Retraso en el desarrollo cognitivo y del lenguaje: al ver televisión pasivamente, los niños pierden oportunidades de interactuar con adultos y otros niños, lo cual es crucial para aprender lenguaje, pensamiento crítico y habilidades sociales.
Problemas de sueño: la luz azul de las pantallas altera la producción de melatonina, dificultando conciliar el sueño y afectando la calidad del descanso.
Obesidad y sedentarismo: pasar horas sentados frente a la pantalla reduce la actividad física y aumenta el riesgo de sobrepeso, además de fomentar hábitos de alimentación poco saludables.
Problemas de comportamiento y salud emocional: el uso excesivo puede asociarse con irritabilidad, déficit de atención, ansiedad y depresión, además de desensibilización frente a contenidos violentos.
Desarrollo social limitado: pasar tiempo frente a la pantalla reduce la interacción cara a cara, afectando la empatía, la comunicación y la capacidad social de los niños.
Problemas de visión: la exposición prolongada genera fatiga visual, ojos secos, visión borrosa y puede aumentar el riesgo de miopía.