Localdomingo, 11 de enero de 2026
Arzobispo de Tuxtla llama a iniciar 2026 con reflexión por paz y no violencia
En su mensaje el prelado señaló el impacto de la reciente intervención militar de EEUU en Venezuela
Thiaré García / El Heraldo de Chiapas

En su mensaje dominical y durante conferencia de prensa, el arzobispo de la Arquidiócesis de Tuxtla, monseñor José Francisco González González, hizo un llamado a iniciar el año 2026 con una reflexión profunda sobre la paz, el compromiso social y la responsabilidad colectiva frente a un escenario internacional y nacional marcado por conflictos armados, polarización política y violencia persistente.
El prelado señaló que el inicio del nuevo año no representa únicamente un cambio en el calendario civil, sino un periodo con un fuerte significado litúrgico que interpela tanto a la vida personal como comunitaria. En ese contexto, destacó que la Iglesia invita a colocar “confiadamente en las manos de Dios nuestro presente y nuestro futuro”, entendiendo este tiempo como una etapa de revisión y acción.
Durante su mensaje, González González se refirió al impacto internacional generado por la reciente intervención militar de Estados Unidos en Venezuela para sustraer al entonces presidente Nicolás Maduro, un hecho que —dijo— ha provocado repercusiones políticas, económicas y sociales a nivel global, además de profundizar la polarización y el riesgo de una escalada bélica.
Explicó que este episodio se suma a otros conflictos armados vigentes en regiones como Oriente Medio, Ucrania, Irán y Siria, así como a los contextos de violencia que persisten en México y en el estado de Chiapas. Ante este panorama, afirmó que la sociedad está obligada a redoblar esfuerzos para desarticular los conflictos y garantizar los derechos de los pueblos y de las personas, colocando en el centro la dignidad humana y el bien común.
En ese marco, el arzobispo retomó el mensaje del Papa León XIV con motivo de la Jornada Mundial de la Paz 2026, celebrado el 1 de enero, titulado “La paz esté con ustedes: hacia una paz desarmada y desarmante”, el cual —subrayó— ofrece una ruta ética y espiritual frente al fracaso de las estrategias basadas en el poder militar.
Recordó que el pontífice ha sido constante en señalar que la guerra representa “una derrota de la humanidad” y que la paz no puede imponerse desde la violencia. “La paz debe nacer de la conversión del corazón que renuncia a la venganza y a la lógica de la violencia”, expuso el arzobispo al sintetizar el pensamiento del Papa.
Al explicar el concepto de paz desarmada, González González indicó que se trata de un método que implica la renuncia activa al uso de la fuerza y de las armas para resolver los conflictos, apostando por la confianza, la vulnerabilidad y el diálogo auténtico. En tanto, la paz desarmante, añadió, se refiere a un efecto profundo capaz de desactivar las razones que sostienen la guerra y obligar a las estructuras de poder a abandonar la lógica bélica.
Detalló que, de acuerdo con el Papa León XIV, la construcción de la paz se desarrolla en tres niveles interconectados: el diálogo y el encuentro, que debe surgir desde las comunidades y no solo desde los Estados; la cultura de la no violencia activa, entendida como un estilo de vida de “cero violencias”, incluyendo las de carácter estructural, verbal o simbólico; y el perdón y la reconciliación, considerados pilares indispensables.
En este último punto, recordó una afirmación categórica del pontífice: “¡Sin perdón, nunca habrá paz!”, al precisar que el perdón no equivale al olvido ni a la impunidad, sino a un acto de libertad que rompe el ciclo de la venganza.
Finalmente, el arzobispo enmarcó su mensaje en la celebración litúrgica del Bautismo del Señor, señalando que esta fecha invita a renovar los compromisos bautismales y a preguntarse qué espíritu anima hoy a la Iglesia y a sus comunidades. Destacó que Jesús, “lleno del Espíritu Santo”, actuó siempre para curar, liberar y dignificar, no para condenar.
“Si el Espíritu de Jesús está en nosotros, viviremos curando a oprimidos, deprimidos o reprimidos por el mal”, expresó, al concluir su mensaje con un llamado a que las comunidades cristianas contribuyan a transformar la realidad desde la no violencia, la reconciliación y el compromiso con la vida.