Cobertura territorial: 160 kilómetros de playa vigilados
Incubación controlada y registros técnicos
En promedio, cada nidada contiene alrededor de 100 huevos, aunque se han documentado casos excepcionales —principalmente en la tortuga golfina— con más de 200 huevos.
Especies que llegan a Chiapas y su nivel de riesgo
El hombre el mayor depredador de estos quelonios
A ello se suman depredadores naturales y domésticos, como perros, cangrejos y aves, que atacan a las crías durante su trayecto hacia el mar.
Ciclos reproductivos y datos duros de anidación
Anualmente, tan solo en esta región, se estima la liberación de alrededor de 500 mil crías, resultado de un esfuerzo sostenido que involucra vigilancia comunitaria, programas federales de empleo temporal y trabajo técnico especializado.
Extensión territorial de los santuarios de tortugas
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La costa de Chiapas alberga uno de los corredores biológicos más importantes para la tortuga marina en el Pacífico mexicano. / Thiaré García/El Heraldo de Chiapas
La costa de Chiapas alberga uno de los corredores biológicos más importantes para la conservación de la tortuga marina en el Pacífico mexicano. A lo largo de esta franja, que comprende municipios como Tonalá, Pijijiapan y Acapetahua, operan santuarios y campamentos tortugueros dedicados a la protección, incubación y liberación de crías, en medio de un escenario marcado por la presión humana, amenazas ambientales y los efectos del cambio climático.
Uno de los puntos estratégicos de esta red de conservación es el Santuario Puerto Arista, ubicado en el municipio de Tonalá, dentro de un sistema estuarino declarado Sitio Ramsar el 2 de febrero de 2008. Este reconocimiento internacional identifica al área como un humedal de alta importancia ecológica, clave para la biodiversidad y el resguardo de especies en riesgo.
Durante la temporada alta, brigadas recorren hasta 160 kilómetros de playa para proteger los nidos. / Thiaré García/El Heraldo de Chiapas
De acuerdo con información técnica del proyecto de protección y conservación de la tortuga marina en Chiapas, la Secretaría de Medio Ambiente e Historia Natural (Semahn) opera cuatro campamentos tortugueros: dos en Tonalá, uno en Pijijiapan y otro en Acapetahua, este último dentro de la Reserva de la Biosfera La Encrucijada. Entre ellos destacan Barra Zacapulco, Costa Azul, Boca del Cielo y Puerto Arista.
Durante la temporada alta de anidación, que va de julio a diciembre, los equipos realizan recorridos nocturnos que abarcan cerca de 160 kilómetros de playa, con el objetivo de localizar nidos, protegerlos y trasladar los huevos a corrales de incubación seguros.
La tortuga laúd es una de las especies más amenazadas que llegan a las playas chiapanecas / El Heraldo de Chiapas
“El pico de anidación ocurre en septiembre y octubre”, explicó Mirella Domínguez Aquino, coordinadora de zona del proyecto, quien detalló que en noches de alta actividad pueden colectarse entre 80 y 100 nidos, los cuales son resguardados bajo condiciones controladas.
Cada nido es identificado con registros técnicos que incluyen número progresivo, cantidad de huevos y fecha estimada de eclosión. El periodo de incubación oscila entre 45 y 55 días, dependiendo de la especie y de factores ambientales como la temperatura y la humedad de la arena.
Los corrales mantienen una distancia aproximada de 75 centímetros entre nidos, con la profundidad necesaria para evitar el sobrecalentamiento. “La temperatura es clave incluso para definir el sexo de las crías”, explicó Domínguez Aquino. Por debajo de los 28 grados centígrados se favorece el nacimiento de machos, mientras que temperaturas superiores a 29 o 30 grados generan mayor proporción de hembras, razón por la cual los corrales son sombreados y monitoreados de manera constante.
Los nidos son colocados de forma técnica y llevan un registro de cuántos huevos hay en cada uno. / Thiaré García/El Heraldo de Chiapas
En la costa chiapaneca se registra la presencia de cuatro especies de tortuga marina: golfina, prieta, laúd y carey. No obstante, la carey utiliza esta zona principalmente como área de alimentación, mientras que la golfina es la más abundante y con mayor actividad de anidación.
Tres de estas especies permanecen en foco rojo por la disminución de sus poblaciones: la tortuga laúd, que puede alcanzar hasta dos metros de longitud y pesar entre 700 y 750 kilogramos, así como la prieta y la golfina.
Aunque existen amenazas naturales, el principal riesgo para estos quelonios sigue siendo el ser humano. La extracción ilegal de huevos persiste, aunque se ha reducido hasta en un 50 por ciento en comparación con décadas anteriores. “Si hay comprador, siempre habrá vendedor”, señaló la coordinadora, al advertir que el consumo de huevo de tortuga continúa en algunas comunidades.
Cada año se liberan alrededor de medio millón de crías en los santuarios tortugueros de Chiapas. / Thiaré García/El Heraldo de Chiapas
Otra situación que los afecta es la contaminaciónmarina que se refleja de manera directa en los corrales luego que durante la temporada de lluvias grandes volúmenes de basura llegan al mar y esta contaminación deriva en la aparición de malformaciones en las crías, algunas graves al observarse ejemplares con dos cabezas, sin ojos o con aletas incompletas, explicó la coordinadora, al señalar que estos casos son cada vez más visibles.
Dijo que durante la temporada de lluvias, el trabajo se intensifica. El exceso de agua puede inundar los nidos, obligando a los equipos a realizar maniobras constantes para retirar arena húmeda, elevar mallas, ventilar los corrales y asegurar que el calor del sol permita una incubación adecuada.
La contaminación marina ha provocado malformaciones en crías de tortuga, advierten especialistas. / Thiaré García/El Heraldo de Chiapas
Una vez que las crías emergen, las liberaciones se realizan de forma controlada y estratégica. No se concentran en un solo punto ni en un solo día, con el fin de evitar que se conviertan en presa fácil de depredadores marinos. “Nosotros liberamos todos los días en diferentes puntos”, explicó la coordinadora, detallando que el tramo bajo resguardo directo en Puerto Arista abarca 32 kilómetros de playa.
Las crías son colocadas a unos cinco metros de la línea donde llega la última ola, permitiendo que registren la salinidad, la textura de la arena y los olores del entorno. Esta información queda grabada en su memoria, conocida como impronta, y les permitirá regresar a la misma playa cuando alcancen la madurez sexual, entre los 8 y 14 años.
En cada nido llegan a depositarse hasta 100 huevos. / Thiaré García/El Heraldo de Chiapas
El Santuario Puerto Arista, con una superficie de 197 mil 761 hectáreas, forma parte del compromiso internacional de México con la Convención Ramsar, que en el país suma 131 sitios registrados y más de 8.9 millones de hectáreas protegidas.
En este contexto, los santuarios tortugueros de la costa chiapaneca se mantienen como una franja de resistencia ecológica, donde la conservación depende tanto del trabajo institucional como de la conciencia social, para reducir el consumo ilegal, respetar los ciclos naturales y permitir que las tortugas marinas continúen regresando, año con año, a las playas donde inició su vida.