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Entre gritos de protesta e indignación, conatos de violencia y actos vandálicos, alrededor de 200 mil mujeres se movilizaron el pasado sábado por las calles de la Ciudad de México. Esta movilización tuvo lugar en el Día Internacional de la Mujer, que empezó a conmemorarse por mandato de la ONU en 1975.
En el marco de este día se realizan diferentes eventos para reflexionar en los progresos alcanzados por las mujeres en su valiente y ardua lucha. Las personas que siguen pensando que el 8 de marzo es un día de celebración y no de conmemoración, ocuparon la ocasión para felicitar a las mujeres.
El establecimiento del Día Internacional de la Mujer tiene como uno de sus primeros antecedentes la manifestación que cientos de mujeres llevaron a cabo en la ciudad de Nueva York, el 8 de marzo de 1857. Las manifestantes exigían condiciones laborales menos inhumanas, mejores salarios y jornadas laborales más cortas.
Esta histórica marcha, cuyo propósito original fue lograr la reducción de la brecha salarial entre hombres y mujeres, es ampliamente reconocida por haber inspirado la movilización de las mujeres en defensa de sus derechos. Actualmente, la lucha de éstas busca consolidar los avances alcanzados, y hacer valer su derecho a vivir una vida libre de violencia.
Clara Zetnik propuso en la II Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas, celebrada en Copenhague en 1910, que se estableciera un Día de la Mujer Trabajadora. Esta activista de origen judío e ideología comunista, que ha pasado a la historia por sus ideales en favor de la igualdad de los derechos de las mujeres, dedicó su vida a esta noble causa.
Este importante logro no impidió que tiempo después tuvieran lugar acontecimientos lamentables en agravio de las mujeres. Uno de ellos, el incendio ocurrido en 1911 en la fábrica Triangle Shirtwaist de Nueva York, en donde murieron más de ciento cuarenta personas, la mayoría de ellas mujeres migrantes que protestaban por las deplorables condiciones en las que laboraban.
Es obligado reconocer que las mujeres han logrado mucho en materia de derechos, igualdad y erradicación de violencia de género, pero no lo suficiente. Tenemos que reconocer que la deuda histórica con las mujeres y sus derechos aún persiste. Por ello, su lucha debe continuar sin contentarse con los logros obtenidos hasta el día de hoy.