Xalapa devota a San Rafael Guízar y Valencia, el santo y “Obispo de los pobres” que descansa en la Catedral [Fotos]
Cada 6 de junio se cumple un año más de la muerte del “misionero incansable” cuyo cuerpo permaneció incorrupto en un cementerio de la capital de Veracruz
Salma Lara / Diario de Xalapa
Xalapa vive la fe a San Rafael Guízar y Valencia
Ya sea para pedirle que interceda y los ayude a resolver algún problema, para que sane alguna enfermedad, pidiendo paz, claridad o simplemente para agradecer, es como se reúnen alrededor de su tumba en cualquier momento del día.
Origen del legado de Guízar y Valencia, el obispo de los pobres en México
Monseñor Rafael Guízar Valencia fue uno de los 11 hijos de doña Natividad Valencia Vargas y don Prudencio Guízar González, nacido el 26 de abril de 1878 en Cotija de la Paz, en el estado de Michoacán.
Fue el primero de agosto de 1919 cuando, estando en Cuba, fue nombrado obispo de Veracruz por S.S. Benedicto XV, siendo Consagrado en la Catedral de La Habana, y tomando posesión de la Diócesis de Veracruz el 3 de enero de 1920.
Ferviente devoto de la Sagrada Eucaristía y María Santísima, como también se le conoce, pasó nueve de los 18 años que sirvió a su diócesis en el exilio o huyendo durante la Guerra Cristera en México, siendo buscado para matarlo.
Su vida cambió cuando sufrió un ataque cardíaco en 1937 mientras predicaba en Córdoba, siendo a partir de entonces que estuvo postrado en cama, mientras dirigía la diócesis desde su lecho, además del seminario por el que tanto trabajó.
Su cortejo fúnebre pasó por Perote, Las Vigas, y Banderilla hasta llegar a Xalapa, donde miles caminaron detrás de su féretro. Fue el 8 de junio cuando fue sepultado en el Panteón 5 de Febrero.
El primer obispo mexicano canonizado que se conservó incorrupto en Xalapa
La sorpresa fue haber encontrado su cuerpo incorrupto, siendo trasladado a la Catedral Metropolitana para ser nuevamente sepultado y donde miles de peregrinos acuden los días 23 y 24 de octubre para celebrar su festividad.
Fue beatificado el 29 de enero de 1995 por S.S. Juan Pablo II, por un primer milagro que consistió en que “una mujer estéril genéticamente concibió un hijo gracias a su intercesión”.
































