Culturadomingo, 23 de noviembre de 2025
Memorias de Chihuahua / El Cine Variedades en Guachochi
Fundado en 1966, el lugar se convirtió en un referente de la vida social y cultural del pueblo
Cecilia Díaz / Archivo Histórico Municipal de Guachochi

En el Guachochi de la década de 1960 la población comenzaba a configurarse con un nuevo dinamismo ,y ahí surgió uno de los espacios de convivencia y entretenimiento más queridos por sus habitantes: el Cine Variedades. Fundado en 1966 por los señores Natividad Aguirre y Hermelinda Holguín, el cine se convirtió rápidamente en un referente de la vida social y cultural del creciente pueblo.
Para comprender su relevancia, es necesario recordar el contexto local. Apenas en 1963 se había creado oficialmente el municipio, lo que impulsó nuevos servicios y mayor presencia institucional. El Instituto Nacional Indigenista había ya consolidado programas en educación, salud y justicia social, mientras que la actividad maderera —especialmente a través del aserradero Industrial González Ugarte— generaba movimiento económico, empleo y un sentido creciente de modernización. De esta forma, la población experimentaba un impulso demográfico y económico que también exigía espacios de recreación y sana convivencia.

En este ambiente prometedor, la familia Aguirre Holguín estableció un cine , que desde su apertura ofreció un ambiente accesible y adecuado para las familias. Las películas se seleccionaban con un riguroso cuidado moral, acorde con la época, pues al cine acudían niños, jóvenes y adultos por igual.
Uno de los momentos más esperados eran las famosas matinés de los domingos, cuando el cine se llenaba del bullicio propio de las familias que acudían para disfrutar una película. Estos espacios representaban un respiro para quienes trabajaban en los aserraderos o en las instituciones recién instaladas, y se convirtieron en parte entrañable de la memoria colectiva.
La experiencia cinematográfica en Guachochi tenía además características muy peculiares. En ocasiones, por las variaciones en la potencia eléctrica, las funciones debían suspenderse momentáneamente. Estos recesos programados —y a veces obligados— ocurrían cuando la luz bajaba, y era necesario “pedirle al señor de la planta hidroeléctrica otro ratito de potencia” para poder continuar la proyección. Lejos de molestar al público, estos momentos se vivían con paciencia, pues ofrecían una oportunidad perfecta para visitar la dulcería y degustar papas, palomitas, chocolates y refrescos embotellados en vidrio, elaborados en la cercana localidad de Agua Escondida.
El ambiente se animaba todavía más gracias a los altoparlantes instalados afuera del cine, desde los cuales se anunciaban las funciones, además y se reproducía música contemporánea , una camioneta recorría las calles del pueblo publicitando la cinta del día. En un tiempo en el que la televisión aún era un lujo y la radio dominaba el panorama mediático, esta estrategia daba vida al pueblo y convertía cada función en un pequeño acontecimiento.
Durante las décadas de 1960 y 1970, el Cine Variedades formó parte de la identidad guachochense. Fue un lugar donde se fortalecieron amistades, florecieron romances juveniles y se compartieron emociones comunes frente a la gran pantalla. Representó un punto de encuentro que ayudó a cohesionar a la comunidad en una época de profundos cambios y crecimiento.

Hoy, aunque el Cine Variedades dejó de funcionar hace años, su memoria continúa viva. Dos proyectores originales Holmes 35 mm modelo 1940,carteles publicitarios y otros elementos se conservan actualmente en el Museo Norawa de Guachochi, donde permanecen como testigos mudos de una etapa de convivencia, modernización y nostalgia. Para quienes vivieron esa época, estos objetos evocan no solo las películas proyectadas, sino también los valores, los encuentros y la vida cotidiana de un pueblo que encontró en el cine una ventana abierta al mundo.