Heridas que no se ven: comunidades de la Sierra luchan contra el trauma de la violencia
Especialistas alertan sobre el aumento de casos de estrés postraumático, ansiedad y depresión, sobre todo entre mujeres jóvenes
Thiaré García / El Heraldo de Chiapas
De acuerdo con entrevistas a funcionarios, especialistas, autoridades municipales y habitantes, el panorama revela un cuadro complejo que combina daño individual, impacto comunitario y medidas emergentes de atención.
“Mucha gente perdió familia, perdió gente muy cercana, y somos muy dados a contener nuestras emociones”, señaló Gómez Cruz, al detallar que se han enviado psicólogos y se realizan actividades en escuelas para facilitar la expresión emocional y el tratamiento temprano.
Estas acciones se desarrollan en coordinación con la seguridad local en municipios como Comalapa, Chicomuselo, Bella Vista y Siltepec, como parte de un proyecto integral que se extenderá a todo el estado.
Además, el gobierno ha implementado campañas de vacunación y control de vectores en comunidades afectadas como Piedra Labrada, donde la cobertura de salud había sido limitada durante los últimos años.
Las autoridades señalan que, derivado del contexto de violencia, se han registrado otras enfermedades relacionadas con el estrés crónico y problemas de presión arterial.
Destacan que este enfoque integral, que combina salud mental, prevención de adicciones y fortalecimiento de la seguridad, es fundamental para atender las secuelas de la violencia y reconstruir la confianza de la población.
Camacho explica que el miedo colectivo ha llevado a restricciones autoimpuestas, como evitar salir a ciertas horas o limitar la interacción social. Además, la exposición constante a noticias alarmistas en redes sociales agrava los cuadros de ansiedad.
“Si se empieza a circular una noticia falsa, crea un impacto psicológico, sobre todo en las personas que viven atemorizadas”, advirtió el especialista.
Los problemas más frecuentes incluyen:
El especialista resalta que la violencia no solo impacta la salud física, sino también el desarrollo social y la percepción de seguridad, dejando imágenes traumáticas que incluso dificultan el sueño.
Camacho recomienda un abordaje multidisciplinario, que involucre psicólogos, psiquiatras y médicos de cabecera, con evaluaciones clínicas que determinen el nivel de afectación. “A veces el abordaje lo hace una sola disciplina, y otras veces debe ser multidisciplinario”, indicó.
“Las personas más preocupadas por su salud mental son quienes quieren romper patrones de vida. Hay instituciones gubernamentales y fundaciones que brindan apoyo”, añadió.
El especialista llama a la población a romper los tabúes sobre la atención psicológica, aprovechar los servicios disponibles y considerar la salud mental como un derecho y una necesidad, no como un estigma.
Los testimonios locales confirman el impacto físico y emocional: el miedo constante ha derivado en problemas de presión arterial, estrés y afecciones cardíacas. “Nos enfermamos de muchas cosas: de la presión, del estrés, del corazón… hay mucho miedo y cansancio”, relató una habitante de la comunidad.
La mujer explicó que no todas las familias sufrieron pérdidas directas, pero muchas vivieron episodios de temor constante y desconfianza que marcaron su día a día. “Se siente miedo, porque no sabe uno por qué ni qué está pasando; solo se oían los balazos”, contó.
La incertidumbre sobre los actos de violencia generó entre los vecinos una sensación de vulnerabilidad permanente, incluso al realizar tareas cotidianas dentro de sus hogares. “Sí, nosotros estábamos encerrados en nuestra casa haciendo nuestros quehaceres”, añadió.
La experiencia de los habitantes de Chicomuselo coincide con los reportes de especialistas que advierten que la exposición prolongada a la violencia puede generar estrés postraumático, ansiedad y problemas cardiovasculares, afectando tanto a jóvenes como a adultos.
Por su parte, el alcalde de Chicomuselo, Lisandro Borrallas Verdugo, detalló que en su municipio existen 206 localidades, de las cuales entre 30 y 40 fueron las más afectadas por la violencia en la región serrana.
En materia de salud mental, el alcalde reconoció los efectos de la violencia, especialmente en mujeres y niños, quienes vivieron momentos traumáticos. “Para nuestras mujeres y niños fue traumante todo lo que se vivió, pero hoy, gracias a Dios, la gente ha retomado la confianza”, dijo.
El edil aseguró que la paz y la tranquilidad comienzan a consolidarse en la cabecera municipal y en las comunidades, mientras se trabaja para que el municipio supere las secuelas sociales y psicológicas de los años más violentos.
































