como instrumento educativo para el desarrollo sustentable del estado, bajo la visión y las metas del documento que busca un mundo justo, sostenible y pacífico. La Ingeniera Cruz Aguilar y su equipo se han propuesto a través de actividades prácticas con la comunidad universitaria en general: Transmitir a las futuras generaciones valores, tradiciones e instituciones, que apoyen la prosperidad a largo plazo, de las comunidades humanas y ecológicas de la Tierra. Aceptar que el derecho a poseer, administrar y utilizar los recursos naturales conduce hacia el deber de prevenir daños ambientales y proteger los derechos de las personas.
Prevenir la contaminación de cualquier parte del medio ambiente y no permitir la acumulación de sustancias tóxicas u otras sustancias peligrosas. Reducir, reutilizar y reciclar los materiales usados en los sistemas de producción y consumo y asegurar que los desechos residuales puedan ser asimilados por los sistemas ecológicos. También actuar con moderación y eficiencia al utilizar energía. Impulsar el estudio de la sostenibilidad ecológica y promover el intercambio abierto y la extensa aplicación del conocimiento adquirido.
Promover el derecho al agua potable, al aire limpio, a la tierra no contaminada. Habilitar a los seres humanos con la educación y con los recursos requeridos para que alcancen un modo de vida sostenible, y sostener el derecho de todos a recibir información clara y oportuna sobre asuntos ambientales, al igual que sobre todos los planes y actividades de desarrollo que los pueda afectar o en los que tengan interés. Todo para tener una visión diferente respecto a los recursos renovables como apuntaba Arturo Gómez Pompa.