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El radar de penetración de la NASA realizó el hallazgo en el hemisferio norte de Marte; el delta es anterior al Western Delta, que data de hace unos tres mil 500 tres mil 700 millones de años
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El director del DIF Municipal de Veracruz advirtió que las cifras de sobrepeso y obesidad reflejan un problema creciente que ya no se concentra únicamente en la infancia
La organización NMDP impulsa campañas informativas en ciudades como Xalapa para que más personas de entre 18 y 35 años se sumen y aumenten las posibilidades de encontrar compatibilidades que pueden significar una oportunidad de vida
En términos generales, el cerebro es una estructura blanda al interior de una cavidad protegida por huesos / Foto ilustrativa: Ricardo Martínez | Diario de Xalapa
Para tener una idea de cómo es un cerebro físicamente, pensemos en una nuez descascarada. Viene a nuestra mente su color en tonos beige, sepia y café, además de lo ovalado de su periferia. Destacan sus característicos pliegues conformados por materia de consistencia grasosa, condiciones que le aportan textura. Claro, el tamaño de una nuez es mínimo en comparación con el de un cerebro humano.
Mientras que la nuez pesa alrededor de 10 gramos, nuestro cerebro pesa entre 1.3 y 1.5 Kg, y es del tamaño de un melón, así como el melón tiene una cáscara que protege su interior, el cerebro tiene 3 capas llamadas meninges que lo cubren. La piamadre o madre piadosa, es la más interna y que “abraza” al cerebro, aracnoides la de en medio, que parece telaraña y duramadre la más externa y resistente.
Además de los humanos, distintas especies animales poseen cerebro; ninguno de ellos es igual que otro en términos fisiológicos. Si bien comparten características macroscópicas, la masa, volumen y peso es distinto. Estos atributos físicos se explican por el tamaño del animal, la complejidad celular que lo integra, y por los requerimientos metabólicos del individuo.
En términos generales, el cerebro es una estructura blanda al interior de una cavidad protegida por huesos; se encuentra integrado por billones de células, entre ellas neuronas, células gliales, células que revisten a las arterias y venas, e incluso diversos tipos de células sanguíneas. Esta diversidad de tipos celulares, exigen espacio adecuado, ello explica los pliegues, llamados circunvoluciones.
En el cerebro hay distintos tipos de células que usan como “lenguaje” la comunicación electroquímica, que también les sirve para “hablar” con las células de otros órganos del cuerpo. Algunos investigadores se enfocan en la caracterización neuroanatómica (estructura y organización); mientras que otros interesados en la función, estudian los aspectos fisiológicos y de interacción con su entorno.
Estudiar el impacto de fármacos en humanos, solo es posible cuando estos son mínimamente invasivos / Foto ilustrativa: Ricardo Martínez | Diario de Xalapa
Sin embargo, estudiar al cerebro plantea preguntas relevantes como ¿Cuáles son las células que participan específicamente en el fenómeno de estudio? ¿Cómo se conectan las neuronas para dar respuesta a un estímulo? ¿Cuál es el impacto del daño cerebral en los órganos del cuerpo, y viceversa? Dar respuestas a estas inquietudes requiere evaluar aspectos bioquímicos, histológicos y conductuales.
Por ejemplo, en los estudios farmacogenómicos enfocados en enfermedades crónicas, el primer esquema de trabajo implica el uso de modelos animales para identificar las células y los circuitos involucrados, la dinámica de producción o degradación de moléculas, la señalización activada y, entre otros los cambios conductuales de los individuos, pero ¿esto cómo se extrapola a los humanos?
Si bien la extrapolación directa del conocimiento obtenido en modelos animales a la situación humana no es posible, es innegable que los animales tienen emociones, basta con ver a nuestras mascotas para saber cuándo están felices, enojadas o tienen miedo, y curiosamente, estas emociones son reguladas a nivel cerebral por los mismos circuitos y estructuras que regulan las emociones humanas.
Basado en esta semejanza, se han desarrollado modelos que permiten comprender el origen de enfermedades que afectan al cerebro, como Parkinson, Alzheimer, epilepsia, ansiedad o depresión, por mencionar algunas, y por esta misma similitud, es posible estudiar nuevos fármacos que permitan atender la enfermedad y mejorar la calidad de vida de quien la padece.
Estudiar el impacto de fármacos en humanos, solo es posible cuando estos son mínimamente invasivos. Normalmente, el uso de fármacos en ensayos clínicos se conforma de varias etapas, las cuales fueron previamente evaluadas en modelos animales, sujetos para los cuales existe normativa en la que el respeto a la vida, el bienestar animal y el uso ético de datos es fundamental.
Para que un medicamento pueda estar disponible en la farmacia se requieren estudios y validaciones que pueden abarcar de 10 a 15 años. Entre los pasos que deben darse para certificar la función, con el mínimo de efectos adversos de un medicamento, se encuentran los ensayos en cultivos celulares, modelos animales y pruebas en humanos voluntarios.
En suma, el estudio del cerebro implica integrar los saberes de distintos/as profesionistas, además de una adecuada estrategia para avanzar en la comprensión de ¿cómo el cerebro regula todas las funciones cerebrales? Una pista es: Las células se adaptan para favorecer una eficiente comunicación.