El agua que llega a la Zona Metropolitana desde Chapala y Calderón va contaminada
Alertan riesgo sanitario y colapso del sistema
Víctor Chávez
Esto, además de que en el trayecto de las plantas tratadoras —ya rebasadas— hacia los hogares, se encuentra con tuberías que tienen de 30 a 70 años de antigüedad, que además algunas presentan fisuras y otras son contaminadas al hacer contacto con el drenaje.
El maestro Eduardo Juárez Carrillo, director del Instituto de Limnología y Sustentabilidad del CUCBA,
“Al menos 150 colonias de la ciudad reciben agua que podría comprometer de manera grave su salud”, advirtió.
Chapala y Calderón: agua contaminada desde el origen
La doctora Aida Alejandra Guerrero de León explicó que esta situación ya se refleja directamente en los hogares:
“Encontramos microbiota como algas, restos vegetales y organismos que no deberían estar presentes en agua potable”, señaló.
La presencia de estos elementos, agregó, es evidencia clara de que el agua no está siendo clorada ni tratada correctamente, lo que abre la puerta a riesgos sanitarios mayores.
Agua “con vida”: señal de falla total en potabilización
Entre los hallazgos más alarmantes está la detección de rotíferos, anélidos e incluso macroinvertebrados en el agua distribuida, organismos que solo pueden sobrevivir si el proceso de desinfección falla.
“Esto es inaceptable… estos organismos no pueden estar presentes en agua potable”, subrayó Guerrero de León.
Además, se alertó sobre la posible presencia de parásitos como Giardia lamblia y toxinas derivadas de algas, lo que podría traducirse en enfermedades gastrointestinales, problemas en la piel y otros padecimientos.
La infección por Giardia es una infección intestinal caracterizada por cólicos estomacales, hinchazón, náuseas y episodios de diarrea acuosa.
Plantas rebasadas y sistema incapaz de limpiar el agua
El problema no termina en las fuentes. La doctora Alicia Torres Rodríguez explicó que las plantas potabilizadoras de la ciudad no tienen la capacidad técnica para tratar el nivel de contaminación con el que llega el agua.
“Tenemos fuentes de abastecimiento contaminadas: el lago de Chapala, el río Santiago y la presa Calderón”, afirmó.
A esto se suma que el agua llega a las plantas mezclada con descargas de canales contaminados, lo que rebasa los sistemas de depuración.
En concreto, se menciona la planta potabilizadora de Miravalle, que recibe agua de Chapala.
Red colapsada: el problema se agrava en el camino
Aunque el agua lograra tratarse parcialmente, el sistema de distribución termina por deteriorarla aún más.
El doctor José Arturo Gleason Espíndola explicó que Guadalajara opera con una red hidráulica con hasta 70 años de antigüedad, con fugas, fracturas e infiltraciones.
“Ya es evidente que hay fuentes contaminadas… el agua de Chapala está contaminada”, advirtió.
Esta infraestructura permite la entrada de aguas negras a la red potable, especialmente cuando hay baja presión, lo que agrava la contaminación.
Además, cerca del 50% del agua tratada se pierde en fugas, lo que refleja no solo ineficiencia, sino un sistema al borde del colapso.
Crisis silenciosa y sin alerta sanitaria
Pese a la magnitud del problema, los especialistas cuestionaron la falta de comunicación oficial y de medidas preventivas.
Señalaron que no se ha emitido una alerta sanitaria clara, a pesar de que la calidad del agua no cumple con parámetros básicos y ya existen miles de reportes ciudadanos por olor, color y apariencia.
El riesgo, advirtieron, no se limita a consumir el agua. Bañarse, lavar alimentos o utilizarla en actividades domésticas también puede tener consecuencias, desde irritaciones hasta enfermedades.
Un modelo insostenible
El diagnóstico presentado por la Universidad de Guadalajara apunta a una crisis estructural: Guadalajara se abastece de agua contaminada, no la trata adecuadamente y la distribuye en una red colapsada.
Para los especialistas, insistir en soluciones como nuevos acueductos sin resolver estos problemas de fondo solo agravará la situación.
El trasfondo es aún más preocupante: la ciudad podría estar entrando en un escenario de “bancarrota hídrica” —como lo afirmó Gleason—, donde ya no hay suficiente agua limpia disponible para garantizar el derecho básico al acceso seguro.

























