De acuerdo con una nota de BBC News, el brazo internacional de la Corporación Británica de Radiodifusión, alrededor de 4 millones de mexicanos viven sin documentos en los Estados Unidos. A estas personas, así como a los millones de latinos que radican en el vecino país del norte en la misma condición, se les llama peyorativamente ilegales, un calificativo que se debería de evitar por el peso de discriminación que conlleva, y por estar asociado con una conducta criminal.
Los migrantes que viven en Estados Unidos, procedentes de casi todos los países de la tierra, buscan en esa nación mejores condiciones de vida. La mayor parte de las mujeres y hombres que migran se dirigen hacia el vecino país del norte por ser, desde el siglo XIX, la economía más próspera y dinámica del mundo.
De acuerdo con la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), que es la principal organización intergubernamental en el ámbito de la migración, las causas por las que se emigra a Estados Unidos y otros países del mundo son: “El despojo económico, la falta de acceso a la educación y el empleo, la violencia y otros factores estructurales y personales…”.
El objetivo de lograr el sueño americano se ha convertido para miles de migrantes que entran de manera ilegal a suelo estadounidense en una verdadera pesadilla. Las medidas represivas en contra de ellos no son nuevas, pero con el paso del tiempo se promulgan leyes cada vez más severas.
Me refiero a leyes draconianas que pasan por encima de la dignidad humana, y que desde hace décadas criminalizan la migración debido a la discriminación, prejuicios y actitudes xenófobas de los estadounidenses partidarios de la violencia contra la inmigración irregular.
Sé bien que el país les pertenece y están en todo su derecho de protegerlo de lo que representa a su juicio una amenaza para su seguridad y economía. Nadie critica el hecho de que en Estados Unidos se hayan sentado las bases para el control migratorio y la deportación de millones de migrantes. Lo que no se vale es la forma inhumana que emplean algunos agentes fronterizos en las redadas y a la hora de deportar a los latinos a sus países de origen, algunos de ellos esposados y encadenados.
Habrá que recordarle a las personas que proceden de esta manera que todos los migrantes, en virtud de su humanidad, tienen derecho a recibir un trato digno y humano.
La parte positiva de lo que le ocurre actualmente a los migrantes es que los gobiernos de los países expulsores de migrantes tendrán que trabajar más y mejor para crear mejores oportunidades de empleo. Asimismo, las personas que viven circunstancias de violencia insoportables en sus países, deben dirigir su mirada ya no tanto hacia el norte, sino hacia otros países que les garantice una inserción laboral exitosa.