Análisisjueves, 23 de enero de 2025
México y Estados Unidos
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Antes de entrar en el tema de esta reflexión, quiero rememorar al Licenciado Dionisio E. Pérez Jácome, quien fuera amigo de mi papá y a quien conocí personalmente cuando fue jefe de la Oficina de Gobierno del Estado. Su trabajo ejemplar como servidor público ha sido una referencia para muchos y hace pensar que en nuestro país sí es posible trabajar en favor del bien común de manera profesional, amable, optimista, efectiva y con honestidad.
El pasado 20 de enero inició el segundo periodo ejecutivo del presidente Donal Trump, en medio de muchas expectativas por su peculiar estilo de comunicar ideas, negociar y gobernar. Se ha escrito mucho sobre él y hasta existe una serie de televisión sobre su vida a la que se tiene acceso por la plataforma Netflix.
Los Estados Unidos de Norteamérica siempre han influido en el desarrollo de México porque dicho país se fundó en 1776 antes que nuestro país. Las trece colonias de Inglaterra lograron su independencia e inmediatamente se constituyeron como una federación con el primer gobierno democrático moderno, constitucional, republicano y con un fuerte Estado de Derecho. Estas características y su alto espíritu religioso y liberal en lo económico le valieron para progresar y convertirse en un país laborioso y pujante.
Muchos colonos consideraban que estaban llamados por Dios para ocupar el territorio del Continente Americano y colonizarlo. Cuando lograron su independencia, “Los Padres Fundadores” consideraron además de la expansión territorial, influir con su democracia, sus valores y en general su forma de vida en otros países del continente. Así nacieron la idea “El Destino Manifiesto” y doctrina “Monroe” que aleja la influencia europea.
La Unión Americana aumentó su número de estados arrebatando territorios a España y unos pocos años después influyó en la caída del libertador Agustín de Iturbide en 1824. Mediante la guerra a nuestro país que culminó con los tratados de Guadalupe Hidalgo de 1848, adquirió California, Arizona, Nuevo México, Texas, Nevada, Utah y partes de Colorado, Wyoming, Kansas y Oklahoma. También le compró territorios a Francia y a Rusia para consolidar su enorme territorio.
Durante el siglo XIX, los Estados Unidos influyeron diplomáticamente y ayudaron al presidente Juárez enviando armas para derrotar a los conservadores y al emperador de México Maximiliano I. El Tratado Mac Lane-Ocampo por el que se concedía a perpetuidad el libre tránsito de ciudadanos norteamericanos y sus mercancías por el Istmo de Tehuantepec, se firmó en Veracruz el 14 de diciembre de 1859, aunque no fue ratificado por el Senado de los Estados Unidos, el cual consideró fortalecería a los estados del sur.
Durante la Revolución Mexicana, el presidente Venustiano Carranza autorizó al gobierno de los Estados Unidos para que el General John J. Pershing persiguiera al forajido Pancho Villa, que había atacado el 9 de marzo de 1916 el pueblo de Columbus, Nuevo México. Aunque nunca lo atraparon, la expedición punitiva encabezada por el general Pershing estuvo en territorio mexicano 11 meses hasta el 17 de febrero de 1917.
Durante el siglo XX, México pasó de ser vecino a ser socio y amigo de los Estados Unidos y en diciembre de 1994 se firmó el Tratado de Libre Comercio de Norteamérica con Estados Unidos y Canadá -hoy llamado T-MEC-, y que ha estrechado la cooperación entre nuestros países.
Las relaciones de México con los Estados Unidos no han sido fáciles, pero son necesarias para los dos pueblos que han alcanzado una enorme amistad e interdependencia. El presidente Trump tiene la oportunidad de continuar la obra de otros presidentes como Abraham Lincoln, Ulysses S. Grant, Franklin D. Roosevelt, Harry S. Truman y John F. Kennedy, quienes son bien recordados por sus consideraciones hacia los mexicanos y, en algunos casos, por su ayuda a nuestro país.