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En 1976, Ian Breach y Michael Crawford dieron a conocer “La Tierra en peligro” Earth in danger, este es un libro diferente de otros con la misma temática. Ellos exponen cómo era la naturaleza antes de que el hombre empezara a dominarla. Muestran junglas, desiertos, montañas, mares habitados por una multitud de animales, plantas, desarrollándose en un entorno que tardó muchos millones de años de gradual evolución. Pero en los últimos siglos con la terrible aceleración industrial muchos hábitats de animales, plantas y otros organismos se les ha reemplazado por desiertos, se han perdido fuentes de agua, se redujo la variedad de especies animales, la devastación de la naturaleza es enorme.
Hoy la Tierra enfrenta desafíos críticos, y la contaminación es una amenaza significativa para los ecosistemas y la salud humana. La contaminación se presenta en diversas formas —aire, agua, suelo, ruido y plástico, por mencionar algunas— y todas tienen consecuencias graves para el planeta. Desde ciudades cubiertas de smog y derrames de petróleo en los océanos hasta la deforestación y la acumulación de desechos no biodegradables; las actividades humanas han alterado el equilibrio natural de manera alarmante. La Tierra está en peligro y es urgente tomar medidas para protegerla. Un estudio publicado en ‘Nature’ por la Comisión de la Tierra ha revelado que se han superado los límites seguros en diferentes áreas que afectan la salud del planeta. Estas áreas incluyen el cambio climático, la biodiversidad, la calidad del agua dulce, los fertilizantes y la contaminación del aire.
El cambio climático es una de las principales amenazas que enfrenta la Tierra. El ser humano, especialmente a través de la quema de combustibles fósiles, ha sido el responsable del calentamiento global experimentado en los últimos 200 años. Esto ha llevado al aumento de las temperaturas, sequías intensas, escasez de agua, incendios, aumento del nivel del mar, deshielo de los polos, tormentas catastróficas y disminución de la biodiversidad. Actualmente, el incremento global de la temperatura se sitúa en 1,2 grados al año, superando el límite ideal de un grado establecido por los expertos. Si no se toman medidas para frenar este aumento, los impactos en el bienestar humano podrían ser inevitables.
Además del cambio climático, la biodiversidad y la calidad del agua dulce son áreas que requieren atención urgente. La pérdida de biodiversidad se debe al cambio en los usos del suelo, la sobreexplotación de los recursos naturales, la contaminación, la propagación de especies invasoras y el calentamiento global. Los expertos proponen que entre el 50% y el 60% de la superficie terrestre sea espacios naturales para garantizar la biodiversidad. En cuanto al agua dulce, su escasez y calidad son preocupantes. Millones de personas no tienen acceso a agua potable y su escasez afecta los cultivos y el suministro de alimentos. Además, la extracción excesiva de aguas subterráneas puede afectar los ríos y los ecosistemas acuáticos. Se busca no alterar los sistemas fluviales en más de un 20% y no extraer más agua subterránea de la que se repone anualmente.
El uso excesivo de fertilizantes en la agricultura puede degradar el ecosistema y afectar la biodiversidad. Por otro lado, la escasez de fertilizantes en algunas regiones dificulta el suministro de alimentos. Es necesario encontrar un equilibrio en su uso para garantizar la sostenibilidad. La contaminación del aire, especialmente por aerosoles, es otro factor de riesgo. Mientras que la naturaleza es responsable de algunas partículas suspendidas en el aire, las emisiones humanas, como las de los coches o las industrias, también contribuyen a la contaminación. Es importante reducir estas emisiones para evitar desequilibrios en los patrones de lluvia y fenómenos meteorológicos extremos.
“Según el Informe de Riesgos Globales 2022 del Foro Económico Mundial, los mayores riesgos para la humanidad en los próximos diez años son ambientales. Entre ellos se encuentran la pérdida de biodiversidad, los daños ambientales causados por los humanos y la crisis de recursos naturales. La pérdida de biodiversidad pone en riesgo no solo la variedad de especies en el planeta, sino también otras crisis como la desigualdad económica y laboral, la aparición de enfermedades infecciosas y el fracaso de la acción climática”.
También Ian Breach y Michael Crawford exponen que la conservación es clave para contrarrestar estos efectos. Aquí hay algunos enfoques a considerar: Prácticas sostenibles: Fomentar el uso de energía renovable, reducir los plásticos de un solo uso y promover la agricultura sostenible. Esfuerzos de restauración: Reforestar, limpiar cuerpos de agua contaminados y proteger los hábitats de especies en peligro. Conciencia pública: Educar a las comunidades sobre la protección ambiental y fomentar hábitos ecológicos. Políticas e innovación: Hacer cumplir las leyes ambientales y desarrollar tecnologías innovadoras para reducir las huellas de carbono.
Retomemos un registro de las redes sociales. Space for Humanity nos comparte que Ron Garan, un exastronauta de la NASA pasó 178 días en el espacio y acumuló más de 114 millones de kilómetros, viajando en 2842 órbitas alrededor de la Tierra. Durante uno de esos viajes, experimenté algo que pocos humanos han experimentado alguna vez: el llamado efecto general, un fenómeno que transforma la forma en que vemos nuestro planeta. El efecto de visión general o “efecto general” es un choque de realidad común entre los astronautas. Al observar la Tierra desde el espacio, se dan cuenta, de que el planeta es un sistema único, frágil e interconectado. Para Karam, la experiencia fue tan notable que la describe como un gran despertar.
Desde su ventana en la estación espacial internacional, Garan fue testigo de impresionantes fenómenos naturales: tormentas, relámpagos, la aurora boreal bailando como cortinas brillantes, y la atmósfera de la Tierra tan delgada “que podías casi tocar con tus manos”. Pero era la delicadeza de esa capa lo que lo tenía alerta, “me di cuenta de que todo lo que sostiene la vida en la Tierra depende de una capa frágil, casi como el papel”, comenta el astronauta. La atmósfera, con sus pocos kilómetros de grosor, es lo que protege todas las formas de vida en las condiciones hostiles del espacio. Para Garan, esta visión ha puesto de relieve una paradoja: mientras que la biósfera es vibrante y llena de vida, los sistemas humanos tratan al planeta como una “subvención a la economía global”, en otras palabras, damos prioridad al crecimiento económico a costa de los sistemas naturales que nos sostienen, “estamos viviendo una mentira”, afirmó el exastronauta. Él también dijo que problemas como el calentamiento global, la deforestación y la pérdida de biodiversidad son tratados como problemas aislados cuando, de hecho, son síntomas de un problema mayor: la desconexión humana con el planeta. “Desde el espacio, queda claro que no nos vemos como parte de un todo. Mientras no cambiemos esa mentalidad, seguiremos estando en crisis”.
La solución, según Garan es un cambio radical de prioridades. En lugar de pensar en “economía, sociedad, planeta”, deberíamos invertir el orden: “planeta, sociedad, economía”, este simple intercambio refleja la necesidad de colocar la salud ambiental como base para todas las demás decisiones. “Esta es la única manera en la que realmente evolucionaremos”, argumentó. Su mensaje es claro: necesitamos urgentemente repensar nuestro lugar en el mundo. Y uno de los mejores espacios para hacerlo es la educación.