¿Sirven realmente los puentes peatonales en Tuxtla? El debate sobre movilidad urbana
Peatones señalan que, aunque son útiles en vías rápidas, en zonas urbanas podrían no ser la mejor opción para la seguridad y accesibilidad del peatón
Peatones señalan que, aunque son útiles en vías rápidas, en zonas urbanas podrían no ser la mejor opción para la seguridad y accesibilidad del peatón

Anette Tejeda / El Heraldo de Chiapas
En avenidas de alta circulación como el Libramiento Norte o el Libramiento Sur, los puentes peatonales forman parte del paisaje cotidiano. Sin embargo, su verdadera utilidad para quienes caminan la ciudad sigue siendo tema de debate.
Aunque durante años se han presentado como una solución de seguridad vial, diversos estudios en materia de urbanismo coinciden en que, en entornos urbanos, rara vez funcionan de manera eficiente para el peatón y, en muchos casos, priorizan el flujo vehicular por encima de la accesibilidad de las personas.
Uno de los principales problemas es la falta de accesibilidad. Gran parte de los puentes más antiguos están compuestos únicamente por escaleras, lo que complica o impide el paso a personas con discapacidad, adultos mayores, personas que usan carriolas o incluso ciclistas. En una ciudad con altas temperaturas como Tuxtla, subir varios tramos de escaleras bajo el sol también representa un esfuerzo considerable.
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Además, cruzar por un puente suele implicar mayor tiempo y esfuerzo. Mientras que el cruce a nivel de calle puede ser directo, el puente obliga a recorrer rampas o escalinatas que alargan el trayecto. Para muchas personas, la opción más rápida termina siendo cruzar por abajo, aun con el riesgo que eso implica.
La inseguridad es otro factor que desalienta su uso. Algunos puentes se encuentran en zonas poco iluminadas o con escasa vigilancia, lo que genera temor a asaltos o acoso, especialmente durante la noche.
Especialistas también advierten sobre una posible falsa sensación de seguridad para los automovilistas. Al existir un puente, algunos conductores asumen que la vía les pertenece exclusivamente y reducen menos la velocidad, disminuyendo la atención hacia peatones que cruzan a nivel de calle.
No todo es negativo. Los expertos reconocen que los puentes peatonales cumplen una función importante en carreteras de alta velocidad o autopistas, donde el tráfico es continuo y cruzar a nivel resulta prácticamente imposible o extremadamente peligroso.
También son útiles cuando existen barreras físicas como ríos, vías férreas o avenidas de gran amplitud donde no hay otra alternativa técnica viable para conectar ambos lados de la vialidad.
En contraste, el urbanismo contemporáneo apuesta por soluciones que devuelvan la prioridad a las personas. Entre ellas destacan los cruces a nivel de calle, acompañados de semáforos peatonales, pasos tipo cebra bien señalizados y estrategias como las “zonas 30”, que obligan a reducir la velocidad de los vehículos.
Estas medidas, además de ser más económicas, promueven una movilidad inclusiva y obligan a los automovilistas a compartir el espacio con quienes caminan. En ciudades que buscan ser más habitables y sostenibles, la tendencia es clara: el peatón debe estar al centro del diseño urbano.
En Tuxtla Gutiérrez y otros municipios de Chiapas, la conversación sobre movilidad urbana apenas comienza a tomar fuerza. La pregunta no es solo si los puentes funcionan, sino si realmente responden a las necesidades de la población.
En conclusión, los puentes peatonales suelen ser una solución pensada para no detener el flujo de los autos. Si bien pueden ser indispensables en vías rápidas, en el contexto urbano muchas veces no representan la opción más cómoda, accesible ni segura para quienes caminan la ciudad todos los días.