Fervor llegó a Xalapa para aprender y mantener vigentes la magia del malabarismo y la acrobacia [Fotos]
En plena pandemia, comenzó a hacer malabares y desde entonces no ha dejado de formarse en acrobacia, monociclo, teatro aéreo y más
Maribel Sánchez
“Me gusta moverme y jugar”, dice con naturalidad el artista nativo de la Ciudad de México, quien encontró en la capital del estado un sitio donde desarrollarse y acercarse a profesionales como Enrique Vázquez Burgos y Paloma Medina Ávalos.
Llegó al arte circense en plena pandemia
En plena pandemia, comenzó a hacer malabares y desde entonces no ha dejado de formarse en acrobacia, monociclo, teatro aéreo, teatro de calle, teatro físico, danza, máscara y narración oral.
“Una de las enseñanzas más grandes es estar en el presente, con apertura a la incertidumbre”, reflexiona. “Saber que no controlo las cosas”. Y eso, afirma, lo ha aprendido lanzando pelotas al aire, confiando en que regresen.
El malabarismo, dice, lo enfrenta consigo mismo, lo obliga a estar aquí y ahora. La acrobacia, por su parte, lo ha llevado a explorar los límites del cuerpo y del riesgo, siempre dentro de espacios seguros.
En un contexto marcado por el individualismo, Fervor defiende la importancia de generar espacios donde la confianza, el acuerdo y hasta el conflicto puedan convivir desde el diálogo.
Xalapa vive un momento importante
En entrevista en el barrio de Xallitic, asegura que el circo necesita de una escucha constante. No solo del cuerpo, sino también de la comunidad que se forma a su alrededor.
Desde las esquinas de los semáforos hasta los espacios comunitarios y las aulas, el arte circense contemporáneo en Xalapa vive —a su parecer— un momento importante.
“En 2025 lo veo mejor, tanto para quienes hacemos circo como para el público. Pero falta dignificar la labor. Más personas lo disfrutan como una función estética, pero también como una práctica con función social”.
Para Fervor, el valor del circo no radica en la espectacularidad del truco, sino en el proceso. En el juego que implica lanzar y atrapar una pelota. En lo que ese acto, aparentemente simple, puede abrir en términos de relación, comunidad e interacción social.
“Los niños están más dispuestos a jugar. Y el circo tiene mucho, pero si se parte del juego, se parte de la relajación y de una disposición de disfrutar el camino”.
Fervor invita a consumir el arte circense, mientras él continúa aprendiendo en talleres, en la práctica, en las circonvenciones y con otros artistas y maestros.
“A veces coincido con sus criterios, a veces no. Pero todo deja huella. Aquí en Xalapa hay muchas personas valiosas en muchos sentidos. Se socializan los saberes”, puntualiza.
Fervor también es cuentacuentos y bailador de cumbia. Todo eso cabe en su su personaje, alebrije escénico a quien en redes sociales se le encuentra como Nomadismo narrativo, y desde ahí —como en la calle— busca seguir comunicándose y seguir jugando.






























