Prestadores de servicios dicen que no hay afectaciones por hidrocarburo; turistas disfrutan del mar, de la gastronomía y de la hospitalidad de los habitantes
¿Te quedas fuera de la conversación? Mandamos a tu correo el mejor resumen informativo.
Uno de los debates más relevantes de la actualidad es cómo los seres humanos interactúan con la naturaleza y el impacto que tienen sobre ella. A lo largo de una historia que podría remontarse a dos millones de años, primero tuvo el hombre que adaptarse a ella para sobrevivir. Se adaptó y después la fue conociendo a lo largo de cientos de miles de años; luego aprendió a respetarla y seguir sus ciclos para vivir mejor. Hasta los inicios de la Era Moderna (invento de la imprenta, encuentro con América, Renacimiento) tal vez esa interacción era moderada, inteligente, adaptativa y de respeto. La población humana aún no agobiaba a la naturaleza.
Los primeros humanos, al igual que los animales, eran parte integral de la naturaleza. Dependían de ella para su alimentación, refugio y vestido. Su conocimiento del entorno era crucial para su supervivencia y desarrollaron una profunda comprensión de los ciclos naturales, las plantas y los animales. Así, el hombre era parte de la naturaleza circundante, ambiental, planetaria. La amaba porque le ayudaba a ser, hacer, vivir, desarrollarse. Se adaptaba, no le estorbaba ni quería controlarla.
Con la invención de la agricultura, posiblemente hace unos 10 mil años, la relación de los humanos con la naturaleza comenzó a cambiar. Aprender a cultivar algunos de sus alimentos facilitó que las poblaciones se establecieran en un lugar, dejando de ser nómadas. Sin embargo ese traslado humano de un lugar a otro permitía a la tierra recuperarse. Asentarse en un solo lugar agotaba la tierra. Desarrolló sociedades más complejas que determinaron mayor acción contra la naturaleza, deforestación, uso de aguas en río y arroyos, domesticación de animales, cultivo de plantas, contaminación.
Hasta el encuentro con América la población era numérica y tecnológicamente moderada. No era necesario pensar siquiera en la necesidad de cuidar de la naturaleza. Mucho menos pensar que cuidar de la naturaleza pudiera ser algún día sinónimo de cuidar de las personas. Más bien se cuidaban los humanos de ella, respetaban sus ritmos, se adaptaban para aprovecharla y poder vivir mejor. Hoy vemos con tristeza que la degradación ambiental afecta directamente la calidad de vida humana y que a los seres humanos parece no importarles mucho este hecho que afecta por igual a ricos y pobres, poderosos y desvalidos, gobernantes y gobernados.
Para continuar sirviéndose de ella, es vital que los humanos se reconecten con la naturaleza, se reconozcan parte de ella; que no piensen que pueden dominarla, reducirla a sus caprichos, sujetarla a sus ambiciones económicas y de poder, devastarla y no sufrir ninguna consecuencia. El ser humano es parte de ella, pero ella rige los ciclos vitales de ambos, ella es la ruta, ella es la armonía o el desastre. El ser humano actúa con astucia, ambición, atrevimiento, arrojo, pero le falta la inteligencia que prevé resultados y consecuencias.
Como relata Carmen Benito Mateo en su artículo “¿Cuándo empezaron las sociedades humanas a cambiar la tierra?”, lo que queda es «semejante a los huesos de un cuerpo enfermo, ya que se ha erosionado la parte gruesa y débil de la tierra y ha quedado sólo el cuerpo pelado de la región… Cuando aún no se había desgastado, tenía montañas coronadas de tierra y las llanuras, hoy de suelo rocoso, estaban cubiertas de una capa fértil. En sus montañas había grandes bosques de los que persisten signos visibles,…»
El deseo del ser humano de controlar a la naturaleza o de servirse de ella en forma desmedida ha provocado consecuencias como la terrible contaminación, deforestación, quema de bosques, extinción de especies animales, alteración de la flora, mutación de varias formas de vida, agotamiento de los ecosistemas, calentamiento global, escasez de mantos acuíferos, descontrol climático, enfermedades zoonóticas (de animales a humanos), ambiente propicio para las pandemias…