En México, la pobreza sanitaria sigue siendo una de las expresiones más dolorosas de la desigualdad, y se manifiesta con especial crudeza en la niñez. La falta de acceso a servicios de salud, saneamiento, nutrición adecuada y condiciones de vida dignas no es solo un síntoma, sino una causa directa del rezago en el desarrollo infantil; especialmente en el sur-sureste del país, millones de niñas y niños crecen en entornos donde la salud parece un privilegio y no un derecho.
De acuerdo con el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL), en su medición multidimensional de la pobreza 2022, el 36.3% de la población infantil en México vive en situación de pobreza, y más del 17% en pobreza extrema. Estos datos se agravan cuando se considera que 50.4 millones de personas en México carecen de acceso a servicios de salud, lo que representa un retroceso histórico. En el primer trimestre de 2025, Chiapas encabezó la lista de entidades con mayor porcentaje de población cuyo ingreso per cápita es insuficiente para cubrir la canasta básica: 85.3%, seguido por Oaxaca (81.2%) y Guerrero (76.5%). A nivel nacional, más de seis de cada diez personas no cuentan con los ingresos mínimos necesarios para satisfacer sus necesidades básicas (INEGI).
En relación con lo anterior, uno de los efectos menos visibles —pero profundamente dañinos— de esta realidad es la persistencia de enfermedades parasitarias intestinales en la infancia. Según la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición 2023 (ENSANUT), los padecimientos gastrointestinales representan la segunda causa de morbilidad en menores de 14 años, donde el 7.1% de niñas y niños menores de cinco años presentó episodios recientes de diarrea, muchas veces provocados por parasitosis intestinal: una enfermedad asociada a condiciones de pobreza, falta de higiene, agua no potable y alimentos contaminados, esta situación no solo causa ausentismo escolar, sino también desnutrición, retraso en el crecimiento y deterioro del desarrollo cognitivo.
Frente a este panorama, el proyecto “Salud Escolar para un Futuro sin Parásitos” surge como una intervención concreta, sostenible y solidaria, diseñado por Fundación RedSalud Internacional, este programa articula acción médica, herramientas educativas digitales, participación familiar y respaldo comunitario, bajo un modelo de filantropía comunitaria multiactor.
Este programa no se limita a la distribución gratuita de medicamentos antiparasitarios con respaldo médico y farmacológico, promueve la educación para la salud, la prevención activa, y la corresponsabilidad social, basado en un modelo de salud integral; escuelas, madres, padres y cuidadores se convierten en agentes de cambio al integrarse como promotores voluntarios de salud comunitaria. Una de sus principales innovaciones es la incorporación de materiales accesibles y replicables: murales escolares con códigos QR vinculados a videos informativos, cuadernillos con audio-cuentos en lenguaje sencillo y Braille, que permiten una apropiación inclusiva del conocimiento. Así, la salud se convierte en una experiencia compartida y no en un acto asistencialista.
Aunque inicia en comunidades escolares de Chiapas, Oaxaca y Tabasco, el programa fue diseñado desde su origen con una perspectiva nacional; su estructura permite escalar y adaptar la estrategia a contextos diversos, gracias a un sistema de monitoreo de impacto y la articulación entre actores públicos, privados y sociales, diseñado en la plataforma del Observatorio de la Pobreza Farmacéutica, la Equidad Sanitaria y la Exclusión Social.
Escuelas que participan se transforman en aliadas permanentes, empresas que financian campañas locales, al conocer los resultados, se integran a nuevas fases regionales, convirtiendo a sus empresas en socialmente responsables con beneficios mercadologicos, publicitarios, económicos y fiscales; esto convierte el programa en un ecosistema de coinversión social, donde cada participante —ya sea una comunidad educativa, una fundación empresarial o un gobierno local— se convierte en parte de una solución colectiva y transformadora, marcando un precedente del verdadero impacto al hacer filantropía comunitaria.
A diferencia de muchas intervenciones efímeras, “Salud Escolar para un Futuro sin Parásitos” se inserta en la estructura operativa de Fundación RedSalud Internacional, conectando sus acciones con el Observatorio de la Pobreza Farmacéutica, la Equidad Sanitaria y la Exclusión Social, una herramienta institucional que visibiliza las brechas de acceso a medicamentos y atención preventiva en zonas marginadas, además, cada acción está respaldada por el Fondo Solidario de Medicamentos, que garantiza la trazabilidad, transparencia y uso ético de los recursos, canalizando exclusivamente donaciones médicas en especie de laboratorios y distribuidores regulados; convirtiéndose en más allá de una campaña de salud: es evidencia, ética y sostenibilidad social, que permita dar continuidad a un modelo a atención en la salud infantil.
Este modelo de intervención garantiza que cada medicamento llegue a quién lo necesita, sin fines comerciales, sin intermediarios, sin distorsionar el mercado.
En un país donde aún miles de niñas y niños sufren enfermedades prevenibles, hablar de salud escolar es hablar de justicia social. La infancia no puede esperar. Invertir en proyectos como este es apostar por un futuro donde la salud no dependa del lugar donde se nace, sino de la voluntad colectiva de cambiar las cosas. Invertir en salud escolar es transformar comunidades.
Financiar “Salud Escolar para un Futuro sin Parásitos” es sumarse a un modelo de filantropía con impacto probado, dónde comunidades, empresas, instituciones y ciudadanía construyen juntas un país más justo desde sus cimientos: la infancia.
Desde Fundación RedSalud Internacional hacemos un llamado abierto y urgente a organizaciones sociales, empresas con responsabilidad comunitaria, gobiernos locales, instituciones educativas, profesionales de la salud, líderes comunitarios y ciudadanía solidaria a unirse a este esfuerzo colectivo; “Salud Escolar para un Futuro sin Parásitos” no es solo un programa de salud pública o una campaña de una sola ocasión o esporádica, es una causa compartida, es el derecho de la salud continua; cada actor puede sumar: aportando recursos, facilitando espacios, compartiendo conocimiento, promoviendo campañas o siendo puente con comunidades que más lo necesitan.
En un país donde aún hay niñas y niños excluidos de su derecho a la salud, cada alianza cuenta, participar en este programa es apostar por una infancia sana, por escuelas que cuidan y educan, por comunidades que se fortalecen desde lo local y lo humano.
La salud escolar es una tarea de todos. Hoy, más que nunca, necesitamos sumar.
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