Islas de calor, expansión de concreto y pérdida de áreas verdes en la capital chiapaneca
En los últimos diez años, la capital chiapaneca ha registrado un aumento térmico sostenido asociado al crecimiento urbano, el avance del concreto y la reducción de vegetación
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Una joven camina haciendo uso de una sombrilla para cubrirse de los rayos del sol / Ángel Canseco / El Heraldo de Chiapas
Durante la última década, la temperatura promedio en Tuxtla Gutiérrez ha aumentado entre uno y tres grados Celsius, según mediciones realizadas con sensores térmicos y modelos climáticos desarrollados por investigadores de la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas (UNICACH). Este incremento coincide con la expansión territorial de la ciudad. De acuerdo con datos expuestos por el investigador William Vázquez Morales, la mancha urbana ha crecido aproximadamente cinco por ciento de la extensión territorial de la capital chiapaneca en los últimos diez años, extendiéndose hacia zonas periféricas donde antes existían cerros y áreas con vegetación natural.
El crecimiento urbano ha implicado la sustitución directa de cobertura vegetal por superficies de concreto, asfalto y materiales impermeables. Aunque no existe una cifra exacta de pérdida total de áreas verdes dentro de la ciudad, especialistas señalan que la reducción ha sido progresiva y que parte del problema no solo es la desaparición de espacios naturales, sino el deterioro de parques existentes por falta de mantenimiento, deforestación parcial o sustitución de arbolado por superficies duras. En palabras del investigador, “hemos detectado que el cambio de temperatura se ha incrementado de uno hasta tres grados en estos últimos diez años”, fenómeno que relaciona directamente con la urbanización acelerada.
Durante la mañana de lunes se alcanzaron los 30° / Ángel Canseco / El Heraldo de Chiapas
El resultado visible de esta transformación es la aparición de islas de calor urbano, zonas donde la temperatura es mayor que en áreas con vegetación o en municipios cercanos. Esto puede percibirse al desplazarse hacia Berriozábal, donde todavía existe mayor cobertura vegetal y se registra una diferencia térmica perceptible frente al calor acumulado en la capital. El fenómeno ocurre porque materiales como concreto y asfalto absorben radiación solar durante el día y liberan calor por la noche, prolongando la sensación térmica.
Dentro de la ciudad, las diferencias de temperatura son evidentes entre espacios con vegetación y zonas urbanizadas. Áreas como el Parque Cañahueca, el Parque Joyyo Mayu y el Jardín Botánico Dr. Faustino Miranda funcionan como reguladores térmicos naturales. En algunos casos, la diferencia puede alcanzar hasta cinco grados entre zonas con vegetación densa y espacios urbanos con escasa cobertura arbórea. Sobre esto, el especialista explicó que “depende de la densidad del arbolado, pero puede reducir desde un grado hasta cinco grados la temperatura”.
En Tuxtla Gutiérrez el día lunes inició con un cielo despejado y ambiente caluroso / Ángel Canseco / El Heraldo de Chiapas
El tráfico vehicular también influye en la temperatura urbana. Mediciones realizadas en avenidas de alto flujo han detectado aumentos térmicos durante horas pico debido al calor emitido por motores de combustión. Incluso en zonas con arbolado, el congestionamiento puede elevar la temperatura ambiental aproximadamente un grado adicional. Este comportamiento demuestra que el clima urbano no depende solo de la vegetación, sino también de la movilidad y la concentración de actividad humana.
Las consecuencias no son únicamente ambientales. El aumento térmico incrementa riesgos a la salud como golpes de calor, deshidratación y complicaciones cardiovasculares. También aumenta la exposición a radiación solar, elevando riesgos dermatológicos. Esto ha modificado rutinas diarias, incrementado el uso de aire acondicionado y generado mayor demanda de energía eléctrica, lo que a su vez contribuye indirectamente al calentamiento urbano.
Una mujer camina con una sombrilla para protegerse del sol / Ángel Canseco / El Heraldo de Chiapas
Desde el ámbito ciudadano, organizaciones ambientales han documentado los efectos de la urbanización sobre la biodiversidad. El biólogo Daniel Pineda, integrante del colectivo Helio Master, ha documentado la presencia de más de 140 especies de aves dentro de la ciudad, lo que representa una parte significativa de la biodiversidad estatal y nacional. Para el especialista, el deterioro ambiental urbano tiene efectos más amplios que el aumento de temperatura. En su visión, la ciudad sigue siendo habitable, pero bajo presión. En sus palabras, Tuxtla “es habitable con estrés”, al referirse a la combinación de calor, problemas de movilidad, escasez de agua y cambios en el entorno natural.
Además del impacto en fauna urbana, la pérdida de vegetación también afecta la capacidad de absorción de agua de lluvia, lo que incrementa escurrimientos y presión sobre infraestructura hidráulica. Este fenómeno se relaciona con eventos de inundaciones rápidas en temporada de lluvias, resultado de suelos impermeabilizados por pavimento y concreto.
Durante el lunes se tuvo una mañana con cielo mayormente despejado y soleado / Ángel Canseco / El Heraldo de Chiapas
A pesar del escenario actual, especialistas consideran que aún existen factores que ayudan a contener el aumento térmico. Ecosistemas regionales vinculados al sistema natural del Cañón del Sumidero continúan funcionando como reguladores climáticos regionales. Sin embargo, advierten que la pérdida de cobertura natural en zonas periféricas podría intensificar las temperaturas extremas en el futuro.
Actualmente, las temperaturas máximas en la ciudad alcanzan entre 40 y 42 grados en temporadas de calor intenso, con picos cercanos a 45 grados durante olas de calor. Aunque no se proyecta una transformación hacia condiciones desérticas en el corto plazo, investigadores coinciden en que el aumento térmico continuará si el crecimiento urbano mantiene el mismo ritmo sin medidas de adaptación.
Entre las alternativas que se estudian se encuentran el uso de concretos térmicos, pavimentos permeables, techos reflectantes, incremento de arbolado urbano y conservación de áreas verdes existentes. También se plantea la necesidad de integrar criterios climáticos en el diseño urbano, considerando ventilación natural, corredores verdes y reducción de superficies que acumulen calor.
El comportamiento térmico futuro de Tuxtla Gutiérrez dependerá de decisiones actuales sobre construcción, movilidad y conservación ambiental. La evidencia científica y la experiencia ciudadana coinciden en que el fenómeno de islas de calor ya forma parte del presente urbano. La diferencia estará en la velocidad y profundidad con que se adopten medidas para contener su avance. Si la expansión urbana continúa reduciendo vegetación, el aumento térmico seguirá siendo parte de la vida cotidiana. Si se fortalecen las áreas verdes y se modifican prácticas constructivas, la ciudad aún podría conservar condiciones climáticas más estables en las próximas décadas.