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El 2024 ha demostrado que la crisis de violencia en México no se ha resuelto. La gran incógnita es qué rumbo tomará el país en los próximos años. Este problema social ha impactado a las escuelas. La violencia escolar forma parte de la realidad cotidiana de las instituciones educativas. Es un tema actual, que ha adquirido importancia debido a la frecuencia con que se presenta y a las consecuencias personales y sociales en que deriva. Se trata de un fenómeno cuya complejidad no puede ser analizada con una sola perspectiva, metodología o enfoque. Desde el ámbito de la salud, se ha analizado como un problema médico, psicológico y físico; desde la sociología, como un hecho social que afecta la convivencia en el ámbito escolar y trasciende a los espacios familiar, comunal y social; desde el derecho, como una conducta antisocial de los menores de edad, con poca o nula regulación, entre otros. Para su análisis, se requiere una reflexión colectiva donde se visualicen los factores que la influyen, pero también aquellos que pueden prevenirla.
La investigadora María del Rosario Ayala-Carrillo, autora de “Violencia escolar: un problema complejo”, considera que la violencia escolar es un reflejo de la descomposición de la sociedad, en el marco de un Estado de derecho débil, una estructura socioeconómica incapaz de satisfacer las necesidades básicas de la población y una ruptura del tejido social que desencadena la lucha por espacios alternos de sobrevivencia y reorganización sociopolítica (Tello, 2005). No es posible hablar de violencia escolar de forma aislada, sin establecer nexos entre lo público y lo privado, entre comportamientos colectivos e individuales, aspectos del ambiente familiar y comunitario; sin aludir a las diferencias, de género y a las historias de vida de quienes agreden o son víctimas de agresiones; y, por supuesto, sin considerar la cultura, las relaciones interpersonales, etcétera.
El contexto. Desde hace unos años, en México la violencia se ha posicionado como uno de los asuntos prioritarios del debate público y de la agenda gubernamental. Alarmantes cifras en torno a los índices delictivos, especialmente relacionados con la actividad de los grupos delictivos organizados, nos despiertan cada mañana en los periódicos, las redes sociales, la radio y la televisión. Sin embargo, a diferencia de lo que muchos postulan, el problema de la violencia social no radica solo (ni fundamentalmente) en las sangrientas pugnas de cárteles y bandas criminales. El alto grado de marginación en el que viven millones de habitantes y la ausencia funcional –si no territorial– del Estado en amplias zonas del país (O’Donnell, 1994), son el caldo de cultivo perfecto para la emergencia de actores que conciben lo público como un botín, cuya captura estaría justificada por la vigencia de orden social injusto y excluyente, opinan los investigadores de la UNAM José del Tronco Paganelli y Abby Madrigal Ramírez.
Si la escuela es una caja de resonancia que amplifica lo que ocurre más allá de sus muros, es legítimo cuestionarse si las formas y niveles de violencia social externas se reproducen al interior de los planteles escolares (Conde, 2011). Las escuelas, como otras instituciones, están inmersas en entornos conflictivos. Sin embargo, la violencia escolar no es un simple reflejo de lo que ocurre en la sociedad, es también, a menudo, una institución productora de violencia. Por ello, no resulta sorprendente que algunas formas de violencia social se repliquen en sus factores: 1) el bienestar subjetivo de los estudiantes y 2) la decisión de salirse de la escuela.
“Las manifestaciones de violencia escolar son múltiples y variadas. Las dimensiones, por su parte, hacen referencia a tres tipos de violencia, sustentadas en relaciones sociales específicas que involucran de diferente manera a los miembros de una comunidad escolar: la violencia entre pares, situaciones lesivas de la integridad personal, que se dan como consecuencia de la interacción de los alumnos entre sí (Ortega, 2008). La violencia institucional o de la escuela (Abramovay, 2005, Gómez Nashiki, 1997), condiciones normativas y prácticas de la autoridad escolar (directivos y maestros) que generan en los alumnos una sensación de injusticia, abuso de poder o desinterés por su aprendizaje. La violencia del entorno hacia la escuela, todas las realidades sociales que, desde el exterior, afectan negativamente y ponen en riesgo la seguridad de la escuela y de sus integrantes (Conde, 201)”. Esta violencia externa ahora es la que más influye en el ámbito escolar.
En su momento el Instituto Nacional de Evaluación Educativa (INEE) (Aguilera et al., 2007) destacó que los docentes que perciben mayor violencia fuera de la escuela, también la identifican al interior de la institución. Esta correlación entre los índices de violencia lleva a concluir que el contexto social de la escuela tiene un lugar de primera importancia en la manifestación del fenómeno de la violencia. En estos estudios se subraya que la violencia escolar es una de las muchas formas de violencia que se viven en México, y que no se presenta de forma aislada, está interrelacionada con otros tipos de violencia. De ahí la necesidad de conocer más sobre el contexto sociocultural de las relaciones interpersonales, cercanas y personales, que ayuden a comprender la violencia en las escuelas, comenta Ayala Carrillo, de la Universidad Autónoma Indígena de México.
La violencia escolar es un reflejo de la que se vive en otros espacios cercanos a la escuela, por ello es necesario trabajar de manera conjunta (profesional, personal, social, cultural), para crear entornos familiares y sociales más saludables. Además, se requiere un Estado más fuerte, en donde las normatividades sean puestas en práctica, las leyes sean respetadas y las medidas más efectivas. Es muy importante considerar las condiciones de género, ya que las desigualdades y prácticas culturales han producido situaciones de violencia tanto para mujeres como para hombres, pero su concepción es diferente y, por lo tanto, afectan a cada una de diversas formas. La situación actual sobre la crisis de la violencia que vive México exige una reflexión profunda sobre las políticas implementadas y su efectividad. La violencia en México no es solo un problema local; es un llamado a la acción global para enfrentar a quienes la provocan, restaurar la paz en el país y coadyuvar en la solución de la violencia escolar. Que la escuela sea el espacio, el lugar donde se aprenden y aprehenden las conductas de convivencia, se aprende a tolerar y evitar ejercer la violencia.