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Locallunes, 7 de julio de 2025

“Proceso de deportación fue denigrante”; periodista xalapeño tras 9 años en Estados Unidos

Permaneció durante casi 9 años en ese país y fue deportado al inicio de la administración del presidente Donald Trump

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Miguel Salazar

Deportación de Estados Unidos fue denigrante

Toño, como es más conocido entre sus amistades, permaneció durante casi 9 años en aquel país, en donde trabajó en una empresa de software, en una librería y en una compañía constructora, entre otros empleos.

Aunque intentó ejercer la profesión del periodismo en Estados Unidos, no lo logró con satisfacción, pues los salarios que le ofrecían eran muy bajos, incluso en una ocasión solamente le ofrecieron una beca a cambio de sus servicios.

Primero se fue a la Ciudad de México

Toño primero estuvo en la Ciudad de México, en donde permaneció como unos cuatro años, sin embargo, debido a que “no había mucho margen de progresar”, entonces decidió irse a Estados Unidos.

“A diferencia de muchos que viven en Estados Unidos, yo me fui como por otros intereses, no tanto por dinero; estuve allá casi nueve años, en la ciudad de Las Vegas, Nevada, la mayoría del tiempo viví ahí, aunque viajaba bastante dentro de toda la Unión Americana”, relata.

Anteriormente, había viajado unas dos o tres ocasiones a Estados Unidos para visitar a unas amistades; “ya la última vez, cuando decidí quedarme, fue cuando el panorama laboral no era muy bueno para el periodismo y la situación estaba difícil”.

La vida no era fácil al principio, pues aunque solicitó una visa humanitaria, carecía de permiso para estar en ese país y tampoco tenía trabajo.

Aunque con insistencia intentó trabajar como periodista, insiste en que no lo logró, pues señala que ese tipo de trabajo “es de los más controlados para los güeros”; el 6 de marzo de este año regresó a México, deportado.

Antonio es licenciado en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Veracruzana y también cuenta con una maestría en Comunicación. Incluso, es pasante de la licenciatura en Derecho y a pesar de contar con preparación académica y profesional, no pudo ejercer plenamente alguna de sus profesiones en la Unión Americana.

“Lo intenté, apliqué para una televisora local allá y sí, en un principio me aceptaron, pero como no tenía yo el permiso de trabajo, me fue difícil y al final me pagaban muy poco, era como una beca prácticamente”, señala.

Entonces, agrega: “yo dije, pues, a mi edad y con mi experiencia y sobre todo con los gastos allá, pues no me puedo dar el lujo de estar como becado”.

En ese entonces, Toño tenía entre 36 y 37 años y ante la necesidad de tener trabajo decidió aceptar otros empleos; “allá se gana mucho, se podría decir, se gana bien, pero se gasta muchísimo; es muy difícil”.

“Me agarraron en el día número 13”

Con el paso del tiempo, Antonio obtuvo un permiso de trabajo, aunque su situación migratoria siempre estuvo en proceso, por lo que prácticamente permaneció como indocumentado en Estados Unidos.

“Buscaba la manera de subsistir; yo caí en la cárcel varias veces por faltas administrativas, por vender cervezas y alcohol afuera de los estadios, por vender camisetas, por vender banderas, pues aunque no es un delito grave, el comercio ambulante no está permitido por allá”.

En compañía de unos conocidos, aprovechó que en Las Vegas había muchos conciertos, partidos de futbol y demasiados turistas en las calles para realizar las ventas.

“La última vez que me detuvieron fue cuando me llevaron a la cárcel y luego de estar dos días ahí, me llevaron a inmigración, ya fue durante el actual gobierno de Donald Trump”, recuerda.

“A mi me agarraron en el día número 13 del gobierno de Donald Trump y creo que como la nueva política que traen, los policías están muy empoderados ahora en Estados Unidos, pues no puedes discutir con ellos y se ponen muy pesados”.

“En una ocasión yo vi que un policía venía detrás de mí; solté mi mercancía, corrí y me sometieron, o sea, te tiran, a mí me tiraron al piso y te aplican la que le aplicaron a George Floyd, que es la de ponerte la rodilla en el cuello y se dejan caer con todo”.

Entonces, agrega, “ya te rindes y ya te levantan, te estrujan, te jalonean, te tratan muy mal, te denigran, te esposan y luego vas para migración”.

Una vez en manos de autoridades migratorias, agrega, “el trato es todavía más denigrante, porque te esposan de las manos a la cintura y de ahí te ponen los grilletes en los pies y una cadena que une todo; por más que quieras correr o escaparte, no vas a poder”.

“Todo el tiempo te están gritando, no te hablan en español para nada; yo puedo hablar los dos idiomas sin problema, pero había gente que no habla inglés y se sentía como que estaban nerviosos, porque los policías le gritaban y todo eso era muy denigrante”, sostiene.

Deportación voluntaria

Desde el momento que llegan a esas instalaciones, dice que a los migrantes detenidos les dan oportunidad de firmar un documento para dejarlos libres y obligarlos volver a su país a través de una deportación voluntaria.

Sin embargo, también se les da la oportunidad de esperar alrededor de 24 días para ser presentados ante un juez con tal de que se defina su situación y saber si se podría permanecer en Estados Unidos de forma condicionada.

Cada migrante es fichado con base en sus características físicas y sus antecedentes; “te miden, te pesan, te revisan todo el cuerpo, te encueran, te desnudan y te buscan en todos los rincones cicatrices, tatuajes y te empiezan a clasificar de acuerdo al grado de peligrosidad”.

Lo más temido para los migrantes que están a disposición de autoridades migratorias de Estados Unidos es una celda de castigo que le llaman “el hoyo”, pues se trata de un espacio que carece de ventanas y recibe luz artificial.

Caer ahí es muy pesado, pues se trata de un completo aislamiento, en donde “estás solamente tú y tu mente, no hay distracción, radio, una revista o algo para leer; el tiempo pasa muy lento”.

Recuerda que en “el hoyo” cayó un venezolano de 19 años “solo por tener los tatuajes; “estuvo nueve días en ‘el hoyo’ y ya desesperado intentó suicidarse con una sábana; lo sacaron, lo llevaron al psiquiatra y ya después lo llevaron a la población”.

Había migrantes de muchos países

En esa cárcel, Antonio tuvo acercamiento con migrantes de diversos países, la mayoría de México; “había muchos mexicanos y también colombianos, venezolanos, guatemaltecos, salvadoreños, nicaragüenses y había incluso romanos; solamente vi un hindú”.

En ese lugar había gente que tenía 9 meses y hasta 18 meses, porque apelaban en espera de una resolución a su favor.

Al paso de casi dos meses, Toño fue presentado ante un juez, quien le dijo que tenía un proceso iniciado en que podía quedarse sin problemas en Estados Unidos, con la condición de que pagar una fianza de cinco mil dólares.

Además también tenía que portar un grillete para garantizar su estancia condicionada en Estados Unidos, por lo que finalmente decidió regresar a México de forma voluntaria.

Antonio volvió a México el 6 de marzo de este año y lo primero que hizo fue regresar a Xalapa, en donde se reunió con su mamá. Además, actualmente desarrolla un proyecto periodístico con el que pretende ganarse la vida. “Amo mucho a mi tierra, a México, a mi Xalapa, sobre todo”.

Además, insiste que por lo pronto no tiene la intención de regresar a Estados Unidos, “al menos no en las circunstancias en las que estuve allá”.

“Yo tengo otro proyecto, yo soy periodista, yo tengo profesión; muchos de los que migran para allá, son gente que no tiene profesión y van a trabajar en lo que sea. Yo tuve que vivirlo allá, yo no sabía cómo era, tuve que vivirlo para realmente conocer el sueño americano, que no es más que una simple falacia”, puntualiza.

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