Locallunes, 25 de agosto de 2025
50 años bordando trajes de chiapaneca: historia de Marlene de Coss
La artesana de Chiapa de Corzo convierte el bordado a mano en una terapia ocupacional y en un legado que preserva la tradición chiapaneca
Isaí Flores

Marlene de Coss, originaria de Chiapa de Corzo y radicada en Ixtapa, es una mujer artesana dedicada a la elaboración de textiles bordados a mano, actividad que ha marcado toda su vida. Desde los seis años comenzó a aprender este oficio, y en enero próximo celebrará 50 años de trayectoria en el bordado. Para Marlene, esta actividad es mucho más que un trabajo; es una terapia ocupacional, donde los hilos, las agujas y el telar de cintura se convierten en su pasión. Actualmente, representa la tercera generación de una familia de bordadoras chiapanecas.
Desde niña, Marlene recuerda cómo su madre la motivaba a practicar el bordado antes de jugar: “Mi mamá no me daba permiso de salir a jugar sin antes bordar un vuelito de la blusa de la chiapaneca. En mi niñez no lo comprendía, pero en mi juventud le fui dando valor a cada prenda y a las enseñanzas de mis maestros”.

La artesana recuerda que sus maestros de educación primaria contribuyeron significativamente a su formación. “Tuve la fortuna de que mi maestra de primero y segundo grado me enseñara el amor al arte. En cuarto año, otro maestro reforzó mis conocimientos, y en quinto y sexto, Octavio Ovando me enseñó los dibujos de las flores, que perfeccioné hasta la preparatoria. Así creció mi pasión por la artesanía chiapaneca”.
Marlene destaca que cada puntada de sus bordados y cada traje de chiapaneca, que es su producto estrella, refleja la riqueza cultural de Chiapas. “Cada hilo y cada prenda cuenta una historia que compartimos como mujeres artesanas. Para nosotras, el bordado es un encuentro con la naturaleza y una forma de preservar el legado de nuestros antepasados”, explica.

Entre sus piezas más destacadas se encuentran los trajes de chiapaneca, elaborados a mano con técnicas tradicionales y diferentes tipos de hilos, como seda y estambre. Estos trajes constan de dos piezas: la falda, hecha de tela de olán, raso o estafeta, en colores como negro, amarillo, celeste, rojo y otros tonos, y la blusa bordada con diseños de flores y fauna. La artesana afirma: “Cada prenda se piensa y se elabora con amor. Los diseños surgen por la noche, plasmando historias y recuerdos. Un vestido puede costar desde 3 mil 500 hasta más de 20 mil pesos, dependiendo de la complejidad del bordado”.
Además, Marlene resalta que el bordado a mano es una terapia ocupacional que acompaña todas las etapas de la vida. “Como mujeres, debemos encontrar actividades que nos llenen y nos permitan sentirnos realizadas. No solo se trata de trabajar, sino de disfrutar el proceso y darle valor a lo que hacemos”, comenta.
Finalmente, la artesana recuerda la importancia de aprender y valorar los oficios ancestrales, transmitiendo de generación en generación la riqueza de la artesanía chiapaneca, que combina técnica, creatividad y pasión en cada hilo bordado.