Durante años, la Responsabilidad Social Empresarial (RSE) fue vista por muchas compañías como un complemento, una estrategia de relaciones públicas o una forma de mitigar daños reputacionales. Hoy, esa visión ha quedado atrás. En América Latina, donde los desafíos sociales, ambientales y económicos se entrelazan con fuerza, la RSE ha evolucionado hasta convertirse en una demanda activa de la ciudadanía y un criterio decisivo para la sostenibilidad de cualquier organización.
Ya no se trata únicamente de donar o de tener un código de ética visible en la página web corporativa. Hablamos de acciones concretas, medibles y sostenidas que generen impacto positivo en el entorno, desde la cadena de producción hasta la relación con empleados, comunidades y el medio ambiente. La RSE ha dejado de ser opcional: es un factor determinante para ganar la confianza, la lealtad y el respeto de consumidores, trabajadores e inversionistas.
Esta transformación no es una suposición: está respaldada por datos contundentes. Un estudio realizado por Sherlock Communications en seis países de América Latina —Argentina, Brasil, Chile, Colombia, México y Perú— confirma que el comportamiento ético y socialmente responsable de las empresas influye directamente en las decisiones de compra y contratación de la población.
La encuesta revela que el 81% de los latinoamericanos considera que las acciones sociales y ambientales impactan de forma importante su opinión sobre una empresa, y en México, el 45% de los consumidores afirma que sólo adquiere bienes o servicios de empresas socialmente responsables. Esta realidad obliga a repensar la forma en que las compañías se relacionan con sus públicos y con su entorno.
Además, el 66% de los encuestados declaró haber evitado consumir productos o servicios de empresas con las que no estaba de acuerdo por sus posturas o prácticas, lo que demuestra que la ciudadanía no solo observa, sino que actúa en consecuencia.
Para Sarah O’Sullivan, directora de investigación del área Broadminded de Sherlock Communications, el mensaje es claro: “Los consumidores latinos fueron contundentes: muchos no comprarán bienes o servicios de empresas cuyas prácticas no estén alineadas con sus valores. Esto evidencia una necesidad urgente de adoptar prácticas éticas y transparentes”.
La encuesta también muestra que la lucha contra la contaminación del aire y del agua es la principal expectativa de los consumidores en materia de RSE (50%), seguida por el mejor acceso a servicios de salud (45%) y el combate al calentamiento global (43%). En cuanto a los factores más valorados en una empresa, el 59% menciona que su cadena de producción no dañe el medio ambiente y el 46% que pague salarios justos que garanticen una buena calidad de vida para sus trabajadores.
Estos datos reafirman que las preocupaciones sociales y ambientales están profundamente entrelazadas en la percepción del consumidor latinoamericano, especialmente en Brasil, Perú y México, donde el 90%, 87% y 78% respectivamente, dijeron que las acciones sociales y ambientales son clave en su evaluación empresarial.
Las cifras de la encuesta indican que la responsabilidad social no es solo un criterio: es un vínculo. El 72% de los encuestados compra únicamente a empresas responsables, el 73% las recomienda, y el 77% se declara leal a aquellas compañías con las que comparte valores. Incluso en el mundo laboral, la tendencia se mantiene: el 79% prefiere no trabajar en empresas con prácticas poco éticas y valora especialmente aquellas que implementan políticas inclusivas y de prevención del acoso.
Esta sensibilidad también afecta la forma en que las personas reciben los mensajes empresariales. Según el estudio, los científicos y profesores universitarios son las figuras más confiables (44%) para hablar sobre acciones de RSE, seguidos por los empleados de las empresas (37%), líderes comunitarios (28%) y periodistas (28%). En contraste, los políticos, celebridades, influencers y abogados figuran entre los menos confiables.
Más que una tendencia: una nueva realidad empresarial; a pesar de todo, aún hay empresas que ven la RSE como una moda o una estrategia secundaria. Pero los datos son contundentes: sólo un 9% de los encuestados cree que las empresas no deberían posicionarse en temas sociales o ambientales. El resto espera acciones claras, valores definidos y coherencia entre el discurso y la práctica.
Hoy, hacer el bien no es solo correcto: es rentable. Las empresas que entienden que la sostenibilidad, la ética y el compromiso social son parte del corazón de su modelo de negocio, no solo construirán una mejor reputación, sino también relaciones más sólidas, duraderas y productivas con sus comunidades.
La RSE ya no es una opción para destacarse: es una obligación para sobrevivir.
Si quieres ser parte de este movimiento social que logra un cambio en el mundo, contáctanos en direccion@rsalud.com.mx