Natalicio de Sor Juana Inés de la Cruz: quién fue y por qué sigue siendo un símbolo de México
Este 12 de noviembre se conmemora el nacimiento de Sor Juana Inés de la Cruz, una de las figuras más brillantes del Siglo de Oro
Este 12 de noviembre se conmemora el nacimiento de Sor Juana Inés de la Cruz, una de las figuras más brillantes del Siglo de Oro

Anette Tejeda / El Heraldo de Chiapas
Cada 12 de noviembre, México conmemora el natalicio de Sor Juana Inés de la Cruz, una de las figuras más brillantes de la literatura hispanoamericana y símbolo del pensamiento libre en el periodo virreinal. Nacida como Juana Ramírez de Asbaje en 1648, en San Miguel Nepantla, actual Estado de México, su genio intelectual la convertiría en una voz eterna que desafió los límites impuestos a las mujeres en el siglo XVII.
Reconocida como la Décima Musa, el Fénix de América y el Fénix de México, Sor Juana fue una escritora, filósofa y religiosa que destacó no solo por su poesía, sino también por su profundo pensamiento teológico, filosófico y científico. Su obra trascendió los muros del convento para llegar hasta nuestros días como un referente de la defensa del conocimiento y los derechos de las mujeres.
Hija de Isabel Ramírez y Pedro Manuel de Asbaje, Juana mostró desde niña una inteligencia extraordinaria. Creció entre las haciendas de Nepantla y Panoayán, donde aprendió a leer a muy corta edad gracias a los libros de su abuelo materno. Desde entonces, su curiosidad por el saber la llevó a estudiar gramática latina, teología, literatura y filosofía, conocimientos reservados casi exclusivamente para los hombres de su época.
A los 15 años fue recibida en la corte virreinal de la Ciudad de México, donde su talento impresionó a la nobleza. Sin embargo, buscando una vida dedicada al estudio y la fe, en 1668 ingresó al Convento de San Jerónimo, donde pasó más de 25 años dedicada a la escritura y a la enseñanza. Allí compuso gran parte de su legado literario y científico.
Durante su vida conventual, Sor Juana fue autora de una extensa obra que abarca poesía lírica, teatro y prosa filosófica. Entre sus creaciones más reconocidas se encuentran “Los empeños de una casa”, “Amor es más laberinto”, y sus autos sacramentales como El divino Narciso o El cetro de José.
Su pensamiento alcanzó su máxima expresión con textos como la “Carta Atenagórica” (1690) y la “Respuesta a Sor Filotea de la Cruz” (1691), en los que defendió el derecho de las mujeres a estudiar y pensar libremente. Estas obras, consideradas pioneras del feminismo en América Latina, le valieron tanto admiración como críticas dentro de la Iglesia.
En 1695, una epidemia de tifus acabó con su vida a los 46 años, mientras atendía a sus hermanas del convento enfermas. Su cuerpo fue sepultado en el coro del Templo de San Jerónimo, hoy parte del Claustro de Sor Juana, institución dedicada a preservar su memoria.
Han pasado más de tres siglos desde su muerte, pero las palabras de Sor Juana siguen vigentes. Su poesía, su ironía y su visión del mundo continúan inspirando a generaciones que ven en ella a una mujer adelantada a su tiempo, defensora del pensamiento libre y símbolo de la lucha contra la ignorancia.
En México, su rostro aparece en los billetes de 100 pesos como un recordatorio de su legado inmortal. Cada 12 de noviembre, escuelas, universidades y espacios culturales la recuerdan como una de las mentes más brillantes del Siglo de Oro, pero sobre todo, como una mujer que se atrevió a preguntar cuando no estaba permitido hacerlo.
“En perseguirme, Mundo, ¿qué interesas? / ¿En qué te ofendo, cuando sólo intento / poner bellezas en mi entendimiento / y no mi entendimiento en las bellezas?”— Sor Juana Inés de la Cruz