Raíces que laten bajo el asfalto de Tuxtla Gutiérrez
Cuatro barrios que iniciaron Tuxtla fueron desapareciendo desde principios del siglo XX; dos de ellos se niegan a sucumbir y sobreviven entre la memoria y olvido de una ciudad ancestral
En el corazón de Tuxtla Gutiérrez se encuentra el barrio San Marcos uno de los barrios principales / Thiaré García/El Heraldo de Chiapas
Mucho antes de ser una capital moderna y bulliciosa, Tuxtla Gutiérrez fue una pequeña aldea asentada a orillas del río Sabinal, habitada por los zoques, una de las culturas más antiguas y enigmáticas del sureste mexicano. De esa raíz ancestral nacieron los primeros barrios de la ciudad —Santo Domingo, San Jacinto, San Miguel y San Andrés—, de los cuales algunos desaparecieron con el paso de los siglos, tragados por el crecimiento urbano y el olvido.
El cronista de la ciudad, Jorge Alejandro Sánchez Flores, relata que “la actual capital de Chiapas originalmente fue un poblado zoque, tal vez una aldea, habitada por individuos que llegaron y poblaron en las márgenes del río Sabinal, desde Plan de Ayala hasta prácticamente la desembocadura con el río Grijalva”.
Barrio San Roque el cual absorbió a Barrio Nuevo / Thiaré García/El Heraldo de Chiapas
El investigador explica que la civilización zoque, a diferencia de los mayas o los egipcios, no dejó escritura grabada, lo que ha dificultado reconstruir su historia. “Es una cultura milenaria y enigmática porque no dejaron escritura; ha sido muy difícil reconstruir su historia, no sólo en Tuxtla, sino en todo el norte de Chiapas, parte de Veracruz y Oaxaca”, comenta.
A lo largo del cauce del río Sabinal, aún se conservan algunos vestigios de antiguos asentamientos zoques. En zonas cercanas a la desembocadura con el río Grijalva, pueden encontrarse rancherías con restos arqueológicos que confirman la presencia de esta cultura.
La historia del nombre de Tuxtla se remonta a una época en que los náhuatl llegaron a invadir y renombrar los antiguos asentamientos zoques. Sánchez Flores explica que el poblado era conocido originalmente como “Coyatocmó”, palabra que significa lugar de conejos.
“Los náhuatl cambian el nombre; en su lengua, ‘Tochtli’ es conejo y ‘tlan’ significa lugar, de ahí surge ‘Tuchtlán’, el valle donde abundaban los conejos cafés y negros, no blancos, como a veces se cree”, detalla el cronista.
Barrio Niño de Atocha o Colón los que han absorbido a los barrios antiguos - Thiaré García/El Heraldo de Chiapas
En esta zona pudieron estar el barrio San Miguel y San Andrés los cuales desaparecieron por completo - Thiaré García/El Heraldo de Chiapas
Crecimiento poblacional desdibujo los barrios e incluso se realizó el cambio de nombres, ya que antes era por personajes históricos - Thiaré García/El Heraldo de Chiapas
El sincretismo cultural se profundizó con la llegada de los españoles y los frailes evangelizadores, quienes transformaron las costumbres y creencias indígenas. “Los zoques adoraban la luna, el sol, la pochota y las montañas, pero con los frailes comenzó un proceso de evangelización que cambió la cosmovisión del pueblo. Les hablaron del cielo, del infierno, del diablo, y ahí comenzó el encuentro de dos culturas”, señala Sánchez Flores.
De ese proceso nacieron los cuatro primeros barrios de Tuxtla, conformados alrededor de templos que hoy son parte de su historia religiosa: Santo Domingo, San Jacinto, San Miguel y San Andrés.
El cronista municipal narra que “los españoles fundaron cuatro barrios: Santo Domingo, donde actualmente estamos, con su iglesia original al frente; San Jacinto, que colindaba con Santo Domingo; San Miguel, en la segunda poniente y primera sur; y San Andrés, que se ubicaba cerca de lo que hoy es la Lotería Nacional”.
Cada uno de ellos tenía su propio santo patrono y una identidad muy definida. En 1813, Tuxtla recibió el título de Villa de San Marcos Tuxtla, nombramiento que vino desde las Cortes de Cádiz, en España, a propuesta del diputado chiapanecoMariano Robles Domínguez.
Barrio San Miguel uno de los ya desaparecidos en Tuxtla / Thiaré García/El Heraldo de Chiapas
“En 1829 la villa se volvió ciudad por decisión de las autoridades tuxtlecas; ya teníamos Congreso y aparecíamos en la primera Constitución de 1824 como parte de la provincia de las Chiapas”, explica.
Con el paso del tiempo, San Miguel y San Andrés desaparecieron, quedando sólo vestigios y memorias orales. “San Miguel y San Andrés desaparecieron en los primeros años del siglo pasado. Todavía en las postrimerías del siglo pasado se hablaba de los zoques que visitaban San Andrés y San Miguel. Este último tuvo una danza característica que ha vuelto a resurgir porque estaba en el olvido, pero su templo desapareció hace décadas”, comenta Sánchez Flores.
Tras la desaparición de dos de los barrios fundacionales, Tuxtla fue creciendo y nacieron nuevos núcleos poblacionales, como San Roque, El Calvario, Niño de Atocha, La Pimienta y San Francisco. Este último, precisa Sánchez Flores, “originalmente se llamaba barrio Francisco León, en honor a un gobernador de origen oaxaqueño. Con el tiempo se construyó una iglesia dedicada a San Francisco y el nombre cambió de la noche a la mañana”.
Santo Domingo uno de los barrios mas antiguos de la ciudad capital / Thiaré García/El Heraldo de Chiapas
Cada barrio adoptó un santo patrono y una festividad. “Santo Domingo acaba de celebrar su fiesta; San Jacinto festeja en agosto, San Roque y San Andrés también tienen su día, de modo que Tuxtla Gutiérrez tiene fiestas todo el año”, describe el cronista.
De los barrios antiguos, San Miguel y San Andrés desaparecieron por completo. “También existió barrio Nuevo, fue absorbido por San Roque; estaba entre la séptima oriente y la once oriente, desde la cuarta sur hasta la tercera norte. Era un barrio grande, pero con el tiempo se integró a San Roque”, comenta Sánchez Flores.
Náhuatls llegaron a invadir y renombrar los antiguos asentamientos zoques / Thiaré García/El Heraldo de Chiapas
El cronista agrega que en documentos de finales del siglo XIX, entre 1897 y 1898, aún se mencionaba a barrio Nuevo en escrituras y registros oficiales. “En las escrituras privadas aparecían las direcciones con nombres como Avenida El Triunfo, colindando con el barrio Nuevo. Esas referencias confirman que sí existió y que fue absorbido con el crecimiento de la ciudad”, detalla.
Otro barrio de nombre Tzocumbak también tiene su historia curiosa. “Tzocumbak quiere decir zacate alto, y el nombre se relaciona con un arroyo cercano. Pero en los años ochentas hubo confusiones porque las autoridades municipales colocaron láminas con nombres equivocados, y muchos habitantes amanecieron siendo de otro barrio”, recordó entre risas.
El cronista reconoce que el crecimiento acelerado de Tuxtla Gutiérrez ha desdibujado la identidad de los barrios. Muchos de sus templos desaparecieron, sus calles cambiaron de nombre y las generaciones más jóvenes apenas conservan recuerdos de sus orígenes.
Antes, las calles no se numeraban, sino que llevaban nombres de personajes históricos. “Antes las calles se llamaban avenida Gamboa, calle del Estado, avenida de la República o calle Arista; los nombres actuales con números cardinales llegaron con la modernización de la ciudad”, precisa.
En los márgenes del río Sabinal tambien fue un poblado zoque o quiza aldea narra el cronista / Thiaré García/El Heraldo de Chiapas
Aún así, Sánchez Flores subraya la importancia de rescatar la historia de los barrios como parte del patrimonio intangible de Tuxtla. “Cada barrio tiene su santo y su historia; es la memoria viva de la ciudad y lo que le da identidad a los tuxtlecos. Sin los barrios, Tuxtla no tendría alma”, concluye.
Tuxtla Gutiérrez, la capital del conejo y del sincretismo, es hoy una urbe que se expande entre el ruido del tráfico y el concreto. Pero bajo sus calles, en los cimientos de Santo Domingo y San Jacinto, aún palpita la historia de aquellos pueblos que adoraban la luna y el río.
En cada barrio que resiste, en cada danza rescatada, en cada ermita reconstruida, la ciudad recuerda que fue primero un valle de conejos y un pueblo de fe.