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Análisisviernes, 20 de febrero de 2026

Reforma electoral: ¿prioridad nacional o distracción política?

En política, el momento lo es todo. Y hoy México enfrenta demasiadas urgencias como para abrir, sin consensos amplios, una reforma electoral que inevitablemente profundizará la polarización.

A simple vista, la narrativa puede sonar atractiva: menos gasto, menos legisladores, “más eficiencia”. Pero la democracia no es un asunto contable. Es un sistema de equilibrios.

Más delicado aún es el planteamiento de reducir consejerías y presupuesto al Instituto Nacional Electoral. En un país donde las elecciones han sido fruto de décadas de lucha ciudadana, debilitar al árbitro no fortalece la democracia; la expone.

¿Es este el instante para abrir un frente político-electoral?

Las reformas estructurales en materia democrática requieren amplios consensos. Cuando se perciben como imposiciones, no consolidan instituciones: las fracturan.

México necesita unidad para enfrentar sus retos más urgentes. Apostar hoy por una reforma electoral sin acuerdos sólidos puede interpretarse como una estrategia de concentración de poder, no como un ejercicio de fortalecimiento democrático.

La democracia no se debilita por el exceso de voces, sino por su ausencia.

Si de verdad queremos transformar el sistema electoral, hagámoslo con diálogo, con técnica y con visión de Estado. Lo contrario no será reforma; será confrontación.

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