A fin de no establecer requisitos imposibles de cumplir, las autoridades deben ser más conscientes de lo que comprende esta discapacidad para de tal manera poder actuar de manera más empática y así lograr que su alcance cumpla con su objetivo social.
En conclusión, es urgente, trabajar en tener funcionarios públicos más empáticos, conscientes y capacitados de la naturaleza y alcance de las discapacidades psicosociales, lo anterior a fin de evitar prejuicios, estigmas y estereotipos.
En Redsalud Internacional, trabajamos para reducir los estigmas y estereotipos de cualquier enfermedad crónica degenerativa. /Con colaboración de José Francisco Domínguez Aguilar.
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La Organización Mundial de la Salud define la discapacidad psicosocial como aquellos factores sociales negativo que traen aparejados: A) Estigmas, B) Discriminación, C) Exclusión y D) Violaciones de los derechos humanos padecidos por personas con diagnósticos de trastorno mental. La discapacidad psicosocial ocasiona limitaciones o restricciones significativas en la participación de una persona en actividades cotidianas, que para otras personas sin éstas condiciones mentales o psicológicas resultan sencillas de realizar.
Dicha condición difiere de otras similares, tales como la discapacidad física o intelectual, en que la psicosocial no se refiere a la afectación de la función física o intelectual de la persona, sino a la afectación de su capacidad para realizar actividades ordinarias de nuestra vida diaria, que deviene de un trastorno o enfermedad mental. Debido a la complejidad de estos trastornos, a menudo se confunden los términos de discapacidad mental y discapacidad psicosocial, sin embargo, la discapacidad psicosocial es mucho más amplia, abarcando no solo trastornos mentales y emocionales, sino también problemas sociales y emocionales asociados a la marginación, la exclusión y la pobreza.
Dentro de los trastornos y enfermedades contemplados como discapacidades psicosociales, entre otros, se encuentran: 1) Depresión; 2) Psicosis; 3) Trastorno bipolar; 4) Esquizofrenia; 5) Trastorno esquizo-afectivo; 6) Trastorno dual; 6) Fobia Social; 7) Trastorno Obsesivo Compulsivo; 8) Trastornos Somatomorfos; 9) Bulimia, y; 10) Anorexia
De tal manera, los diferentes tipos de discapacidad psicosocial, sin el tratamiento adecuado, pueden tener un gran impacto en la vida de quienes los padecen, limitando su capacidad para interactuar con la sociedad y llevar una vida normal, recalcando, tal como previamente se ha dicho que dichas discapacidades no son enfermedades o trastornos de las que se pueda “curar”, pero que con el tratamiento y el apoyo adecuados, es posible llevar una vida digna, plena y satisfactoria, en otras palabras una vida de calidad.
El gran problema para la discapacidad de dicho orden radica en la invisibilización que socialmente hacemos de ella, la cual no solo se traduce, en la falta de difusión de su naturaleza, así como la ausencia de centros de atención oportuna, confiable y sin costo para la población que no cuenta con los recursos económicos para costear un tratamiento que incluye medicación, terapias y consultas con diversos especialistas, tales como neurólogos y psiquiatras, y si bien desde hace décadas se implementó en nuestro país una beca de carácter bimestral para apoyar a personas con la multicitada discapacidad, no existe una debida divulgación de las condiciones y requisitos para acceder a ellas, los cuales incluso son ignorados por las propias dependencias ante las cuales se realizan los trámites necesarios; sino también en los estereotipos y estigmas que socialmente hacemos de lo que creemos debe ser una persona con una enfermedad o un trastorno mental.
Lo anterior, en el caso de la incapacidad psicosocial hace que las personas que sufren de ellas enfrenten un estigma al momento de reunir los requisitos necesarios para poder tener acceso a dichos apoyos, y es que a diferencia de lo que ocurre con otras discapacidades, como la motriz, la auditiva o la visual que son evidentes y saltan a la vista, resulta imposible que con el simple hecho de observar a una persona, los funcionarios de las dependencias ante las que se realizan las gestiones de las citadas becas puedan corroborar que la persona solicitante tiene una discapacidad psicosocial, lo que se traduce en rechazo y malos tratos para quienes quieren acceder a ellas, al considerar “a simple vista” que la persona es totalmente normal y por ello no necesita del apoyo.
Dicho estereotipo del discapacitado debe ser combatido, porque el mismo genera una severa discriminación en contra de quienes lo sufren, porque en la práctica los funcionarios públicos de las unidades médicas familiares no cuentan con la debida capacitación y conocimiento de cuáles son los padecimientos que se encuentran incluidos dentro de las discapacidades psicosociales, y al desconocerlos, niegan las constancias de discapacidad a personas que ellos consideran se ven o lucen normales, sin tener conciencia que tal como se ha señalado es imposible que a través de la simple observación podamos saber que es lo ocurre al interior de la mente de una persona con depresión, trastorno obsesivo compulsivo, fobia social o cualquier otro de los trastornos que integran la discapacidad psicosocial.
En la actualidad para poder tener acceso a una beca de bienestar por discapacidad psicosocial, los medios oficiales señalan que el solicitante debe llevar, entre otros documentos, una constancia de discapacidad permanente emitido por alguna institución pública de salud, tal como se puede constatar en: https://www.gob.mx/bienestar/acciones-y-programas/pension-para-el-bienestar-de-las-personas-con-discapacidad-permanente, lo que, si bien es entendible en el sentido de requerir un documento oficial a fin de evitar corrupción y trámites indebidos de dicha beca que podrían beneficiar a personas que realmente no padecen de algún trastorno o enfermedad, convierte en una verdadera odisea el trámite para poder acceder a dicha constancia, lo anterior por las siguientes razones.
Actualmente, la mayoría de la población no se encuentra afiliada al IMSS o al ISSSTE, y en los sistemas de salud estatal que ahora son manejados por IMSS-BIENESTAR, resulta prácticamente imposible acceder a tratamientos de especialidad como los que son requeridos por un trastorno o enfermedad mental, ya bien porque no se cuenta con dichos servicios en todas las localidades o porque donde se cuenta con ellos hay que esperar meses para poder contar con el espacio en agenda para una consulta o terapia y eso sin agregar la perenne ausencia de medicamentos en los servicios públicos de un colapsado sistema de salud.
De tal manera, en muchas ocasiones, las familias que enfrentan lo anterior tienen que recurrir a consultas y terapias privadas para llevar sus tratamientos, sitios en los que se tiene el diagnóstico y seguimiento del mismo, por lo que cuando llega el momento para reunir los requisitos necesarios para acceder al apoyo gubernamental señalado, la vía es presentar dicho diagnóstico privado a una clínica familiar pública del sistema IMSS- BIENESTAR para poder que ellos expidan el documento oficial, sin embargo, los médicos y personal administrativo de dichos espacios no cuentan con la debida capacitación para discernir cuales son los trastornos reconocidos en documentos oficiales por la OMS como los que integran las discapacidades psicosociales y en casos como el trastorno obsesivo compulsivo terminan negando la constancia de incapacidad permanente, con lo que se ve truncada la posibilidad de poder acceder a la beca respectiva.
La naturaleza de dicho apoyo gubernamental, es conseguir equidad para personas que, a diferencia de las personas con “normalidad” tienen que enfrentar la vida diaria con una condición que les hace requerir un esfuerzo mayor para socializar y enfrentar la cotidianidad de la vida diaria por padecer un enfermedad o trastorno mental, sin embargo, esto no es visible, ni puede ser observado, sino es por un diagnostico especializado, es por ello que esta incapacidad sufre el estigma de hacer creer a las personas que si no es porque observan el estereotipo de una persona con una enfermedad mental (individuo con una camisa de fuerza o actuando de una manera totalmente anormal o “alocada”) se niegan a reconocer la discapacidad psicosocial, sobre todo cuando la persona que se presenta a hacer el trámite puede llevar años de tratamiento que le permite tener una vida funcional y estable pero que sin el corre el grave riesgo de una recaída.