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Habitantes de Los Chimalapas denuncian amenazas y presencia de grupos ligados al crimen organizado en la zona limítrofe entre Chiapas y Oaxaca / Facebook/Chimalapas
La presencia y el avance de grupos ligados al crimen organizado encendieron la alarma en comunidades de la región de Los Chimalapas, en la zona limítrofe entre Chiapas y Oaxaca, donde habitantes denunciaron amenazas directas, intentos de coacción y un ambiente de miedo que involucra a familias completas, niñas, niños y personas adultas mayores.
El testimonio de una mujer de la comunidad —quien pidió mantener en reserva datos precisos por seguridad— expone una situación que, afirma, se salió de control a partir del 6 y 7 de enero, cuando representantes comunitarios comenzaron a recibir llamados y presiones para acudir a reuniones nocturnas con personas provenientes de poblados vecinos.
“No le puedo profundizar más por seguridad de mi familia (...) hay niños, y más que nada en eso se piensa”, señaló al explicar por qué decidió hacer pública la situación a través de un video, motivada —dijo— por ver a menores y personas de la tercera edad “llorando, desesperados”, ante las amenazas.
De acuerdo con su relato, el 8 de enero, alrededor de las 3 de la tarde, personas ajenas a la comunidad llegaron para exigir la firma de un documento. La advertencia fue directa: si no firmaban, matarían a las familias; si lo hacían, recibirían 20 mil pesos por persona o por familia, bajo el esquema comunal que rige en la zona.
La entrevistada afirmó que nadie firmó, y que el contenido exacto del documento no fue conocido por todos, aunque algunos pobladores refirieron que estaría relacionado con conflictos surgidos en Guatemala y con el rechazo a la entrada de determinados grupos armados o de seguridad. “Yo no vi el documento, pero la gente comenta que era para rechazar que entren ciertas personas armadas”, explicó.
Según lo expuesto, al menos cinco comunidades estarían bajo riesgo, aunque por seguridad se evitó mencionar nombres. Todas se ubican en la franja fronteriza entre Chiapas y Oaxaca. La denunciante confirmó que desde meses atrás se observaban camionetas ajenas a la región, sin placas locales y de modelos costosos, circulando tanto de día como de noche.
“No precisamente armados, pero sí camionetas que no son de acá, gente extraña”, relató. En su mayoría, describió vehículos tipo Tacoma o Silverado, en distintos colores, cuya presencia antes pasaba desapercibida, pero que ahora genera temor tras las amenazas recibidas.
La situación se agravó luego de que ella difundiera el video. “Ya nos mandaron a decir que si bajamos a Cintalapa nos truenan (...) ya tenemos amenazas de muerte”, afirmó, señalando que incluso dentro de la comunidad hay desconfianza por la posible presencia de halcones o informantes.
Más allá del riesgo para las personas, la denunciante advirtió que el interés de estos grupos estaría ligado al control del territorio y a la explotación del bosque, una de las zonas con mayor conservación ambiental de la región.
“Aquí somos cuidadores del bosque, pero no tenemos sueldo ni protección”, señaló. Describió a su comunidad como una de las pocas que aún conserva amplias áreas de vegetación, pinos y fuentes de agua, mientras que pueblos vecinos, tanto de Chiapas como de Oaxaca, han sufrido una intensa deforestación.
Identificó como foco rojo la zona conocida como La Ciénega de León, donde, dijo, personas provenientes de Chiapas se han asentado en tierras que corresponden a Oaxaca, realizando tala ilegal. “Están acabando con la naturaleza (...) nuestros arroyitos se están secando”, advirtió.
En este contexto, la entrevistada pidió protección inmediata de ambos estados y del gobierno federal, al señalar que la región no solo es estratégica para Chiapas y Oaxaca, sino para el país. “Lo que estamos cuidando aquí no es solo para dos estados, es para el país entero y para el planeta”, afirmó.
Hasta el momento, aseguró, no hay desplazamientos forzados en su comunidad, aunque recordó que en un poblado vecino sí se registró un caso hace cuatro o cinco años, cuando una persona fue obligada a abandonar su rancho tras amenazas similares y hoy vive en Santa María Chimalapa.
El temor persiste. “Imagínese si nos desplazan, ¿a dónde vamos a parar? Hay gente que no tiene nada fuera de aquí”, expresó. Aunque afirmó no temer por su vida, reconoció que su mayor preocupación son las niñas y niños que viven en la zona. “Mi vida no vale ni un peso, pero la de mi hija sí”, dijo, al insistir en que la comunidad no busca confrontación, sino garantías de seguridad para permanecer en su territorio.
Los pobladores reiteraron que no quieren vivir con miedo, pero tampoco están dispuestos a abandonar una región que consideran su hogar y que, advierten, podría quedar a merced del crimen organizado si no hay una intervención urgente y coordinada de las autoridades.