Tuxtla Gutiérrez enfrenta un rezago del 70% en espacios públicos para activación física en sus colonias, con limitados campos deportivos y carencia de seguridad e infraestructura básica, según testimonios ciudadanos y ausencia de planes municipales claros
Adriana Gómez, de Madres en Resistencia, denuncia la falta de prevención contra la violencia hacia mujeres en Chiapas, con 39 feminicidios, 10 de ellos en este 2026. Solicitan recursos para expertos en investigación y una respuesta eficaz de las autoridades
La investigación de perdidas de lagunas se realiza ante ya la pérdida de una laguna en La Encrucijada / Unicach
En los últimos cinco años, al menos 28 hectáreas de superficie lagunar se han perdido en la costa de Chiapas, principalmente en los sistemas de La Joya Buenavista y la laguna de Paredón, como consecuencia de procesos de asolvamiento asociados a la erosión, el arrastre de sedimentos y la contaminación, lo que ha generado un impacto ambiental y económico directo en la actividad pesquera de la región.
De acuerdo con el estudio encabezado por José Díaz Gallegos, biólogo e investigador de la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas (UNICACH), explicó que el hallazgo surgió durante un inventario de los sistemas lagunarios de la costa chiapaneca, apoyado en mediciones de campo y análisis de imágenes satelitales de distintas fechas.
“Encontramos que algunas lagunas se están empezando a tener reducción y, ya después profundizamos más en el tema, estamos encontrando que las lagunas están disminuyendo en profundidad”, señaló el investigador.
De acuerdo con el especialista, la pérdida no es solo superficial. El problema central es el asolvamiento, es decir, el rellenamiento progresivo de las lagunas con sedimentos que descienden desde las zonas montañosas altas a través de los ríos. “Todo ese sedimento corre a través de los ríos y los ríos lo depositan en los sistemas lagunares y también en las bocas barra”, explicó.
El investigador explicó que la disminución de la profundidad altera los hábitats acuáticos y reduce la presencia de especies / Unicach
El estudio identificó afectaciones severas en el sistema lagunar de La Joya Buenavista, una zona clave para la biodiversidad y la pesca que sostiene a comunidades como Puerto Arista, Cabeza de Toro y Manguitos. En este sistema se detectó una reducción significativa del espejo de agua y de la profundidad.
El segundo punto crítico se localiza en la laguna de Paredón, particularmente en la zona donde descarga el río Lagartero, proveniente de Arriaga. “En donde descarga esa laguna ya tenemos un inventario de alrededor de 28 hectáreas que se han perdido de laguna. Se han vuelto tierra, otro tipo de ecosistema”, detalló Díaz Gallegos.
Desde el punto de vista ecológico, el investigador explicó que la disminución de la profundidad altera los hábitats acuáticos y reduce la presencia de especies que dependen de determinadas condiciones para sobrevivir. “Cuando la laguna pierde esa profundidad, ya los peces, o muchos de ellos, no llegan a esas zonas. Esa zona se vuelve ya no habitable por los requerimientos de hábitat que tienen esas especies”, afirmó.
28 hectáreas se han perdido de laguna debido al azolvamiento / Unicach
La pérdida de hábitat se traduce en una reducción de la biodiversidad pesquera, lo que impacta de manera directa a las comunidades que dependen de la pesca como principal medio de subsistencia.
El fenómeno no solo es ambiental. Díaz Gallegos subrayó que la reducción de las lagunas afecta directamente a las economías locales. “Mucha gente depende de la pesquería de esas lagunas. Entonces, cuando hay una reducción del hábitat de los peces, deja de haber biodiversidad pesquera”, señaló.
Este escenario ha comenzado a modificar la dinámica social en las comunidades costeras. “Mucha gente vive de esa actividad. Entonces, muchos de los hijos de esos pescadores ya a veces tienen que salir a buscar otro tipo de forma de vivir para poderse seguir sosteniendo”, agregó.
Una de las principales fuentes de empleo en Paredón es la pesca / Thiaré García/El Heraldo de Chiapas
El investigador advirtió que la recuperación de los sistemas lagunarios no es sencilla, ya que el origen del problema está en toda la cuenca. “La deforestación que hacen la gente que vive en las zonas montañosas impacta a los ríos a través del proceso de erosión”, explicó, lo que obliga a pensar en soluciones integrales y de largo plazo.
También alertó sobre intervenciones mal planeadas en los cauces. “A los ríos hay que respetarles sus curvaturas (...) porque cuando se les hacen rectos, el material de sedimentación corre mucho más rápido”, indicó, al señalar que cualquier obra hidráulica debe estar respaldada por estudios técnicos previos para evitar daños mayores.
Como antecedente, Díaz Gallegos mencionó el caso de la laguna Cerritos, ubicada dentro de la Reserva de la Biosfera La Encrucijada, cerca de la comunidad de Las Lauras. “Es la primera laguna que empezó a tener problemas de asolvamiento y hoy día (...) llegamos al diagnóstico de que esa laguna está prácticamente perdida”, afirmó.
La experiencia, advirtió, muestra que cuando no se actúa a tiempo, la pérdida de profundidad convierte antiguas lagunas en otros tipos de ecosistemas, como zonas colonizadas por mangle, modificando de manera irreversible el paisaje y su función ecológica.
Finalmente, el investigador subrayó la necesidad de que cualquier acción de restauración o manejo se realice con respaldo técnico especializado. “Toda actividad humana sobre cualquier ecosistema tiene un impacto (...) de lo que se trata hoy día es evitar que ese daño sea el máximo”, concluyó.