Comunidades originarias tratadas como “atractivo turístico sin respeto”: antropólogos piden proteger patrimonio de Veracruz
Alfredo Delgado Calderón señala que “las instituciones encargadas de la cultura atraviesan actualmente su peor crisis”
Maribel Sánchez
Instituciones encargadas de la cultura en Veracruz enfrentan su peor crisis
Señaló que se orilla a las comunidades a generar memoria colectiva significativa basada en otra cosmovisión y se impide que el turismo realmente aprenda a partir de un conocimiento milenario en resistencia.
Las declaraciones formaron parte de los comentarios al libro de reciente publicación Debates, reflexiones y prácticas contemporáneas del patrimonio cultural, editado por El Colegio de Veracruz y coordinado por Sergio Vásquez Zárate, recientemente fallecido.
Al ahondar en el tema de patrimonio, Alfredo Delgado, director del Museo de Antropología de Xalapa, compartió que fue testigo en el pasado de una vorágine institucional por obtener declaratorias de patrimonio.
Tlacotalpan, los Voladores e incluso la gastronomía veracruzana fueron promovidos como patrimonio cultural, muchas veces sin la participación plena de las comunidades involucradas. El resultado, subrayó, son restricciones normativas sin acompañamiento institucional que afectan el tejido social y las prácticas vivas.
“El caso de Tlacotalpan es patético”, afirmó.
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Con los Voladores, explicó, el problema radica en imponer una única forma de practicar una tradición que es compartida desde Sinaloa hasta Guatemala, lo que deriva en estereotipos y exclusiones.
Antropólogos lamentan la desaparición de apoyo a museos comunitarios
El antropólogo celebró que el libro presentado proponga una noción de patrimonio vinculada con el desarrollo comunitario, la sustentabilidad, la bioculturalidad, el género y la participación social.
Lamentó también la desaparición de apoyos a museos comunitarios y programas como el de música popular. “Ahora muchos músicos tradicionales están a la buena de Dios. La cultura popular se hace con el Estado, sin el Estado y muchas veces en contra del Estado”, denunció.
Afirmó que a partir del año 2000, las políticas neoliberales redujeron el papel del Estado, delegando a la sociedad la responsabilidad de sostener la vida cultural.
La presentación del libro sirvió también para replantear el papel del patrimonio cultural: no como una etiqueta o un producto turístico, sino como una construcción viva que debe ser defendida y resignificada desde las propias comunidades.




























