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Habitantes de al menos 15 comunidades del municipio de Ocosingo denunciaron el bloqueo de un puente en la comunidad de Santa Elena, luego de que un campesino colocara cercos al asegurar que el terreno es de su propiedad
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Credencial de José Arturo Pérez Cruz, localizada entre cenizas y basura en un rancho abandonado / Thiaré García / El Heraldo de Chiapas
En medio de un contexto de dolor, esperanza y resistencia, el trabajo de las madres buscadoras en Chiapas ha comenzado a rendir frutos tangibles. A través de la perseverancia y el esfuerzo colectivo, estas mujeres han logrado reabrir casos olvidados, evidenciar omisiones institucionales y encontrar indicios que podrían esclarecer la desaparición de múltiples personas en el estado.
Durante las últimas semanas, diversos grupos de búsqueda, acompañados por personal autorizado de la Fiscalía General del Estado (FGE), han tenido acceso a varios ranchos y terrenos rurales que, según reportes ciudadanos y líneas de investigación, podrían estar relacionados con personas desaparecidas. Uno de los hallazgos más impactantes tuvo lugar en el municipio de Yajalón, específicamente en la comunidad Amado Nervo, donde se descubrieron maletas con ropa, zapatos, identificaciones oficiales, pasaportes, tarjetas bancarias, partes de motocicletas e incluso una gorra con restos de cuero cabelludo.
Estos indicios fueron localizados por integrantes de la colectiva “Madres en Resistencia”, encabezadas por Adriana Gómez Martínez, madre de Jade Guadalupe, víctima de feminicidio. En entrevista, Adriana señaló que, a pesar de algunas restricciones impuestas por las autoridades en zonas de alto riesgo, el colectivo ha logrado entrar a espacios antes inaccesibles y obtener información clave.
Uno de los avances más significativos es el relacionado con la desaparición de José Arturo Pérez Cruz, un joven de 22 años originario del municipio de Tila, Chiapas, quien fue visto por última vez el 17 de julio de 2024, al salir de su casa en motocicleta, en el barrio Santa Lucía Buenavista. Durante casi un año, su familia vivió sin pistas claras sobre su paradero. Sin embargo, el pasado 12 de julio de 2025, la historia cambió.
En una jornada de búsqueda conjunta entre la colectiva que lleva su nombre y la Fiscalía, se localizó la credencial de elector del joven dentro de un rancho abandonado conocido como “Mi Ranchito”, situado a aproximadamente 30 minutos de la cabecera municipal de Yajalón. El documento fue encontrado detrás de la casa principal del rancho, en una zona que parecía un basurero clandestino, entre cenizas, bolsas quemadas y restos calcinados.
Este mismo sitio, según testigos y denuncias previas, había sido cateado tiempo atrás por la Fiscalía de los Altos por el delito de robo de vehículos, sin que se realizara una búsqueda orientada a casos de desaparición forzada. Las familias denunciaron esta omisión como un ejemplo del rezago en la actuación institucional.
El movimiento de las madres buscadoras no solo ha servido para encontrar pistas, sino también para modificar el panorama estatal en materia de búsqueda y justicia. Uno de los logros más concretos ha sido el incremento en los montos de recompensa ofrecidos por la Fiscalía a quienes proporcionen información útil sobre personas desaparecidas.
“Antes ofrecían 200 mil pesos, ahora logramos que se eleve a 500 mil pesos. Lo pedimos porque sabemos que nadie va a arriesgarse por tan poco”, explicó Adriana Gómez, quien considera que, aunque el dinero no repara la pérdida, puede ser una herramienta poderosa para obtener datos anónimos que ayuden a abrir nuevas líneas de investigación.
Para las madres organizadas, esta lucha va más allá de los casos particulares. “No solo buscamos a nuestros hijos, también buscamos a quienes nadie está buscando, a quienes ni siquiera están denunciados”, señalaron integrantes de la colectiva. A través de círculos de acompañamiento, denuncias públicas, campañas informativas y coordinación con instituciones, han logrado mantener viva la exigencia de justicia y verdad.
Mientras las búsquedas continúan en municipios como Tila, Yajalón, Chilón y Ocosingo, las madres mantienen firme su convicción de que ningún desaparecido debe quedar en el olvido. Cada hallazgo, por mínimo que parezca, representa un paso hacia la reparación y la memoria.