En lo que va de 2025, no se han registrado grandes incendios urbanos, aunque muchas veces los brigadistas encuentran quemas de basura fuera de control al iniciar su turno.
Los brigadistas coinciden en que es fundamental que instituciones como la CONANP, CONAFOR, SEMAHN y Protección Civil trabajen en conjunto para garantizar mejor entrenamiento, manejo de herramientas y estrategias de combate.
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Brigadistas forestales en acción, combatiendo un incendio en una zona de difícil acceso / Cortesía / SEMAHN
Los meses de marzo, abril y mayo son los más críticos para Chiapas en cuanto al combate de incendios forestales. Efrén Montes Sánchez, brigadista con 20 años de experiencia, explica que deben prepararse física y mentalmente, desarrollando gran resistencia aeróbica y cardiovascular, pues realizan intensas caminatas para llegar a los puntos de incendio. Además, deben calcular con precisión las condiciones atmosféricas, ya que la velocidad y dirección del viento pueden jugar en su contra.
“El viento, la baja humedad relativa y las altas temperaturas determinan el riesgo de propagación del fuego. Según su comportamiento, se elige un ataque directo o indirecto, ya sea combatiéndolo sobre la línea de fuego o creando brechas de contención a distancia”, explicó Montes Sánchez, coordinador estatal para la Prevención, Control y Combate de Incendios de la SEMAHN.
Montes Sánchez advierte que el momento más peligroso es cuando el fuego avanza por zonas altas. “Debemos esperar a que llegue a la cima y gire, para que las llamas bajen contra la pendiente y podamos ingresar de manera segura”.
Equipados con herramientas especializadas, los combatientes de incendios trabajan sin descanso para contener las llamas / Cortesía / SEMAHN
“La adrenalina nos hace olvidar el riesgo. Durante el combate, lo único en la mente es controlarlo y extinguirlo. Sin embargo, cuando el viento cambia de dirección, debemos evacuar rápidamente. Es hasta después, cuando el fuego se calma, que pensamos en nuestras familias y en lo que pudo haber ocurrido”, relató.
El tipo de ecosistema más complicado y peligroso es el de combustible ligero, como los pastizales. “Si un pastizal mide un metro, las llamas pueden alcanzar dos metros; con viento, pueden llegar a tres metros y, si la pendiente está a favor, hasta cinco metros. La estrategia y táctica dependen de estas condiciones”, precisó.
Jafet Gutiérrez López, de la Secretaría de Protección Civil, informó que en Tuxtla Gutiérrez se reportan de dos a cinco incendios diarios, lo que exige entrenamiento constante en el uso de herramientas y técnicas de combate.
El fuego avanza rápidamente en pastizales secos, poniendo en riesgo ecosistemas y comunidades / Cortesía / SEMAHN
“Cada terreno es diferente: hay zonas rocosas, otras con hojarasca o pastos secos, lo que aumenta el riesgo. Por eso, debemos contar con casco, guantes, mochilas colapsables, camisas y pantalones especializados, además de botas adecuadas. El ingreso al incendio debe ser en equipo, al mismo tiempo, para mayor seguridad”, explicó.
El uniforme es clave en la protección de los combatientes. “La chamarra amarilla nos hace altamente visibles ante el fuego y el humo. Además, tiene reflejantes en las mangas, lo que permite identificarnos en caso de emergencia“, detalló Gutiérrez López. Los incendios en zonas forestales también presentan otros riesgos. “Durante el combate, podemos encontrar serpientes y otros animales huyendo del fuego. Además, el pasto seco y la hojarasca pueden ocultar brasas, aumentando el peligro de quemaduras”, advirtió.
En Tuxtla Gutiérrez, los sitios más vulnerables a incendios son: Cerro Mactumactzá Parque Nacional Cañón del Sumidero Villa Allende, en los límites con San Fernando
Por su parte, David Juárez González, combatiente en Berriozábal, destacó la importancia de la preparación física, psicológica y técnica. “El personal operativo debe contar con equipo de protección personal, incluyendo bombas colapsables, guantes, goggles y cascos. Evitar la inhalación de humo es vital para nuestra salud”.
Con equipo de seguridad y trabajo en equipo, los combatientes forestales protegen la biodiversidad de Chiapas / Cortesía / SEMAHN
“Nos capacitamos con la CONAFOR, lo que nos ha permitido mejorar estrategias de combate y garantizar la seguridad del personal. Nuestro objetivo es proteger la vida, el entorno y los bienes de la población”, afirmó. En el combate al fuego, los brigadistas deben cuidarse entre sí, sin descuidar la misión de controlar y extinguir las llamas. Cuando un compañero sufre golpes de calor o intoxicación por humo, es evacuado y recibe atención prehospitalaria.
José Antonio Zamudio, brigadista contra incendios, enfatizó que todos deben estar preparados física y mentalmente. “El enemigo es el fuego y para enfrentarlo hay que conocer el terreno y trabajar en equipo. La capacitación permanente es clave para reaccionar eficazmente en situaciones críticas”.