¿Por qué las infancias están trabajando y no en las escuelas?: una realidad ignorada por las autoridades
Cientos de menores trabajan en las calles y mercados de la capital chiapaneca mientras las cifras oficiales se quedan cortas y la indiferencia institucional se vuelve cómplice de la necesidad económica, usos y costumbres; la OIT revela que Chiapas ocupa el segundo lugar a nivel nacional con más trabajo infantil
David Ramos Hernández, abogado y defensor de derechos humanos en Los Altos de Chiapas, vincula este fenómeno a la migración interna causada por pobreza, desplazamiento forzado o falta de oportunidades en el campo.
“San Cristóbal, Tuxtla y Tapachula están recibiendo presión demográfica al no haber políticas sociales que garanticen salud, alimentación, educación o vivienda”, analiza.
En el caso de niñas y niños indígenas hijos de padres que migraron, muchos quedan al cuidado de familiares o adultos desconocidos y terminan en la calle vendiendo diversos productos.
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A menor no le alcanzan las fuerzas para mover su triciclo de elotes / Isaí López / El Heraldo de Chiapas
Hace algunos años, los niños explotados laboralmente se veían en los cruceros limpiando parabrisas o disfrazados de payasitos. Hoy, han sido absorbidos por el comercio informal: que se ha convertido en la nueva cara de la explotación infantil. Un recorrido por las calles de Tuxtla Gutiérrez revela a decenas de menores, muchos acompañados de adultos, realizando actividades económicas en pleno espacio público.
Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), en Chiapas hay 338 mil 349 menores entre 5 y 17 años, de ellos, el 20.8% trabaja son la segunda tasa más alta de trabajo infantil en México, solo detrás de Guerrero. Esta proporción supera en 7.7 puntos al promedio nacional, lo que significa que un menor chiapaneco tiene 59% más probabilidades de estar trabajando que el resto de los niños del país.
El estudio ACCIONNAR: Combatir Trabajo Infantil y Trabajo Forzoso de la OIT detalla que de esos menores, casi 184 mil realizan actividades no permitidas por la ley, más de 118 mil están atrapados en quehaceres domésticos inadecuados, y 36 mil combinan ambos tipos de labores y estima que entre 2019 y 2022, la población infantil en condiciones de explotación creció en 2.5 puntos porcentuales.
La escena se repite en mercados como el “Juan Sabines Gutiérrez” y el “Rafael Pascacio Gamboa”, el barrio San Roque o en la explanada de la Catedral de San Marcos: niñas, niños y adolescentes venden frutas, verduras, raspados, chamoyadas, elotes y limpian calzado, muchas veces solos, sin supervisión, y cargando responsabilidades para las que no están preparados. Algunos apenas pueden con la caja para bolear zapatos mientras los padres y madres justifican la práctica bajo el argumento de “enseñarles a ganarse la vida” mientras la tendencia va en aumento y el trabajo infantil se normaliza.
El abogado José Manuel Blanco Urbina, presidente de la Comisión de Derechos Humanos de Chiapas A.C., demanda un diagnóstico estatal actualizado y acusa a los gobiernos de minimizar el problema. “Los funcionarios públicos llegan sin conocimiento y cuando medio entienden el tema, ya se acabó el sexenio”, lamenta.
Blanco Urbina señala que las zonas con mayor presencia infantil trabajando están entre la 11ª Calle Oriente y la 12ª Calle Poniente, y de la 9ª Avenida Sur a la 5ª Avenida Norte. “El Estado debe investigar por qué los niños están en la calle y no en la escuela. ¿Son desplazados? ¿Están impulsados por sus padres o por redes que los explotan? La Fiscalía de Atención a Niñas, Niños y Adolescentes tiene la obligación de investigar a fondo”.
Excusados en sus usos y costumbres, muchos padres ponen a laborar a los menores / Isaí López / El Heraldo de Chiapas
El activista denuncia que organismos internacionales como la OIT, sólo expresan en cifras los hechos y hay falta de interés real por contribuir a la solución del problema, más bien es una institución de estadística y mientras no haya compromiso no se podrá avanzar en la prevención y en la atención; lo mismo ocurre con la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) y el Instituto Nacional de Migración (INM), responsables de la atención a los menores en situación de movilidad muchos de ellos víctimas de explotación laboral, ya que se limitan a publicar estadísticas sin actuar. No hay voluntad para prevenir y atender. Las cifras por sí solas no cambian nada”, reiteró.
Desde la Comisión Estatal de Derechos Humanos (CEDH), su presidente Horacio Culebro Borrayas informa que se ha creado una Visitaduría especializada para recibir denuncias, acompañar a las víctimas y canalizar a los menores al DIF si se comprueba que sus familias los están explotando.
“Muchos de estos niños migraron desde comunidades rurales u otros países. Algunos son rentados para pedir dinero. Es urgente que los padres irresponsables pierdan la patria potestad si ponen en riesgo a sus hijos. Pero sin denuncias ciudadanas, sin estas quejas no se puede actuar y tenemos la necesidad de combatir la violencia que se genera alrededor de las niñas, niños y adolescentes”, advierte.
Destaca que en el caso de las familias indígenas de Chiapas prefieren migrar internamente y hay presión sobre Tuxtla Gutiérrez y San Cristóbal de las Casas, pero también hay una fuerte migración hacia Estados Unidos, requiriéndose de políticas públicas que incluyan la atención de la Secretaría para el Desarrollo Sustentable de los Pueblos Indígenas para rescatar de la explotación laboral a los menores de edad.
Familias indígenas de Chiapas migran internamente a Tuxtla Gutiérrez y San Cristóbal de las Casas donde los menores laborar para colaborar con los gastos / ISAÍ LÓPEZ /El Heraldo de Chiapas
Demanda también solución a los conflictos sociales como los desplazamientos forzados para que las víctimas vuelvan a sus hogares, “hay familias fuera de sus hogares en Pantelhó, Chenalhó, Ixtapa, y otros municipios indígenas por desplazamiento forzado interno”, indicó.
Por otra parte el titular de la Oficina de Representación Estatal del Sistema de Becas Benito Juárez, Marcelo Toledo Cruz, expuso que la movilidad humana en el estado ha ocasionado que muchos niños, niñas y adolescentes pierdan sus becas porque uno de los requisitos es que permanezcan en sus lugares de origen, en sus centros escolares, lamentablemente, en muchos casos son los propios padres los que interrumpen los estudios de los menores al movilizarlos.
“El que se mueve de sus lugares de origen causa baja del sistema educativo y automáticamente se notifica la baja del beneficio de la beca, con esa ayuda económica que se les otorga, se trata de evitar el abandono y la deserción escolar. Tienen que darle la importancia al sistema de becas, a la colaboración de los padres de familia para la permanencia de los infantes en las escuelas, la ausencia lo que causa es la suspensión de la ayuda económica”, apuntó.
La presidenta de la Comisión de Desarrollo Social y Seguimiento al Cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible del Congreso del Estado, Elvira Catalina Aguiar Álvarez, reconoce que el desafío de las instituciones del estado mexicano es rescatar a la infancia y adolescencia de las actividades económicas para incorporarlos a las escuelas.
Muchos niños en Tuxtla Gutiérrez laboran en las calles vendiendo dulces en los parques / ISAÍ LÓPEZ /El Heraldo de Chiapas
“En Chiapas ha aumentado el trabajo infantil y en muchas comunidades y pueblos originarios se normaliza que niñas y niños participen en las actividades económicas familiares. Los vemos en las calles de Tuxtla Gutiérrez vendiendo frutas, verduras, limpiando parabrisas, aseando calzado, vendiendo chicles y haciendo otras labores”, añadió la legisladora.
Pidió que los 124 ayuntamientos de Chiapas realicen un censo de niñas, niños y adolescentes en situación de trabajo para identificar quiénes son, quiénes son sus padres, las causas del trabajo y evaluar las condiciones socioeconómicas familiares a fin de buscar diseñar estrategias de atención integral en la que se garantice a esas infancias el acceso a la educación, a la salud, a la vivienda, a la familia, al bienestar.
Finalmente admite que en el trabajo infantil también influyen los usos y costumbres en los pueblos originarios, donde los padres crecieron desarrollando desde pequeños alguna actividad y esta realidad ellos la replican con sus hijos; además la migración del campo a la ciudad es otro factor que abona al trabajo infantil donde es común que padres e hijos realicen labores similares como las ventas en las calles o asear calzado.