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La fluidez lectora es un aspecto básico hoy en la enseñanza de la lectura y ha dado lugar a importantes desarrollos teóricos y didácticos. Un lector fluido mantiene esta habilidad durante periodos de no práctica y puede generalizarse a distintos textos. La fluidez lectora es una habilidad que define a los buenos lectores, señala Jesús Pérez González en Revista de Literatura. Granada. Theodore Harris y Richard E. Hodges (1995), en su Diccionario de Lectoescritura, definen la fluidez como la libertad, la superación de los programas de identificación de palabras que pueden impedir la comprensión. Asimismo, Pikulski (2006) ofrece una definición, a nuestro juicio completa, “la fluidez lectora es un proceso que incluye habilidades eficaces de decodificación que permiten al lector comprender el texto. Existe una relación recíproca entre la decodificación y la comprensión. La fluidez se manifiesta en la lectura oral precisa, rápida y expresiva y es aplicada durante la comprensión lectora silenciosa”.
“Según el informe PISA 2018, los estudiantes de 15 años que dominan la fluidez lectora tienen mayores probabilidades de éxito en tareas avanzadas de lectura. Este dominio les permite concentrarse en el contenido del texto, en lugar de en los procesos mecánicos. Las pruebas de PISA, que miden velocidad y precisión al clasificar oraciones con sentido o sin él, revelan que la fluidez está directamente relacionada con niveles más altos de comprensión lectora, especialmente en contextos multilingües, donde las barreras lingüísticas dificultan la lectura fluida”.
Estudios adicionales sobre la fluidez en la escuela primaria destacan que esta mejora con la práctica constante y estrategias pedagógicas efectivas, estabilizándose en los últimos años de educación básica. Asimismo, la fluidez lectora está estrechamente vinculada al rendimiento académico, particularmente en asignaturas que exigen una comprensión textual sólida como las ciencias sociales y naturales. Por otro lado, las deficiencias en la fluidez lectora suelen traducirse en un bajo desempeño general, ya que limitan el acceso a nuevos contenidos, expone Leslíe Serna en “La evaluación de la fluidez lectora en México”.
Reading Today expone en reciente publicación bimensual de International Reading Association, lo que un grupo de expertos en la lectura, al preguntarles sobre temas relevantes de la enseñanza de la lectura coincidieron en que la fluidez lectora era un tópico relevante. Esta constituye un aspecto básico hoy en la enseñanza de la lectura y ha dado lugar a importantes desarrollos teóricos y didácticos. Un lector fluido mantiene estabilidad durante periodos de no práctica y puede generalizarse a distintos textos. La fluidez lectora define a los buenos lectores. Por otra parte, en las sociedades democráticas actuales, la exigencia de la lectura en público añade valor a esta parcela de la lectura que había sido prácticamente abandonada por muchas escuelas. Innumerables actos sociales, dependientes de la vida política, exigen también el dominio de esta “revivida” actividad lectora.
La realidad de la fluidez lectora en la escuela actual, que se refleja en las actividades didácticas contenidas en los materiales curriculares y la práctica habitual de las aulas, nos habla de falta de sistematicidad en las actividades como consecuencia de una conceptualización deficiente de la fluidez lectora. Por ello Leslie Serna explica: La evaluación de la lectura está sujeta a revisiones constantes. Una de las dimensiones que se evalúa a edades tempranas es la fluidez lectora, que abarca velocidad, precisión y prosodia (entonación y ritmo). Lograr fluidez lectora es un objetivo clave del proceso educativo, pues facilita no solo la decodificación de palabras, sino también la comprensión de textos complejos y el análisis crítico de los mismos.
Son varios los prerrequisitos que hacen posible un normal desarrollo de la fluidez lectora. Sin su existencia la fluidez presentará problemas: Uno de los componentes básicos de la fluidez, es la automatización del conocimiento de las relaciones entre los signos gráficos y los temas que representan. Aunque la fluidez no se agota en la lectura precisa y automática de las palabras, es un elemento indispensable de la misma. La utilización de textos apropiados para la lectura ante un texto inadecuado. La regla básica que legisle un texto adecuado es estar constituido por un alto porcentaje de vocablos de frecuente utilización de un pequeño número de vocablos desconocidos. Por otra parte, también hay que ponderar la dificultad intrínseca de los textos según su tipología (descriptivos, narrativos, expositivos, periodístico, etcétera).
Jesús Pérez González, autor de “La lectura: un reto en la educación”, dice: Otro requisito es el desarrollo lingüístico de los aprendices. Las experiencias lingüísticas de los sujetos, la realidad lingüística del medio ambiente familiar, la familiaridad toral con palabras y frases tienen una clara influencia en la fluidez lectora. Otro determinante de gran importancia al aprendizaje de la primera es la motivación del alumno, su actitud ante la lectura y que le da. Se trata de un factor crítico que condiciona cualquier aprendizaje, a lo anterior se suma la metodología utilizada para el aprendizaje en la enseñanza de la fluidez.
Al considerar las prácticas sobre esta cuestión en México, Leslíe Serna, integrante de MUxED, socióloga con doctorado en educación social, consultora independiente, y colaboradora de la UNESCO en proyectos de alfabetización infantil, aborda las experiencias de la SEP en este tema: Los Estándares Nacionales de Habilidad Lectora 2010; el Sistema de Alerta Temprana diseñado para identificar estudiantes en riesgo de rezago o abandono escolar (un componente clave fue la toma de lectura, una actividad estructurada para evaluar habilidades lectoras esenciales, particularmente la fluidez, precisión y comprensión); Comisión Nacional para la Mejora Continua de la Educación: prueba de valoración de la fluidez en 2º grado. El programa resalta que la fluidez lectora no se limita a la velocidad al leer palabras por minuto, sino que implica la habilidad de reconocer palabras y oraciones con precisión, comprender su sentido y conectar ideas en un contexto comunicativo; la Evaluación de la Lectura en Grados Iniciales (EGRA), por sus siglas en inglés), es una herramienta diseñada para medir habilidades básicas de alfabetización en los primeros años escolares. Su objetivo es evaluar componentes clave del aprendizaje de la lectura, como la conciencia fonológica, el reconocimiento del código alfabético, la fluidez lectora, la comprensión y la escritura mediante dictado y la prueba de fluidez desarrollada por el CAED, un centro de investigación y desarrollo tecnológico de la Universidad Federal de Juiz de Fora de Brasil y adaptada para México en 2023, constituye una herramienta para evaluar la fluidez lectora en estudiantes de segundo grado de primaria.
“Las pruebas de fluidez, concluye Leslie Serna, no solo son una medida del progreso lector, sino también son herramientas diagnósticas, económicas y efectivas, para identificar dificultades al inicio del año escolar. Por ello, los países que utilizan las pruebas de fluidez van en aumento en todos los continentes. Como se puede apreciar de la descripción anterior, la evaluación de la fluidez se puede conceptualizar y operativizar de distintas maneras”. Aprender es un derecho, y la evaluación es parte ineludible de ese derecho. Al implementar un proyecto de evaluación de fluidez lectora en los primeros grados, es crucial que los gobiernos estatales consideren cómo integrar este proceso, tanto a nivel de escuela como a gran escala. A nivel escolar, estas evaluaciones permiten identificar de manera inmediata las habilidades lectoras del estudiantado, que a su vez permiten a las y los docentes ajustar las estrategias pedagógicas según las necesidades de los grupos y las personas en lo individual. Asimismo, a gran escala (nacional), aportan datos valiosos para detectar tendencias y brechas en el aprendizaje en todo el sistema educativo”.