“Nos sentimos esperanzados de que ahora podemos ser tomados en cuenta, empezar a colaborar y a asociarnos con otros grupos y con el gobierno”, dijo Sánchez Gómez.
Belleza Vs. Desplazamiento
Frutales en riesgo
Pérdida de bosques nativos
“Casi 200 mil hectáreas en un solo año; se acabaron bosques, selvas, pastizales (...) la verdad, Chiapas parecía un desierto”, reconoció.
¿Dónde sembrar?
De acuerdo con el biólogo Sánchez Gómez, la recuperación de los árboles originarios de Chiapas podría lograrse si se impulsa su siembra en espacios urbanos y rurales estratégicos.
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Árboles nativos traerían grandes beneficios para Chiapas / Thiaré García/El Heraldo de Chiapas
En Chiapas, colectivos ambientales y especialistas han encendido la alerta sobre la desaparición de árboles nativos que durante siglos han sido parte de la identidad cultural y ambiental del estado, y que hoy enfrentan un desplazamiento acelerado por la introducción de especies exóticas en campañas de reforestación y proyectos urbanos.
La iniciativa, que aún se encuentra en pláticas desde la Dirección del Jardín Botánico en Tuxtla Gutiérrez, plantea un giro en las políticas de arborización, privilegiando plantas y árboles propios de la región frente a los de origen extranjero.
Más de 40 organizaciones participan en diversas iniciativas en la región / Thiaré García/El Heraldo de Chiapas
Guillermo Sánchez Gómez, biólogo y fundador del colectivo ambiental Heliomaster, detalló que esta propuesta no solo tiene un objetivo ecológico, sino también cultural y social. “Estos proyectos de recuperación de especies vegetales de plantas nativas chiapanecas buscan darles el valor que merecen a través de varias estrategias, sobre todo en su producción e integración a espacios tanto urbanos como áreas verdes de todo el estado”, explicó.
Entre las especies más afectadas se encuentran el sabino del río Sabinal en Tuxtla, el árbol de morro en la región del Soconusco y el denominado flor de mayo en la depresión central; todas desplazadas por árboles introducidos como el flamboyán, el tulipán africano, el nim o la benjamina, cuya siembra masiva ha generado desequilibrios ecológicos, indicó el integrante de Heliomaster.
“El flamboyán suelta una sustancia al suelo que inhibe el crecimiento de otras plantas a su alrededor. Tal vez no tengamos un estudio muy preciso por el momento, pero sí es muy evidente las consecuencias de la presencia de estas plantas exóticas”, señaló Sánchez Gómez.
El especialista recordó que los árboles nativos no sólo cumplen funciones ambientales, sino que sostienen tradiciones locales. “El árbol de morro, por ejemplo, está ligado al pozol y a la música de los parachicos; del hormiguillo se obtiene la madera con la que se fabrica la marimba, y el nambo, que antes adornaba el parque central de Tuxtla Gutiérrez, hoy prácticamente ha desaparecido”.
El sabino es uno de los árboles nativos en Tuxtla sin embargo en la orilla del río sabinal son escasos - Thiaré García/El Heraldo de Chiapas
El biólogo comentó que si se siembran de 5 mil a 10 mil ejemplares anuales habría un equilibrio en unos 10 a 15 años - Thiaré García/El Heraldo de Chiapas
Juan Manuel Jonapá Solís, biólogo de la Secretaría de Medio Ambiente e Historia Natural (SEMAHN), alertó que el avance de especies introducidas como el flamboyán, la lluvia de oro o la jacaranda está provocando el desplazamiento de árboles nativos en Chiapas, una situación que ya comienza a observarse incluso en áreas boscosas del estado.
Dijo que entre las especies nativas que hoy están en riesgo por la falta de siembra y conservación, se encuentran el matilisguate, la primavera, el sospó y la flor de mayo. Cada una, con un profundo valor cultural.
“El sospó está ligado a la cultura zoque: sus flores forman parte de ceremonias tradicionales como el carnaval. El árbol del morro es parte de la identidad con las jícaras de pozol o los huacales que antes utilizaban los tapachultecos y por el que reciben el apodo de huacaleros”, explicó.
En paralelo, colectivos ambientales han trabajado en la producción de plantas locales y en su integración a campañas de reforestación. Actualmente más de 40 organizaciones participan en iniciativas conjuntas en Tuxtla Gutiérrez y Tapachula, con un énfasis especial en involucrar a la ciudadanía.
De acuerdo con The Nature Conservancy la deforestación en Chiapas alcanza un 55% / Thiaré García/El Heraldo de Chiapas
Indicó que el rescate no se limita a grandes árboles, también toma en cuenta a arbustos, enredaderas y hierbas que son parte de esta estrategia. Una de las especies que promueve Heliomaster es el bejuco leñoso, conocido como “cepillo”, cuyas flores atraen aves y mariposas, fortaleciendo la biodiversidad urbana.
Para la ciudadanía interesada se recomienda acudir a viveros municipales, al Jardín Botánico de la Secretaría de Medio Ambiente o con los colectivos ambientales que ofrecen asesoría sobre qué plantas integrar en banquetas, jardines y parques.
“De parte del colectivo Heliomaster nosotros también estamos siempre dispuestos a asesorar sobre qué plantas se pueden integrar en espacios públicos, en la casa o en los parques de colonias. Al final se trata de tener un jardín vivo”, concluyó el especialista.
El fenómeno ya no es exclusivo de las ciudades. Según Jonapá, se han encontrado ejemplares de flamboyán dentro de bosques chiapanecos, lo que significa un riesgo de colonización para ecosistemas completos. A esto se suma la introducción de otras especies, que aunque son muy valoradas por su floración vistosa, no pertenecen a la región, como la llamada lluvia de oro, proveniente de Asia, que comienza a reproducirse de manera descontrolada.
La guanábana también es de los árboles nativos que trae consigo beneficios / Thiaré García/El Heraldo de Chiapas
“Estos árboles no sólo compiten, sino que desplazan a los nuestros. El caso del flamboyán es claro: libera sustancias al suelo que acidifican el terreno y matan todo lo que cae a su alrededor. Eso se llama alelopatía. De esa forma, solo sus semillas logran germinar y se aseguran de no tener competencia”, explicó el especialista.
El biólogo subrayó que el problema también tiene un trasfondo cultural. “Mucha gente desconoce que árboles como el eucalipto, la jacaranda o la benjamina no son de aquí. Creemos que embellecen la ciudad, pero al sembrarlos vamos eliminando nuestros propios árboles, muchos de los cuales tienen un fuerte vínculo con la identidad chiapaneca”, señaló.
Recordó que hay árboles frutales nativos poco conocidos que corren peligro de desaparecer, como el lancerol, la chinchulla, la anona o la papausa, desplazados por especies extranjeras más populares en el mercado ornamental.
Para Jonapá Solís, el rescate de los árboles nativos no implica necesariamente hablar de extinción, sino de un proceso de revaloración cultural y ambiental. “Lo que tenemos que hacer es volver a enamorarnos de nuestra flora, sembrar un morro, un nanchi, un árbol de flor de mayo. No solo son bellos, también nos ofrecen frutos, madera, sombra y tradiciones vivas”, sostuvo.
Actualmente más de 40 organizaciones participan en iniciativas / Thiaré García/El Heraldo de Chiapas
Sobre las posibilidades de recuperación, señaló que incluso los espacios urbanos más reducidos pueden aprovecharse. “Si tienes una banqueta, puedes sembrar especies pequeñas como el candox o la chinchamalínche, que son de porte moderado y ofrecen floraciones hermosas. Para espacios grandes, se puede optar por un matilisguate o una ceiba. Lo importante es conocer el crecimiento de cada especie antes de plantar, para evitar problemas futuros”, detalló.
Finalmente, consideró positiva la iniciativa que se impulsa en municipios como Tuxtla Gutiérrez y Tapachula para promover la siembra de árboles nativos. “Es algo que se habían tardado en hacer. No se trata de un rescate porque nuestros árboles siguen aquí, lo que se busca es que la gente los vuelva a valorar, que los integre en su vida diaria. Sembrar un árbol nativo no solo mejora el paisaje, también mantiene vivas nuestras tradiciones”, concluyó.
En Chiapas, la pérdida de bosques nativos supera ya el 50 por ciento, principalmente por el cambio de uso de suelo, la tala inmoderada, los incendios forestales y la extracción de materiales.
De acuerdo con la organización internacional The Nature Conservancy, la deforestación en el estado alcanza el 55%, impulsada en gran medida por la expansión de la producción de café, maíz y ganadería, que hoy ocupa cerca de un tercio de la superficie.
Este deterioro ambiental ha provocado erosión de suelos, sequías prolongadas y pérdida de biodiversidad. Incluso ha impactado a sitios turísticos, como ocurrió en 2019 en Metzabok, cuando 21 lagunas quedaron desérticas debido a la intensa sequía, un escenario que no se había registrado en décadas.
El flamboyán se ha introducido desplazando a los árboles nativos y afectando el suelo a través de una sustancia / Thiaré García/El Heraldo de Chiapas
Durante un discurso de reforestación realizado en julio de 2025 en el Museo de Ciencia y Tecnología de Chiapas (MUCH), el gobernador Eduardo Ramírez Aguilar recordó la magnitud de la crisis: “En 2024 enfrentamos una fuerte sequía: no llovió durante siete meses. Eso provocó que se siniestraran más de 180 mil hectáreas”.
El mandatario precisó que, aunque en años recientes el estado ha contabilizado cerca de 400 mil hectáreas siniestradas, en lo que va de 2025 la cifra se ha reducido a unas 24 mil hectáreas, lo que representa una disminución considerable.
El árbol de morro con el que se hacen los huacales para el pozol y endemicos en Tapachula / Thiaré García/El Heraldo de Chiapas
En paralelo, se han puesto en marcha diversos programas de recuperación. El plan estatal “La Nueva Era” reporta la restauración de más de 5 mil hectáreas en 71 microcuencas, mientras que la iniciativa “Arboleando Tuxtla” contempla la plantación de un total de 10 mil 297 árboles, de los cuales hasta el momento se han sembrado más de 2 mil 700.
Desde el ámbito legislativo, el senador Luis Armando Melgar impulsó la siembra de 530 mil árboles, mientras que colectivos ciudadanos como Heliomaster trabajan en la restauración del río Sabinal, mediante la plantación de sabinos, especie que estaba en riesgo de desaparecer en la región.
A pesar de estos esfuerzos, especialistas coinciden en que la recuperación forestal tomará décadas y que será clave priorizar la siembra de árboles nativos para frenar la pérdida de ecosistemas y la degradación de los suelos.
El rescate no solo podría implicar árboles si no enredaderas y hierbas como el bejuco leñoso benéfico para atraer aves y mariposas / Thiaré García/El Heraldo de Chiapas
En ciudades: banquetas, camellones, parques y jardines públicos son ideales para especies de porte pequeño o mediano como el candox, la chincha malinche y la flor de mayo, que aportan sombra y floración sin afectar el espacio urbano.
En comunidades rurales: huertos familiares, solares y cercos vivos podrían recibir frutales nativos como el nanche, la nona (anona), el morro o la papausa o papause, que además de conservarse ofrecen frutos de consumo directo.
En áreas amplias y reservas: terrenos baldíos, ejidos y zonas de conservación pueden destinarse a especies de gran tamaño como el matilisguate, la primavera, la ceiba y el sospó, cuyo crecimiento requiere más espacio.
De acuerdo con Jonapá Solís, un primer paso razonable sería reforestar con al menos 5 mil a 10 mil ejemplares anuales de especies nativas en Tuxtla Gutiérrez y su zona conurbada, lo que permitiría equilibrar en unos 10 a 15 años la presencia de árboles locales frente a los introducidos.
“Si cada familia sembrara aunque fuera un árbol nativo en su banqueta o en su patio, estaríamos hablando de miles de nuevos ejemplares cada año. En un municipio grande como Tuxtla, con más de medio millón de habitantes, el impacto sería enorme”, puntualizó.