El pozol arrecho de Edgar Larrave: la tradición que refresca Tuxtla Gutiérrez
Su grito de ¡el pozol, el pozol!, se ha vuelto parte del sonar en el centro de la capital chiapaneca
Su grito de ¡el pozol, el pozol!, se ha vuelto parte del sonar en el centro de la capital chiapaneca

Thiaré García / El Heraldo de Chiapas
Desde hace cinco años, Edgar Larrave camina bajo el sol por las calles del centro de Tuxtla Gutiérrez, caminando con un triciclo de color amarillo con naranja y una hilera donde contiene el tradicional pozol arrecho. Su grito peculiar ¡El Pozol, El Pozol!, resuena entre el tráfico y el ir y venir de la gente, anunciando la bebida que muchos buscan para refrescarse. A pesar del calor y el esfuerzo que implica recorrer largas distancias, sigue firme en su labor, pues de ello depende el sustento de su familia.
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Cada madrugada, Edgar y su esposa parten desde San Fernando para preparar el pozol en su local, ubicado sobre la 3ª Poniente entre 5ª y 6ª Sur. Ahí ofrecen antojitos chiapanecos, aguas frescas y distintas variedades de pozol, incluyendo el de cacao y el blanco. Desde las tres de la mañana, comienzan la preparación, cociendo el maíz y dorando el cacao, para tener lista la bebida antes del amanecer.
Sin embargo, la venta en su local no es suficiente, por lo que durante las horas más calurosas del día, Edgar recorre la 5ª Sur y la 5ª Norte con su triciclo, pasando por la Calle Central y la 1ª Poniente, donde clientes habituales lo esperan para mitigar el calor con un vaso de pozol. Su peculiar grito se ha vuelto parte del ambiente cotidiano en el primer cuadro de la ciudad.
Con el paso del tiempo, ha notado cambios en la demanda. Antes vendía hasta 150 pozoles al día, pero actualmente la venta ha disminuido a casi la mitad. Aun así, no ha dejado de trabajar, pues además de sostener su hogar, su negocio da empleo a dos personas más que, al igual que él, recorren la ciudad ofreciendo la tradicional bebida.
El pozol arrecho de don Edgar no solo refresca a quienes lo compran, sino que representa una parte de la identidad tuxtleca, una tradición que, a pesar de los cambios y los retos económicos, sigue viva en las calles de la capital chiapaneca.