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Locallunes, 9 de marzo de 2026

Salud mental, la crisis conductual en jóvenes que Chiapas aún no atiende

La juventud envía señales de auxilio adoptando conductas que muchos adultos califican de “raras” o “modas” como el fenómeno therian, el cutting o el uso compulsivo de redes sociales

Isaí Flores

Conductas que no son moda, sino sintomas: especialistas

El terapeuta Ricardo Mena López, advierte que el juicio social solo profundiza la ruptura.

“No podemos decir que los jóvenes están mal. Están reaccionando a las condiciones socioculturales que estamos viviendo. Lo que sí podemos hacer es adaptarnos y reconstruir la comunicación con ellos”.

Señala que existe una crisis de identidad familiar en la mayoría, falto de valores y atención de los padres que empuja a los jóvenes a buscar pertenencia fuera del hogar.

La psicóloga Guadalupe del Carmen Castillo, coincide en que el trasfondo es emocional.

“Normalmente el joven realiza conductas para encajar en la sociedad y ser aceptados. La autoestima juega un papel fundamental en esta etapa”.

Advierte que el cutting —autolesión no suicida— es un mecanismo de escape que está creciendo.

“Cuando no hay comunicación asertiva en la familia, los jóvenes buscan desahogos que pueden convertirse en un problema de salud pública”.

Infraestructura limitada y la atención tardía

El psiquiatra Maximiliano Rincón Rojas, del Hospital General Regional de Especialidades XIV de Septiembre, explica que el adolescente es biológicamente vulnerable.

“El cerebro termina de formarse entre los 18 y 21 años. Es un proceso de búsqueda de identidad que puede asociarse a conductas que los adultos consideran inadecuadas”, subraya que la estigmatización retrasa la búsqueda de ayuda.

“Escuchar sin juzgar y validar los sentimientos reduce el impacto del sufrimiento interno y facilita la búsqueda de ayuda profesional”, reitera.

Es importante señalar que en Chiapas en numerosos municipios no hay psiquiatras permanentes; mientras la presencia de psicólogos en escuelas públicas también es limitada.

La diputada Luz María Castillo Moreno, presidenta de la Comisión de Atención a Grupos en Situación de Vulnerabilidad e Inclusión del Congreso del Estado de Chiapas, reconoce la urgencia.

“En la medida en que se les atienda y se les entienda, estaremos previniendo suicidios, consumo de alcohol y droga. Necesitamos estrategias claras y psicólogos en las escuelas”.

Hasta ahora, esas estrategias no se traducen en cobertura universal ni en un incremento sustancial del presupuesto estatal destinado a salud mental.

Voces que pocas veces se escuchan

Carlos (19 años), universitario, reconoce que pasó meses aislado en redes sociales. “Todo el día comparándome. Sentía que no era suficiente. Pensé en hacerme daño, pero nunca lo dije porque sabía que me iban a decir que era exagerado”.

Ambos coinciden en algo: el miedo a ser juzgados fue mayor que el impulso de pedir ayuda.

El cuestionamiento incómodo

Si las cifras crecen. Si los especialistas advierten y los jóvenes están enviando señales claras. ¿Por qué la salud mental continúa siendo un rubro marginal en el presupuesto público?

A nivel nacional, menos del 2 % del gasto en salud se destina a salud mental, de acuerdo con datos oficiales de la Secretaría de Salud. En estados con alta marginación como Chiapas, la falta de infraestructura y personal especializado amplifica la brecha.

La crisis no es el disfraz ni la moda. Es la ausencia de políticas preventivas sólidas, de psicólogos permanentes en escuelas, de programas comunitarios en zonas rurales y de una estrategia estatal con financiamiento suficiente.

Mientras el debate público se centra en juzgar conductas, la emergencia emocional juvenil avanza en silencio. Y cada cifra no es solo un número: es un joven que intentó hablar y no encontró quién escuchara.

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