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Análisislunes, 24 de marzo de 2025

Equilibrio de poderes o ninguneo

​No cabe otra explicación. O la ningunean o por fin se está visualizando un equilibrio de poderes. Ningunear, según la Real Academia Española de la Lengua, significa no hacerle caso a alguien, menospreciarlo, ser indiferente con él, en pocas palabras no respetarlo.

​Se supone, - se supone - que en un país democrático y pomposamente dominado por “el humanismo mexicano” concepto derivado de una ocurrencia de Andrés Manuel López Obrador, el poder se ejerce en forma tripartita.

​Ciertamente es lo ideal. Así no existe preminencia de uno sobre otro y se evitan los excesos, pero infortunadamente llevarlo a la práctica suele ser una tarea muy difícil y quizá en algunos casos imposible.

​En lo que lleva la señora Claudia Sheinbaum en el cargo de Presidente de la República, ha venido enfrentando muchos y muy diversos contratiempos y asedios.

​Una mala señal sin duda. Se ha venido corroborando la debilitación paulatina de la Presidencia al paso del tiempo.

​Cuando envió la Presidencia al Congreso su propuesta para la designación de la titular de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, se impuso la camarilla sobre la titular del ejecutivo federal.

​La camarilla es esa suerte de Club de Tobi que integran quienes fueron los que ambicionaban ocupar el cargo que dejaría vacío López Obrador: Adán Augusto López Manuel Velasco, Ricardo Monreal, Gerardo Fernández Noroña, Marcelo Ebrard y el operador Mario Delgado.

​La señora Claudia envió la propuesta para prohibir la reelección y el nepotismo y nuevamente la camarilla denegó la petición de la encargada del despacho en Palacio Nacional e impuso condiciones y le enmendó la plana.

​Trump suspendió los Aranceles y entonces la fiesta no tenía razón de ser; pero como de lo que se trataba era de no rectificar, se volvió a cambiar el propósito del acarreo y se dijo que se convocaba a respaldar la reforma judicial.

​Llegado el momento, nunca se habló de la reforma judicial, el discurso presidencial fue más de lo mismo; un refrito de los discursos desgastados y tediosos de su predecesor; pero falta el grand finale.

La camarilla fijó postura y se alineó con quien no debía? ¿equilibrio de poderes? ¿ninguneo? y la más difícil interrogante, ¿ Quién gobierna realmente este país? ¿ Claudia? ¿La camarilla? ¿Doña Claudia se convirtió de corcholata en florero?

Por el bien de nuestro país y de ella misma, Dios le conceda a Doña Claudia el talante necesario y siga el ejemplo de Lázaro Cárdenas, se sacuda a la camarilla, ponga orden en el país y nos diga quien manda aquí.

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