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Locallunes, 8 de diciembre de 2025

La verdad sobre los ejidos en Tuxtla: Problemas legales y la expansión urbana

Cesiones irregulares y falta de control agrario generan conflictos, despojos y vulnerabilidad legal para ejidatarios y compradores

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Thiaré García / El Heraldo de Chiapas

Cesiones sin asamblea: origen de la mayoría de conflictos

Una de las principales irregularidades ocurre cuando personas transfieren derechos “de palabra” o mediante simples constancias, sin que medie un acuerdo de la asamblea ejidal.

“Hay esa mala práctica de decir: ‘yo se lo doy’, como si lo estuvieran vendiendo… y sin el acuerdo de la asamblea no tiene validez”, explicó Cruz Espinosa. Incluso dentro de las familias, la cesión debe cumplir requisitos específicos y contar con la aprobación del núcleo ejidal.

La falta de autorización ha derivado en casos de doble documentación, donde dos personas presentan papeles distintos para reclamar la misma parcela. La vía correcta de resolución es el órgano jurisdiccional agrario, advirtió el abogado.

Aunque no proporcionó un porcentaje de incidencia en Tuxtla, reconoció que la problemática es frecuente: “Sí hay esa práctica, hay esa mala práctica”, afirmó.

Ley Agraria: el único camino para otorgar certeza jurídica

La legislación vigente establece que no existe la “venta” tradicional en el régimen ejidal; solo es posible realizar cesiones de derechos parcelarios mediante un procedimiento específico. Cualquier operación fuera de esta ruta puede ser anulada y no otorga certeza al comprador.
Entre los pasos indispensables se encuentran:

Si alguno de estos requisitos no se cumple, cualquier documento emitido —incluyendo constancias de comisariados— carece de valor jurídico para transmitir derechos.

Además, se recordó que la ley impide la concentración de tierras por parte de un mismo ejidatario y que la conversión al dominio pleno, que permite vender como propiedad privada, es un procedimiento distinto que requiere previamente desincorporar la parcela del régimen ejidal..

Procedimiento obligatorio para el cambio de propietario

Una vez aprobada, se procede a la firma del contrato de cesión, que debe incluir la descripción del terreno, los derechos transmitidos y las firmas de comisariado y testigos. En algunos casos, la firma debe realizarse también ante notario público.

El trámite concluye con la inscripción en el RAN y la emisión de un nuevo certificado. Finalmente, se notifica a la comunidad ejidal para evitar futuros conflictos.

Conflictos recurrentes: acuerdos privados, documentos dobles y despojos

Comisiariado ejidal, sus funciones reales y poder informal

Un punto crítico señalado por León Farrera es la figura del comisariado ejidal, que, según afirma, suele adjudicarse facultades que legalmente no tiene, lo que facilita prácticas discrecionales y abusos de autoridad.

“He estado investigando la figura del comisariado ejidal, no tiene una figura jurídica… y sin embargo se adjudican poderes como de gobernante del ejido”, comentó.

Este poder informal abre la puerta a decisiones unilaterales, ventas irregulares y acuerdos sin consenso, cuando la normativa establece claramente que las decisiones sobre parcelas ejidales deben tomarse en asamblea, con participación de la mayoría de los ejidatarios.

Casos documentados El Heraldo de Chiapas han sido situaciones en las que autoridades municipales o policías participan en desalojos basados en acuerdos con comisariados, aun cuando las tierras están en disputa o forman parte de sucesiones familiares no regularizadas.

No obstante, los mecanismos de control interno sobre la transmisión de derechos entre ejidatarios siguen siendo limitados, lo cual —señala la entrevistada— deja espacios donde prosperan la manipulación y el engaño.

“Creo que el Registro Agrario no lleva un buen control del traslado entre un ejidatario y otro”, dijo, resaltando que esta falta de seguimiento afecta directamente la certeza jurídica de compradores y de familias que heredan parcelas.

A esto se suma que la estructura de propiedad comunal, donde todos los ejidatarios son copropietarios del conjunto del ejido, dificulta la claridad sobre la asignación de lotes, lo que incrementa la probabilidad de disputas internas y casos de doble venta.

Conflicto ejidal en Terán, uno de tantos ejemplos

Un grupo de pobladores, encabezados por el comisariado ejidal, acudió al fraccionamiento Laguna Azul de Tierra Negra, en el ejido Terán, para derribar parte de una vivienda que presuntamente invadió una calle, lo que dejó en situación de vulnerabilidad a la habitante del predio, Eloiza Pérez López.

Certeza jurídica y educación agraria, reto pendiente

El testimonio de la urbanista evidencia que el problema de fondo no solo es legal, sino estructural: falta de educación en materia agraria, autoridades que operan sin controles, compradores desinformados y un marco normativo cuyo cumplimiento depende de prácticas comunitarias que no siempre se respetan.

Mientras no se fortalezcan los mecanismos de vigilancia, registro y toma de decisiones dentro de los ejidos, los conflictos continuarán reproduciéndose, dejando a familias, comunidades y compradores en una zona de vulnerabilidad jurídica que se ha extendido durante más de tres décadas.

Entre el origen histórico y el riesgo de desaparecer por crecimiento

Sánchez Flores expuso que en Tuxtla Gutiérrez existen referencias documentales desde 1847, cuando el agrimensor Secundino Orantes elaboró un plano que muestra los ejidos y límites que rodeaban a la ciudad. Entre ellos aparecían sitios como Paso Limón, Pasatiempo en las delimitaciones de lo que hoy es Terán, donde estaban los mojones en esa época.

Señaló que cada ejido cuenta con su propia estructura de gobierno interno. “La comunidad ejidal tiene sus propias autoridades… la asamblea general es la que manda con el comisariado o el consejo de vigilancia”, explicó. Esa asamblea, dijo, se reúne un domingo de cada mes y es la instancia que toma las decisiones fundamentales.

Territorios que crecen y ejidos que se reducen

En el caso del ejido Terán, Sánchez Flores recordó que aunque la zona existía desde antes como comunidad, fue en 1926 cuando quedó formalmente constituido como ejido. Diez años después, en 1936, se creó el ejido Plan de Ayala, tras la fragmentación de antiguas fincas pertenecientes a familias como Palazuelos y López Ayala.

Aunque originalmente eran territorios agrícolas y ganaderos extensos, el crecimiento urbano ha modificado de forma significativa su composición. El cronista mencionó que incluso la Casa Ejidal de Terán tuvo que ser reubicada en San José Terán debido a la expansión de las colonias.

Venta irregular y pérdida de tierras ejidales

Estas ventas generan nuevas colonias sin servicios, que con el tiempo terminan siendo regularizadas y absorbidas por el municipio, lo que complica la provisión de agua, drenaje, energía y atención urbana.

Una figura histórica presionada por la expansión de Tuxtla

Finalmente, Sánchez Flores subrayó que la ciudad continúa creciendo sobre lo que antes fueron tierras comunales. “Las poblaciones… están sumamente grandes en este Valle Coyatocmó”, dijo al señalar que la expansión urbana ha invadido gran parte de las superficies agrícolas.

A pesar de ello, destacó que los ejidos siguen siendo fundamentales para conservar prácticas productivas tradicionales, la siembra de granos básicos, los usos y costumbres comunitarios y áreas de valor ambiental.

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