Localsábado, 10 de mayo de 2025
Doña María enfrenta el Día de las Madres sin sus hijos
La mujer indígena vende artesanías en las calles de San Cristóbal y Tuxtla Gutiérrez esperando alguna señal de sus hijos que migraron a Estados Unidos
La mujer indígena vende artesanías en las calles de San Cristóbal y Tuxtla Gutiérrez esperando alguna señal de sus hijos que migraron a Estados Unidos

Doña María López, de más de 70 años, originaria de Chamula, extraña a sus hijos que se fueron a los Estados Unidos de América hace dos años, no sabe en qué lugar están, no espera un abrazo de ellos este diez de mayo, Día de las Madres. Dice que son cuatro, ha recibido una llamada al año, de alguno de ellos, no dio sus nombres, ya es costumbre no saber nada de ellos, dice mientras carga su mercancía de ropa en la espalda.
Dice que no espera abrazos, ni regalos este 10 de mayo, va siempre afligida, cruza los brazos, se coloca sus bolsos en el hombro, le dicen que su mercancía es bonita, que es elegante y responde inmediatamente: “pero no compras nada”, mientras comparte que quiere mucho a sus hijos y espera que les vaya bien.
Viste una falda de lana color negro que tiene un costo de mil pesos, es de las más baratas, porque hay hasta de 30 mil pesos. Carga en el hombro bolsas de lana, suéter de algodón, suéter de hilo, fajas para damas, cintas para sombreros. Lleva amarrada la cabeza y dice que lo suyo es la venta de textil. Vende su mercancía en las plazas de Tuxtla Gutiérrez y de San Cristóbal de las Casas.
“Soy tsotsil”, cuenta, presume su lengua materna, también su pueblo de Chamula que dice que es grande y maravilloso. Narra que aprendió a hacer faldas y blusas con sus abuelos y sus padres, ahora las hacen sus hijas y sus nietas, pero añade que con la modernidad a veces prefiere comprarlas hechas y revenderlas, tiene que caminar, a veces de día y de noche.
Doña María López insiste que ya no se acuerda del diez de mayo, la situación es fácil de entender, en medio de la pobreza tiene que trabajar, comprar y vender mercancía, a veces tiene que hacer rebajas aunque gane muy poco.
Refiere que hacer una falda que usan las mujeres de Chamula es laborioso, costoso económica y manualmente, se lleva tres meses hacer una, mientras que la falda es de color negro, la camisa de los varones es blanca, es de lana de borrego, después de haberla manufacturado, la tienen que teñir y sacarla al mercado, por eso es mejor, dice, comprarlas hechas.
Afirma que sus hijos no han regresado, primero se fueron dos y luego otros dos. En la entrevista les dice: “aquí estoy, caminando para vender sus textiles”. Narra que alguna vez le dieron el nombre del lugar a dónde se irían, pero ya se le olvidó y no se lo han recordado, no sabe nada de ellos, y en este diez de mayo no los espera, ni recibirá abrazos, no han mandado recursos, no sabe cómo trabajan, ni en qué laboran.
Se detiene para ofrecer su mercancía, se adelanta y propone rebajas, pero pocos le toman importancia a sus productos textiles. Espera que quienes celebran este diez de mayo lo hagan en grande y estén con los suyos, porque ella no tendrá a sus hijos para abrazarlos. Dice que no gana mucho, pero es feliz.