Localsábado, 5 de julio de 2025
Copoya se expande, pero el agua escasea: reclaman solución inmediata
Creció entre arroyos que ya no existen y que antes abastecían a la localidad en el sur de Tuxtla Gutiérrez
Isaí Flores

Don Clemente Molina Álvarez, de 59 años, cuenta que desde 1995 el ejido Copoya ha alcanzado un crecimiento poblacional enorme, colinda con el Ejido El Jobo y La Represa o Villa San José. Insiste en que su crecimiento es tal que ya se hace insuficiente la red de agua del Sistema Municipal de Agua Potable y Alcantarillado (SMAPA), aunque la localidad cuenta con una Red de Agua Entubada Ejidal y muchos de sus habitantes también tienen pozos artesianos.
Narra en entrevista que creció en medio de arroyos que abastecían a la localidad y que sus familiares y mucha gente llegaban a bañar, lavar ropa y trastes. Los arroyos desembocaban en la parte baja conocida como La Pozona, donde era posible competir en clavados entre chamacos. Eso desapareció al paso de los años. Coincidentemente, después del alzamiento zapatista en los Altos de Chiapas, la localidad creció; ya no hay arroyos, la infraestructura creció a partir de 1995 y 1996, y la red de agua no alcanza para todos.
Copoya se mantenía con sus pozos artesianos, luego se creó una Red de Agua Ejidal, pero esta se volvió insuficiente y se introdujo la red de agua potable a partir de 1995. A partir de ahí empezó el crecimiento: tenemos calles pavimentadas con concreto, concreto mixto y empedradas, varias rutas del transporte público, una red de mototaxis, y este crecimiento ahora demanda más agua potable.
Se necesita más agua de SMAPA, se necesita más infraestructura, sobre todo en las orillas de la localidad. Hay escasez en algunas zonas altas o las más lejanas del centro de la localidad; se necesita más agua potable, más tanques de almacenamiento, pues no cubre el cien por ciento de la localidad. La población ya creció; existirán unos 20 a 25 mil habitantes, reiteró.

Copoya se fundó en 1892. “Recuerdo los arroyos que se unían y desembocaban en lo que conocemos como La Pozona, hacia la parte baja, hacia el norte de la localidad, donde comienza el bosque. Lo que recuerdo es que saliendo de la escuela primaria Daniel Delgadillo pasábamos a esos arroyos que se unían en uno solo, hacia un punto muy grande y nos lanzábamos de la parte alta.
Por mi casa, en la cuarta calle Oriente, entre avenida Central y primera Sur, pasaba un arroyo. Mi mamá iba a lavar ahí nixtamal, ahí nos bañábamos. Copoya ha crecido, pero también la insuficiencia de sus servicios básicos, los vicios, la inseguridad, la contaminación de nuestros arroyos y pozos. Me gustaría quedarme con el Copoya de antes, transparente, Copoya con su gente sencilla, sin vicios, segura, solidaria todos”, insistió.
Molina Álvarez añadió que Copoya era un pueblo pequeño de costumbres y tradiciones, donde todos nos ayudábamos, había mucha solidaridad; el que construía su casa, íbamos muchos a ayudarle, éramos solidarios en todo. Eso es algo que ya se perdió. Un pueblo pequeño, seguro, muy arraigado a tradiciones y costumbres que nos mantenía unidos. En mi infancia, a pesar de la pobreza, éramos felices. Ahora Copoya necesita un mercado, produce sus productos y deben ser vendidos ahí mismo, así como hay telefonía e internet.
La localidad tiene dos escuelas primarias, tres jardines de niños, una telesecundaria y una preparatoria. Ya no es la misma localidad; ese crecimiento necesita también un desarrollo con sus servicios básicos. Dice que es un hombre feliz: “Mis padres son de ahí, mis abuelos, tátaraabuelos; aún conserva sus culturas y tradiciones de antes, y tenemos que trabajar en ese crecimiento y en los servicios que hacen falta”, reiteró don Clemente Molina Álvarez.