Se estima que existen desde hace más de 110 millones de años, antes que los dinosaurios.
La temperatura es el factor clave ya que por lo general a temperaturas más bajas se producen machos y temperaturas más altas producen hembras.
En el periodo de incubación la temperatura tiene un impacto crucial durante un período sensible, normalmente en el tercio medio de la incubación.
Algunas especies, como la tortuga mordedora, tienen un patrón diferente. A temperaturas frías o muy cálidas, producen hembras, mientras que las temperaturas intermedias resultan en machos.
El cambio climático representa una amenaza para el equilibrio de las poblaciones de tortugas, ya que el aumento de las temperaturas podría resultar en la eclosión de una cantidad desproporcionada de hembras en muchas especies, lo que afectaría negativamente a la reproducción futura.
Las tortugas marinas son reptiles ancestrales que existen desde la época de los dinosaurios, comparten una dieta basada en medusas y su caparazón forma parte de su esqueleto.
Se guían por el campo magnético terrestre y para reproducirse las hembras deben salir a tierra firme para poner huevos en la arena.
Su caparazón es más de 50 huesos fusionados incluyendo la columna vertebral y las costillas, están fusionados para formar su caparazón, no es una estructura separada.
A pesar de ser reptiles pueden permanecer bajo el agua durante largos periodos de tiempo, llegando a dormir en el fondo del mar.
Son una especie juguetona. Las tortugas carey son conocidas por su carácter juguetón y curioso, a menudo se acercan a los buceadores para observarlos.